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viernes, 27 de junio de 2014

Hoy en Madrid. Presentación.


A las 19:00 hrs, en la librería Antonio Machado de CBA.
Layla Martínez y yo acompañamos a
Francisco Jota-Pérez en la presentación de su última novela:
Aceldama, publicada por Ed. Origami.

"Aceldama concebido como un libro no para contar una historia,
sino para generar efectos en los que lo leen.
Aceldama como un dispositivo de autohipnosis.
Aceldama como una sustancia psicoactiva.
Aceldama como un artefacto dirigido a la programación neurolingüística de los lectores.
 Aceldama como una trampa."

Texto de Layla Martínez extraído de aquí




miércoles, 25 de junio de 2014

Levantando el sombrero XLV


La tarde que compartí junto a Ana María Matute llovió como llueve en los cuentos,
con todo el aparato de truenos y relámpagos,
con todo el despliegue de viento huracanado, hojarasca y barro.

Fue amable y dulce, de expresión sencilla, ademán infantil y risa de árbol viejo. 
Le gustaron mis tatuajes
-incluso me preguntó, mientras le acariciaba el hocico,
si el dragón rojo que llevo en el hombro izquierdo tenía nombre-.
Me contó muchas cosas personales (testimonio vital que guardo como un tesoro),
yo le conté -entre otras particularidades, por aquello del quid pro quo-
que siempre que dejo crecer mi vello facial significa que estoy triste y que quiero esconderme,
cosa que entendió con naturalidad pero que le hizo gracia.
Compartimos tartamudez en la infancia y una creencia irrenunciable en la belleza de la edad media.
Me confirmó su encuentro con el diablo mientras leía en el bosque y la envidié por ello.
Me emocionó sobremanera el cariñoso trato que le dio a mi hermana María
-que lloraba a cántaros, emocionada ante su presencia-.
Cuando supo que me dedicaba a la literatura me exigió encono en el trabajo,
constancia en la escritura, esfuerzo diario, y lectura compulsiva,
"ese es el único secreto", me aseguró vehemente.

Me abrazó muy fuerte desde su aparente fragilidad y me firmó un par de libros para despedirse.

La he leído toda mi vida.
He aprendido de su mesura expresiva, de su lírica transparente,
de su paciencia narrativa y de su delicado uso del idioma.
Una escritora gigante, que se atrevió a escupir al rostro del fascismo a lomos de un corcel alado
-un fascismo que casi acaba con ella-.
Una mujer insuperable. Fuerte. Valiente.
Ha supuesto, para mí, a lo largo de los años, el anclaje necesario a las nubes,
la dosis imprescindible de magia para no perder la cabeza, para no ahogarme en el asfalto.

Y por muy manido que esté, sí, maldita sea, se nos ha ido el hada madrina.

Yo, criatura del norte, te prometo Ana María, te doy mi palabra:
jamás dejaré de buscar el Sur.
Gracias.

"El ser humano no ha evolucionado tanto.
Ha evolucionado la tecnología, pero el hombre sigue llorando como en la Edad Media,
sigue odiando, sufriendo y muriendo de amor como Aranmanoth.
Han cambiado las formas externas del amor.
Los chicos de ahora no aman de la misma manera que Romeo y Julieta,
pero el sentimiento de quien ama de veras es el mismo"

lunes, 23 de junio de 2014

Estrofas tristes para danzar.



Así que has elegido orbitar en torno a mí y abrirme la piel a latigazos
para revelar los pocos secretos que me quedan.
Seas un millón de veces despojada de tu nombre
y pueda verlo yo desde el acantilado de mi vida.


Quiero ser diente de león y flotar en primavera ya sin peso,
entregar mi carne a la idea de lo liviano
morir un poco, a voluntad,
enterrar los verbos más hermosos bajo un sauce,
ser gitana, ser anciana, ser Cassandra,
vagabundear, gritar por calles que sean laberintos,
libar como un insecto primigenio las flores de la demencia,
mezclar su polen con mi saliva color esmeralda
y elaborar tinta venenosa en mi garganta.


