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martes, 28 de abril de 2015

Baltimore


Me pone la nación negra quemando cosas, me traen recuerdos maravillosos de cosas que no he vivido, boinas negras y guantes de cuero, he idealizado el conflicto, vosotros tenéis otra mitología, esta es la mía, o una parte de ella.
La violencia, por ejemplo, está en el proceder de las check cashing stores, lugares donde pueden cobrar sus cheques personas que no tienen cuenta bancaria previo pago de una comisión abusiva -toda comisión es un abuso intolerable-.
Violencia, es la "recomendación" del primero dispara y después pregunta de la policía norteamericana, violencia es que eso sea una orden, un dogma, si el objetivo es un negro.
Violencia es la negación estructural de unas condiciones de vida digna a una parte de la población, violencia es el hambre y la enfermedad, violencia es la segregación de facto, violencia es el trato que el capitalismo dispensa a los miserables, el disturbio, no lo es, es un intento de corrección, es orgullo desnudo, es pura comprensión de la situación, es un momento perfecto de liberación. Claro que es desesperado, claro que no hay un plan, claro que hay ceguera, pero es un conflicto en el corazón del imperio, Fuego y soul.
Encerráis a un grupo de panteras en un guetto, las apaleáis, las matáis de hambre, golpeáis los barrotes de sus jaulas y esperáis que no estalle en la cara, ahora os jodéis, ahora están bailando en las puertas de vuestras putas casas. Los fuegos de hoy, son los cantos espirituales de ayer.
Como escribió Oscar Zeta Acosta, "el cóctel molotov es el napalm del pueblo"
¿Tú de qué lado estás? si tienes que explicarte, si dudas, si matizas, si no lo entiendes a la primera, no me dirijas la palabra.
Esto es más que justicia, es amor.

https://www.youtube.com/watch?v=CdvITn5cAVc

jueves, 16 de abril de 2015

Niño gitano con cacique al fondo


Terraza en el centro de Madrid, restaurante que pretende ser elegante, falsa clase, clientes con ropa cara pero mal elegida, rayos UVA, un caos de texturas. Un crío gitano, del este, merodea las mesas, la clientela le observa como quien mira a un perro famélico desde un caballo, con desdén y repugnancia. Aparece el dueño del local, sé que es él porque le conozco, definición perfecta del viejo empresario de hostelería, esclavista, engominado, obeso, y con rizos en la nuca, alterna con sus clientes, invita a algún que otro gintonic, sus empleados le llaman Don [inserte nombre], la audacia alcohólica le empuja a la verborrea machista, fascista y autocomplaciente, se cree el rey del mundo, lo tiene todo bajo control.
El niño gitano se acerca un poco más a las mesas, El Don se da cuenta y da un par de pasos hacia el chaval, chasquea los dedos: "¡venga lárgate!, ¡vamos!", llega a empujarle. De repente el crío (no tendrá más de diez años) se revuelve como un animal rabioso, empuja al patrón, grita, pronuncia en perfecto español -con un acento rumano muy marcado-: "¡¡No me toques hijo de puta!! ¡¡No me toques que te mato, corto cuello, corto cuello!!" Está completamente fuera de quicio, su rabia parece real, tiene espuma en las comisuras de los labios, vocea como un salvaje, tiene el lenguaje corporal de un pequeño chacal. Recordad, ayer, el gesto cagón de Draghi, multiplicadlo por 10, quitadle el color de la cara, haced que retroceda, haced que enmudezca. El triunfador, el gran hombre, el empresario, el cacique, desmoronado ante la presencia de un gitanillo vesánico, de repente no tiene todo bajo control, de repente la posibilidad de un navajazo en las tripas es un futuro posible e inmediato, incapaz de gestionar lo salvaje, tiene -inequivocamente- miedo. Y Mucho.
Son los camareros, sudamericanos y eslavos, quienes echan al niño de allí. El gran hombre se sienta, le ponen una copa, enciende un purito, todo en silencio, tarda un par de canciones de mi mp3 en recuperar el color, sólo hace falta la cólera de un crío forjado en la miseria y carente de nuestras coreografías cobardes, las fauces de un pequeño diablo ácrata e histérico para bajar de la montura al bastardo.
Darwin masturbándose
y yo quiero abrazar al niño y darle mis últimos 11 pavos.
Toma self-made man y cháchara liberal. Toma meritocracia.

Dicho necrófero: uno es dueño de lo que mata.

Imaginad que pasaría si...

jueves, 2 de abril de 2015

Semana Santa


Toda liturgia me interesa, todo fanatismo llevado al terreno de lo performativo. La idolatría, el fetiche, la alucinación colectiva. Decía Artaud que la multitud sabe de desastres, conoce la verdad de la muerte, y sale a la calle a buscarla. Tadeusz Kantor afirmaba que tras el cataclismo y según su idea del teatro, los muertos se levantarán de entre los muertos y desempeñarán sus papeles como si nada.
Lo grotesco enfrentado a lo sublime, Eros y Tánatos manifestándose en las calles de tu pueblo, en la puerta de tu casa, más reales que todas las fantasías que tendrás en la vida. Mira al pobre diablo desdentado creyendo encontrarse con una deidad entronizada que le es esquiva, y adorándola a pesar de todo, mira y envidia su suerte, ¡despierta a Caín! La semana santa llevada al paroxismo puede disfrutarse como una obra de Alfred Kubin, algo oscuro, expresivo y claustrofóbico, algo como encontrarte con la muerte saludándote gentil desde la acera de enfrente y desvaneciéndose.
Os animo a bailar como ratas tras el flautista, como Karen, envejeciendo y pudriéndose dentro de sus endemoniados zapatos rojos, a salir de romería al encuentro del maestro de marionetas, condenados a bailar y procesionar, a perder el control por mor de un bien mayor, la vida jamás será tan lisa y exenta de obstáculos como se percibe bajo la ebriedad del ceremonial, con todo su amor y toda su rabia, disfrutad de la ceguera momentánea y tranquilizadora del éxtasis
Poco importa la fe, que el abandono y la monstruosidad culto nos arrastre a todos, quizás nos encontremos con la revelación al final, o quizás -en el peor de los casos- no suceda nada.