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lunes, 30 de marzo de 2015

Proyecto Q

 
Heather Cassils en el Birmingham’s Fierce festival
Fotografía: Ronald Feldman Fine Art/Heather Cassils and Manuel Vason


El espejo como diagnóstico médico terminal no admite canciones, tampoco es momento de provocar a las furias tocando la lira, ni de esperar el despedazamiento esnifando cocaína y bebiendo alcohol caro, ya no. Contra mi designación de esclavo opongo a la puta barata pasada de testosterna que me anima a levantarme por las mañanas llamándome por mi nombre, dominándome, como a Rumpelstinkin. Cualquier día me corto la polla con la maquinilla de afeitar y mato dos pájaros de un tiro, haciendo de la necesidad virtud, obligando a cada uno de vosotros a mirar por el agujero hasta que vomitéis. Gracias por la neurodivergencia, por los terrores nocturnos, por el tartamudeo, por la vergüenza, por un futuro con los dientes podridos y la garganta calcinada, por la obesidad y la alopecia, por la eterna adolescencia, por ver un patio de colegio en cada plaza pública. Hasta que chupar pollas en un cuarto oscuro no sea considerado materia obligatoria en secundaria, no contéis conmigo, hasta que a Miss Venezuela no le falte una pierna, no me fiaré de vosotros, hasta que no vea una dominatrix en cada aula dibujando dildos de colores en la pizarra seguiré deseando las siete plagas a este mundo.
Mi bandera es piel manchada por el sarcoma de Kaposi, porto el sistro, el tridente, la letra escarlata, el triángulo rosa, el sambenito y el capirote. Creo en la liturgia de la autolesión, en los estigmas autoinflingidos, en el valor perfecto de los suicidas y en la ética de las máquinas. Mi cuerpo no es un locus, nada que interpretar, soy un incendio, una aleación tóxica, un dispositivo terrorista y malsano desactivado por los mecanismos tramposos de la autoestima.
Puedo seguir vuestro rastro de monedas y desdén, de grasa y llantos infantiles. Puedo seguir la senda opuesta. Soy el signo de interrogación en la mesa del burócrata, la nada, la inexistencia, la precariedad, el descarte, el sobrante, la improductividad, un erial sistémico, una lengua muerta, una errata en el título, una mancha indisimulable.
Abjuro de la pornoburocracia capitalista y del monstruo cartesiano en que habéis convertido el mundo. Seré fuerte en mi deformidad, seré fuerte en mi cobardía, seré fuerte en mi herejía semántica, encontraré el modo de volver a dormir a pierna suelta, rezaré a Adrienne Rich y a John Waters, contaré lobos saltando una cerca, alcanzaré la santidad para reírme de vosotros, para odiaros, para perdonaros, para abrir mis brazos –finalmente- como una madre fea y cruel entre las nubes. 

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