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jueves, 16 de abril de 2015

Niño gitano con cacique al fondo


Terraza en el centro de Madrid, restaurante que pretende ser elegante, falsa clase, clientes con ropa cara pero mal elegida, rayos UVA, un caos de texturas. Un crío gitano, del este, merodea las mesas, la clientela le observa como quien mira a un perro famélico desde un caballo, con desdén y repugnancia. Aparece el dueño del local, sé que es él porque le conozco, definición perfecta del viejo empresario de hostelería, esclavista, engominado, obeso, y con rizos en la nuca, alterna con sus clientes, invita a algún que otro gintonic, sus empleados le llaman Don [inserte nombre], la audacia alcohólica le empuja a la verborrea machista, fascista y autocomplaciente, se cree el rey del mundo, lo tiene todo bajo control.
El niño gitano se acerca un poco más a las mesas, El Don se da cuenta y da un par de pasos hacia el chaval, chasquea los dedos: "¡venga lárgate!, ¡vamos!", llega a empujarle. De repente el crío (no tendrá más de diez años) se revuelve como un animal rabioso, empuja al patrón, grita, pronuncia en perfecto español -con un acento rumano muy marcado-: "¡¡No me toques hijo de puta!! ¡¡No me toques que te mato, corto cuello, corto cuello!!" Está completamente fuera de quicio, su rabia parece real, tiene espuma en las comisuras de los labios, vocea como un salvaje, tiene el lenguaje corporal de un pequeño chacal. Recordad, ayer, el gesto cagón de Draghi, multiplicadlo por 10, quitadle el color de la cara, haced que retroceda, haced que enmudezca. El triunfador, el gran hombre, el empresario, el cacique, desmoronado ante la presencia de un gitanillo vesánico, de repente no tiene todo bajo control, de repente la posibilidad de un navajazo en las tripas es un futuro posible e inmediato, incapaz de gestionar lo salvaje, tiene -inequivocamente- miedo. Y Mucho.
Son los camareros, sudamericanos y eslavos, quienes echan al niño de allí. El gran hombre se sienta, le ponen una copa, enciende un purito, todo en silencio, tarda un par de canciones de mi mp3 en recuperar el color, sólo hace falta la cólera de un crío forjado en la miseria y carente de nuestras coreografías cobardes, las fauces de un pequeño diablo ácrata e histérico para bajar de la montura al bastardo.
Darwin masturbándose
y yo quiero abrazar al niño y darle mis últimos 11 pavos.
Toma self-made man y cháchara liberal. Toma meritocracia.

Dicho necrófero: uno es dueño de lo que mata.

Imaginad que pasaría si...

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