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sábado, 22 de octubre de 2016

Negan


Da lo mismo si os gusta la serie u os parece un bodrio insufrible. En el último capítulo de la sexta temporada de The Walking Dead, aparte de producirse uno de los cliffhangers más bestias de la historia de la televisión, que ha dejado al fandom zombi casi un año con las uñas clavadas en los brazos del sillón, entra en escena un personaje clave en la trama, quienes conozcan el cómic estarán de acuerdo conmigo en que el nombre de Negan es sinónimo de cosas que escuecen.
Este personaje, interpretado por Jeffrey Dean Morgan, tiene una de las presentaciones más apabullantes de la historia de la ficción televisiva, a través de un monólogo de diez minutos que empieza y termina siendo una exhibición actoral de ovación y siete glorias.
Y ahí es donde iba, si un actor o una actriz sabe lo que se hace, no necesita calzarse enaguas isabelinas para hacer un trabajo memorable. Este es el ejemplo perfecto, un producto mainstream más o menos acertado que abre una ventana a la interpretación majestuosa, diez minutos -no necesita ni uno más- en los que Morgan nos presenta a un Negan imponente, violento, grosero, socarrón, amenazante y con mucho encanto. La excusa definitiva para ver la séptima temporada, necesito comprobar hasta dónde lo lleva este actor estratosférico.
Por eso no cierro los ojos jamás, por eso nunca me tapo los oídos, la emoción puede sorprenderte en cualquier parte, y casi nunca donde te la esperas.

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