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jueves, 2 de abril de 2015

Semana Santa


Toda liturgia me interesa, todo fanatismo llevado al terreno de lo performativo. La idolatría, el fetiche, la alucinación colectiva. Decía Artaud que la multitud sabe de desastres, conoce la verdad de la muerte, y sale a la calle a buscarla. Tadeusz Kantor afirmaba que tras el cataclismo y según su idea del teatro, los muertos se levantarán de entre los muertos y desempeñarán sus papeles como si nada.
Lo grotesco enfrentado a lo sublime, Eros y Tánatos manifestándose en las calles de tu pueblo, en la puerta de tu casa, más reales que todas las fantasías que tendrás en la vida. Mira al pobre diablo desdentado creyendo encontrarse con una deidad entronizada que le es esquiva, y adorándola a pesar de todo, mira y envidia su suerte, ¡despierta a Caín! La semana santa llevada al paroxismo puede disfrutarse como una obra de Alfred Kubin, algo oscuro, expresivo y claustrofóbico, algo como encontrarte con la muerte saludándote gentil desde la acera de enfrente y desvaneciéndose.
Os animo a bailar como ratas tras el flautista, como Karen, envejeciendo y pudriéndose dentro de sus endemoniados zapatos rojos, a salir de romería al encuentro del maestro de marionetas, condenados a bailar y procesionar, a perder el control por mor de un bien mayor, la vida jamás será tan lisa y exenta de obstáculos como se percibe bajo la ebriedad del ceremonial, con todo su amor y toda su rabia, disfrutad de la ceguera momentánea y tranquilizadora del éxtasis
Poco importa la fe, que el abandono y la monstruosidad culto nos arrastre a todos, quizás nos encontremos con la revelación al final, o quizás -en el peor de los casos- no suceda nada.

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