Desde el acantilado de mi vida.
Permanezco.
Cuidando de niños cornudos y rojos
cuidando de que sus descontrolados bailes solares
no les hagan precipitarse al abismo.
Mi nacimiento lo marca un astrolabio indescifrable
y mi muerte te corresponde por derecho señalarla.

Sabes cómo hacerlo, sabes dónde encontrarme,
es cuestión de repetir el proceso que comenzó a orillas de la laguna Estigia,
antes de que fueran creados los colores,
cuando todo universo era fuego y sarna.


Así llegamos a este punto sin retorno,
volando sin rumbo,
como albatros que han perdido el sur,
que caerán muertos de agotamiento sobre la superficie del Océano.
Me dispongo a cumplir con la liturgia de la espuma,
tragarme el semen de Urano.
Huir al fin.
Huir.
Y hacer honor al amor,
del único modo que sé,

perdiéndolo.

Estrofas tristes para danzar.
Incluido en "La próxima tormenta",
Editorial Origami.

martes, 17 de junio de 2014

Presentación. El amor en los sanatorios. Barrueco.



Miércoles 18 de Junio a las 20:30 
en La Inquilina 
(C/ Ave María 30, <> Lavapiés)

Presentación de "El amor en los sanatorios", Editorial Canalla.
el último poemario de José Ángel Barrueco 
Gsus Bonilla, Ana Pérez Cañamares, Daniel G. Sanguino,
Esteban Gutierrez Gómez "Baco" y yo, 
leeremos algunos de los ásperos, directos, y hermosos poemas
que componen este magnífico libro.

Ausencias y amores incondicionales.
Caer y levantarse
Memoria para bien y para mal.

Una colección de poemas escritos con el corazón encima del escritorio.

Os dejo con uno:


leonard cohen es tu nombre

ignorábamos que
ya estabas enferma
aquella noche gloriosa
en la que Leonard Cohen
arrancó con dance me to
the end of love

en el palacio de deportes
de Madrid

uno de nosotros
debía subir a las gradas
y tú elegiste la soledad
ese papel propio de quienes
protegen a sus cachorros

y te sentaste allá arriba
sola e intuyendo lo que
nosotros aún no sabíamos:
que algo
te devoraba
las entrañas

y cada verso
de aquel galán
con sombrero
te hacía llorar

mientras él
(el hombre de tu vida)
cantaba the partisan y
ain't no cure for love
tú llorabas, mártir
de suplicios
y de silencios

y ahora siempre hay lágrimas
cuando escucho sus canciones

y hay lágrimas cuando
te recuerdo allí sentada
sola y sin revelar que

ya entonces
te acosaba
la carcoma.


miércoles, 4 de junio de 2014

Reseña. La huella Digital. Javier Vayá.


Fotografía: Stefano Atzori.

Reseña original publicada en "La huella digital",
pinchando aquí

Me gusta imaginar a Álex Portero como un dandy de finales del siglo XIX, un poeta romántico compañero de fatigas de Lord Byron o Baudelaire o Rimbaud y Verlaine que tras una noche de ebriedad por culpa de la absenta profiriera tal blasfemia o herejía que fuese condenado por los dioses a vivir eternamente. Un ser inmortal atrapado en este mundo nuestro de inmediatez, desmemoria y deshonor. Un bardo maldito dispuesto a cantarnos las cuarenta a la cara y de la manera más hermosa y descarnada posible, con su sublime manejo de la poesía. Disculpen el arrebato de fabulación romántica, debe de ser un dulce daño colateral tras la gratificante lectura de La próxima tormenta, el nuevo poemario de Portero publicado por la editorial Origami. En realidad lo contado anteriormente resulta casi más creíble, al menos concuerda más que la realidad ya que lo fabuloso es que Álex Portero siendo un poeta de nuestros días atesore tal grado de técnica, belleza, emoción y sabiduría en su escritura, algo que como digo estaba reservado hasta ahora a los más grandes.


