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lunes, 24 de agosto de 2015

El del Medio de Los Panero.

Hace casi un año Gsús Bonilla me ofreció colaborar con un texto breve en su libro:
"El del Medio de los Panero. Las Apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero".

Dejo mi pieza completa y recomiendo encarecidamente el libro, una suerte de misterio religioso bufo y contaminado, con Gsús Bonilla como místico y Panero como Espíritu Santo.








El emperador desnudo y el coro de leprosos

Cada año, durante la Feria del Libro de Madrid, intercambiaba unas palabras con Leopoldo María Panero, generalmente yo le hacía la pelota de un modo inmisericorde y él me respondía citando a Mallarmé en portugués. Le dije mi nombre tantas veces como libros me firmó y jamás se lo aprendió, si le llevaba dos ejemplares, dos veces me preguntaba, año tras año.
Le vi perder dientes, pelo, caligrafía y voz, tragar refresco de cola hasta ahogarse, mear y cagar delante de niños pequeños en pleno paseo de coches, fumar con glotonería y escupir con generosidad. A veces reía, a veces lloraba, nunca fui capaz de distinguirlo. Señalaba a editores y distribuidores que pasaban por allí y les acusaba –para eso sí, voz alta y clara– de deberle dinero –probablemente era verdad–. Su imagen era una materialización perfecta y mediocre del infierno, sin efectos especiales, el malditismo, de cerca apesta, os lo prometo, quien afirme lo contrario sólo hace mala literatura.
Un hombre que frecuentaba la librería en la que yo trabajaba contó una anécdota a mi compañera: conoció a Panero en París, en los setenta, tras una noche de molinos rojos y Montmartres, compraron unos croissants y se sentaron a ver amanecer sobre los campos elíseos, los servicios de limpieza parisinos arreaban manguerazos a las calles, Leopoldo María se levantó del banco croissant en mano, se agachó, empapó el bollo en las aguas fecales, gritó: “¡voy a comerme la esencia de París!” y procedió a ello con gesto exagerado y sonrisa negra.
Ingenuo, histrión, autoconsciente de su leyenda, falso y auténtico, egocéntrico y brillante. Un troyano adolescente tras las murallas de una vida adulta, niño bien que presumía de correazos con demasiada querencia al dramatismo.
Un tipo en apariencia despreciable cuyos poemas soy incapaz de sacar de mi imaginario personal, unas letras que conservan –dos décadas después de ser leídas– toda su exuberancia diabólica y sucia, todo su virtuosismo levítico, todo su fuego.
Décadas de tierra sobre su obra, ese enterramiento en vida al que el escritor fue sometido, lo hacen completamente nuestro, somos un coro de leprosas mendigando a los nobles dinero o atención a la salida del oficio, mendigando derrota en todo caso. Él fue el primero de esta romería macabra y humillada.
Cuando todo acabe, las miserables nos miraremos a las cuencas vacías y veremos si la muerte, recurrente y victoriosa en sus poemas, merecía tanta tinta, tanta impostura y tanto escándalo.

lunes, 10 de agosto de 2015

Sarah Kane y las encías de Antonin Artaud. El Estado Mental



“Un instante de claridad antes de la eternidad, que no se me olvide”
Sarah Kane


Si, como Artaud pensaba, los sueños, para ser libres, para ser reconocidos como verdaderos sueños, han de estar impregnados de crueldad y horror, si la verdadera sensación es una mordedura venenosa, el teatro de Sarah Kane es el templo definitivo de la confrontación con todo lo que nos hace animales sensibles y temerosos. Una mujer corriendo bajo una tormenta, una mujer gritando, una mujer que no mira atrás, una escritora al encuentro de la muerte sin vacilaciones, que deja poderosas huellas en un fango que acabará por tragársela viva.

Tadeus Kantor, el nexo corrupto entre la crueldad desdentada de Antonin Artaud y la tristeza feroz de Sarah Kane, concebía a sus personajes como retales mal cosidos que debía remendar una y otra vez, llenos de desgarros, de grietas, almas deshilachadas ante el espectador a punto de desmoronarse, en algún punto muertos y aun así ocupando, enderezados, su lugar entre los vivos. Ese constructo fragmentado, en Sarah Kane, se extiende a la realidad completa, la vida como un cristal que ha sido quebrado y recompuesto demasiadas veces, las esquirlas más pequeñas se clavan una y otra vez en la carne de quien trata de unir los pedazos, enfrentarse a su teatro, a su dialéctica confesional, derramará sangre de un modo u otro.

[...]

Puedes leer el texto completo en el dietario de El Estado Mental.

                                                                 

martes, 4 de agosto de 2015

Levantando el sombrero XLVIII



"Entonces alcé el vuelo desde las cavernas de mi juventud
calzado con sandalias de fuego
hacia la estrella polar de mi deseo
como una polilla aturdida cuyo vuelo 
parece hoja muerta bajo luz umbría"

Percy B. Shelley, 
223 años después de su muerte.

Tras los pasos de Juana de Arco (Sincronías III)



Levítico y deformidad.

21:16 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 
21:17 Habla a Aarón y dile: ninguno de tus descendientes por sus generaciones, que tenga algún defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios. 
21:18 Porque ningún varón en el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado, 
21:19 o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano, 
21:20 o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo magullado. 
21:21 Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová. Hay defecto en él; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios. 
21:22 Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer. 
21:23 Pero no se acercará tras el velo, ni se acercará al altar, por cuanto hay defecto en él; para que no profane mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico. 
21:24 Y Moisés habló esto a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel.