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jueves, 30 de julio de 2015

Tras los pasos de Juana de Arco (Sincronías, II)







El 15 de Mayo de 1916, en Waco, Texas, Jesse Washington, un hombre negro de 18 años,
trabajador del campo, analfabeto y con dificultades cognitivas, fue linchado por una turba furiosa de hombres blancos tras un juicio público de apenas una hora. Jesse, interrogatorio y tortura mediante, confesó la violación y asesinato de Lucy Fryer, la mujer para la que trabajaba, numerosos testigos afirmaron haberle visto merodeando cerca del escenario del crimen en horas coincidentes con las estimadas por los médicos como las de la muerte de la Sra Fryer.
Desde el arresto hasta el juicio, con la colaboración minuciosa de la prensa sensacionalista, los testimonios crecieron y se volvieron más precisos, transcurridos un par de días, hubo testigos que aseguraban haber visto a Jesse martillo chorreante en mano (arma homicida confirmada por investigadores y contada detalladamente por los medios), alrededor de la granja de los Fryer.
Finalizado el juicio -con sentencia capital pronunciada-, la turba arrebató a Jesse de la custodia del sheriff del condado de McLennan cuando era trasladado a su celda, le pusieron un grillete en el cuello y le arrastraron por las calles de Waco hasta la puerta del Ayuntamiento, donde un árbol le esperaba. Encendieron una hoguera y le colgaron sobre ella, previa castración y amputación de los dedos de las manos, durante dos horas subieron y bajaron su cuerpo para segurar una calcinación lenta y dolorosa, se organizó una fiesta alrededor, acudieron niños agarrados de las manos de sus madres y padres, una vez metida en faena, la masa aumentó su atrevimiento exponencialmente, cuentan que los participantes proponían a gritos histéricos ocurrentes suplicios y se celebraban las más osadas propuestas con carcajadas y aplausos, también se relevaban unos a otros con ansia cuando las fuerzas fallaban en el esforzado trabajo de izar una y otra vez la figura desmoronada del reo, un fotógrafo profesional captó los mejores momentos, no quedó un habitante de Waco sin su foto junto al martirio.
Consumada la liturgia, el cuerpo negro, seco y mutilado de Jesse fue troceado y repartido en fragmentos muy pequeños a la concurrencia a modo de souvenir o de reliquia.

Este hecho aún se conoce como el "Linchamiento de Waco"

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