No debo de ser el único que piensa así ya que el autor se sabe rodear de lo mejor para esta deliciosa edición de Origami; Mar del Valle realiza la impresionante y hermosa ilustración de la portada, toda una declaración de intenciones, mientras que el libro se abre con un prólogo brillante de José Ángel Barrueco y se cierra con un emocionante epílogo de David González, tres gigantes en lo suyo que arropan de la mejor manera posible el valioso contenido que encierra La próxima tormenta. Contenido que se me antoja, junto al ya comentado último libro de Isla Correyero, uno de los más felices acontecimientos de la poesía en nuestro idioma. La de Portero se aleja de la corriente moderna y de mucho éxito hoy en día de poetas canallas, de bar y humo de tabaco capitaneada por Carlos Salem, Scandar Algeet o Elvira Sastre, entre otros. Nada tengo que objetar contra esta poesía, todo lo contrario, me parece magnífica, pero se agradecen otros registros. Más si esos registros como en el caso que nos ocupa nos devuelven el eco de las voces de aquellos que cualquiera que haya escrito o leído poesía sabe reconocer como faros.

De hecho Portero no esconde sus referencias vitales y literarias como suelen hacer muchos escritores con falso pudor, todo lo contrario: La próxima tormenta se revela como canto de homenaje apócrifo de un poeta de nuestros días a sus antepasados de letras. El libro se divide en dos partes: “Eros o neo-mitología” y “Psique o De profundis”. En la primera el autor señala y denuncia con la brillantez de su verso a un mundo gastado, devorado por la ferocidad humana del que ya solo es posible salvar el amor una vez extinguidas la belleza, la imaginación, la magia o la naturaleza. Pero con una advertencia de venganza latente por parte de esta última. En este sentido el primer poema del libro titulado “El Verbo” resulta prodigioso avance de lo que viene a continuación por su capacidad de emoción incontestable, del amor como otra (o la única) forma de resistencia. De ese modo van desplegándose poemas como “Inmortales”, “Estrofas tristes para danzar”, “Apocalipsis” o “Sagradas escrituras” (por no mencionarlos todos) cargados de una insólita fuerza visual, de imágenes que se te tatúan en el alma esculpidas por la lírica exquisita de los versos del autor. La mitología o el simbolismo tan utilizados por los mejores poetas románticos regresan en la deslumbrante voz de Portero demostrando la inmortalidad de su mensaje. Dioses probablemente heridos, sí, pero todavía capaces de difundir sus enseñanzas.


La segunda parte del poemario se centra más en el propio yo del poeta, enfrentando tal condición con el mundo. Una apología de la diferencia y crónica del sufrimiento del artista ante el peso insoportable de lo real o vulgar y también bitácora sobre la creación literaria. Nuevamente el primer y maravilloso poema, “Yo no soy John Keats”, nos pone en situación. La emoción va en un apoteósico crescendo según avanzamos en la lectura y nos sumergimos en el incendio de verbo, ritmo y cadencia de los versos de Portero en los que uno no sabe si asombrarse de la excelente técnica o arrobarse sencillamente en la evocadora atmósfera. “Canción de la reina malvada”, “Insomnio”, “Bestia”, “En blanco” o ese descomunal “Final alternativo” vuelven a ser unas pocas menciones de lo que en realidad es un todo que estremece por su excelencia. La próxima tormenta es el libro de poemas que este siglo necesitaba, romántico, decadente, elegante, perfectamente imperfecto, exquisito en el trato, contundente en la lucha. Un libro para llevar siempre en el bolsillo interior del abrigo (negro, por supuesto) para poder releer en cualquier momento, recitar algún pasaje a la luz de las farolas o para que nos salve de los balazos de lo cotidiano.


Javier Vayá.

PS: la fotografía que he elegido para ilustrar esta preciosa reseña de Javier Vayá me la envió Stefano Atzori, desde Florencia, que decidió leer "La próxima tormenta" a la sombra de Perseo, un detalle generoso y exquisito por su parte. Gracias.