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martes, 13 de diciembre de 2016

Alcasseriana - Escena 1 de 3


ESCENA 1 - ALCASSERIANA

Escenario a oscuras, se escucha el latido de un corazón, crescendo, no aumenta el ritmo, sólo el volumen.

Se enciende progresivamente una luz lateral, cálida, ilumina –creando un perfecto claroscuro– tres figuras. Tres mujeres jóvenes vestidas con abrigos largos, negros, sin abrochar, piel pálida, bajo los abrigos una prenda larga, blanca, hasta los tobillos, quizás un camisón, quizás un vestido. Descalzas.

La luz mengua, el escenario vuelve a la oscuridad. Cesa el latido.


Tres fuentes de luz vuelven a aparecer, como luciérnagas enormes, no prenden al mismo tiempo, titilan, luz trémula de faroles, cada una de las mujeres lleva uno sujeto de una argolla con las dos manos, lo sostienen bajo. Cuando la luz se estabiliza hay suficiente para iluminar sus figuras, poco más que un ambiente tenebrista. Mantienen la cabeza baja.

Se oye agua fluir a los lejos, también un goteo, como de caverna.


M: (a la izquierda, levanta la cabeza y mira al frente) Lo dijimos claramente, nos postramos debidamente, sucumbimos al temblor, con voz alta y clara de cadalso os juramos obediencia.

T y D: (antes de que M termine, levantan la cabeza y dirigen la mirada hacia ella, repiten y susurran al mismo tiempo, a modo de coro) Con voz alta y clara de cadalso.

M: Ahora somos toda la carne muerta, somos las cuatro manchas en las cuatro paredes del altar Levítico, somos el vapor impuro de todas las mujeres encerradas en el establo, las menstruantes, las que cabalgan dragones de siete cabezas, los ríos contaminados y las siete plagas, las concubinas de los ángeles de la muerte.

D: (figura central) Concubinas de los ángeles de la muerte. Veo tus ojos en blanco tras las gafas de sol, veo tu boca retorcerse, veo flujo de saliva que gotea sobre nuestras oscilantes coronillas (chorrea un líquido espeso y negro sobre ella, claramente visible sobre la ropa clara y la piel lívida. Levanta el rostro y recibe la lluvia negra con expresión satisfecha), escucho como gruñes, escucho como gruñes.

T y M: (repiten susurrando y sonriendo, ligeramente desacompasadas) escuchamos cómo gruñes.

T: (Camina hasta el borde del escenario, sus pasos suenan húmedos, el suelo está mojado, habla con dulzura, con infantilismo impostado y falsa inocencia) Me gustaría hablar de la inocencia, de la santidad, de la inmaculada muerte, de cómo se alcanza la virtud a través de la inmolación, está escrito en todas partes, sobre todo lo que os importa, en todo lo que os inspira para desarrollar liturgias de sometimiento. La comunión del colmillo y la piel. ¿Qué es un clavo atravesando un antebrazo? ¿Qué es un clavo herrumbroso atravesando un pie? ¿Qué una corona de espinos hundiéndose en la frente de un loco?
Un colmillo artificial del dios máquina triunfando sobre el dios carne. Sabemos sangrar.
Nosotras siempre hemos sabido sangrar.

Las tres: (en voz alta, ligeramente desacompasadas, pronunciando con mucho cuidado, lentamente, cada una en un tono distinto) Nosotras siempre hemos sabido sangrar.

Apagan los faroles, efecto de viento ululando, escenario a oscuras.




Las dos escenas que completan la pieza y otras doce obras,