Páginas

martes, 25 de febrero de 2014

Rumor de tormenta IX

No todo iban a ser bucles venenosos y ambientaciones esquizoides.
Algo instrumental, oscuro, y emocional, para acallar el ruido de fondo.
Con los ojos cerrados, por favor.

Canción: Last chance for love.
Black Rebel Motorcycle Club
2013




"Love will find a way through paths where wolves fear to pray"

Lord Byron.

viernes, 21 de febrero de 2014

Rumor de tormenta VIII

Durante los meses en los que "La próxima tormenta" iba tomando forma -desde las primeras notas, hasta el resultado final- mi propia vida se encontraba girando descontrolada, llovía bajo techo.
Mis días no transcurrían, se deshojaban, y yo con ellos. Un proceso de desnudamiento (desnudez y nudos) aterrador estaba teniendo lugar, cajas que se abrían, cajas que se cerraban, luces que se apagaban, hogueras que prendían, silencios alrededor -elocuentes como ejecuciones públicas-, que han quedado grabados a fuego en el poemario, fantasmas bajo la cama y lo que es peor, sobre ella.
El maestro de ceremonias, ya de la familia, David Tibet, tenía el ruido de fondo adecuado.
Todos los días, escribiendo, reordenando mi vida, perdiendo la razón, gritando, callando, anhelando... Todos los días, sonaba... Todos los días... A mi lado...

Canción: Tamlin.
Current 93
Álbum: 12'' TAMLIN (Traditional song)
Año: 1994





"He says how dare you pull those branches down?
without the leave of me, my dear

without the leave of me"

lunes, 17 de febrero de 2014

Rumor de tormenta VII



Siempre que hablo de David González lo hago en los mismos términos.
Lo siento, no se me ocurren otros.
David es un poeta de culto.
David es un poeta imprescindible.
David es uno de los más grandes poetas vivos que escriben en castellano.
David ama y respeta la poesía con lealtad y furia de lobo.
David también es poema, uno de los suyos.
David es un salvaje.
Mira a los ojos.
Dice la verdad.
No miente.
Te ofrece el alma
y las tripas.
Como escritor y como persona.
Conozco a bastantes poetas que le deben casi todo.
David resiste. No espera nada.
La vida no le ha tratado bien (él no se ha quedado corto devolviéndole algunos zarpazos).
David es la prueba viviente de que mainstream y basura son sinónimos.
David González (San Andrés de los Tacones, 1964)
leyó mis poemas por mediación de José Ángel Barrueco y,
para mi sorpresa, le despertaron algo, le hicieron reaccionar.
Y no es un tipo de grises ni de medias tintas.
Qué diablos, no es de tintas, es de sangres.
Me escribió y se ofreció
se ofreció
generosamente,
a escribir un epílogo para mi libro.
¿Os dais cuenta?
El jodido David González
quería escribir algo para mí.

David no miente, le habéis leído (y si no lo habéis hecho, tenéis que solucionarlo).
David es generoso pero no regala.
Su epílogo, es una credencial, lo voy a lucir así, como una medalla al valor.
Estoy deseando que lo lean.

Además vamos a publicar libro en la misma editorial.
Editorial Origami. (El lenguaje de los puños es el suyo)
Estoy en el mismo catálogo que David González.
Quizás, maldita sea,
no lo estoy haciendo,
del todo
mal.


Eternamente en deuda. Gracias David.
Tus enemigos son los míos.



Bibliografía básica de los últimos años:

No hay tiempo para libros (2013), Ed. Origami.
El día que Peter Pan empezó a envejecer, La Fragua de metáforas (2011)
El debut del chico tatuado (Relatos completos), Azotes caligráficos y PUV (2010)
El amor ya no es contemporáneo & El amor sigue sin ser contemporáneo, Baile del Sol (2010)
Loser, Bartleby ed. (2009)
EL demonio te coma las orejas, Glayiu (2009)
ALgo que declarar. Poesía de no ficción, Bartleby (2007)



lunes, 10 de febrero de 2014

Rumor de tormenta VI


Publicar un libro, desde mi posición, dista mucho de ser un trabajo individual o algo que depende exclusivamente del esfuerzo o el mérito personal. Nada de eso.
He leído libros maravillosos que jamás abandonarán el cajón del escritorio de sus autores, os lo prometo, obras maestras.
Escribimos lejos de focos, lejos de suplementos culturales, lejos del mainstream, llevamos la independencia como destino más o menos aciago, podemos enorgullecernos de nuestros principios porque -objetivamente- no parece que vayan a ser puestos a prueba nunca.
Dependemos del tejido conectivo que creamos entre los que habitamos el subsuelo literario.
Y, desde luego, "La próxima tormenta" no es una excepción.

Quiero hablarles de José Ángel Barrueco, escritor zamorano y gran amigo, un hermano, un compañero de trinchera.
La trayectoria de José Ángel es uno de esos casos que justifican que, sus lectores, odiemos a muerte los cauces de la literatura comercial, los caprichos del "mercado", las confusas y maquiavélicas líneas que separan el éxito de la mera resistencia.
De JAB he aprendido muchas cosas. En lo literario: la economía del lenguaje, que menos es más, que el camino más rápido entre una idea y su plasmación escrita es una línea recta, que la lírica no tiene que ser una concatenación de arabescos (esto no lo aplico demasiado, pero, je suis çe que je suis), que la verdad es -con diferencia- el más eficiente recurso literario, y que un escritor ha de ser siempre y antes que nada, un lector voraz.
Y un observador.
"Recuerdos de un cine de barrio", "Monólogo de un canalla", "Para esas noches de insomnio", "No hay camino al paraíso", "Asco", "Vivir y morir en Lavapiés", "Te escribiré una novela", "Los viajeros de la noche"... Novelas, poemarios, teatro, crónicas, artículos. Todos imprescindibles. Todos obligatorios para quien ame la literatura.
 José Ángel Barrueco no sólo propone historias, escenarios y mapas emocionales que todos podemos entender, en los que además de reconocernos aprendemos a conocernos mejor. No sólo narra con pulso firme y efectivo, no sólo maneja el tempo de su literatura y acomoda al lector exactamente en la posición que él quiere, además, traza una cartografía literaria y cinematográfica descomunal. Tengo la siguiente teoría: únicamente leyendo los libros de todos los autores que JAB menciona en sus obras, y viendo todas las películas que nombra, cualquiera construiría una base cultural suficiente para toda una vida, y muy sólida. Acérquense a su blog, Escrito en el viento, y verán de lo que les hablo, hace poco, en tuiter, Hilario J. Rodríguez le definió como un sismógrafo, un detector de metales preciosos, apreciación que comparto, subrayo y hago mía.
No se me ocurre mayor muestra de generosidad. Un escritor que homenajea a los suyos continuamente, que se reconoce hijo de una tradición y la respeta. Un verdadero trabajador cultural, un artesano de las palabras, no una estrella del pop que escribe.

El aprendizaje personal: generosidad, repito. Desde que le conozco le he visto ayudar a decenas de escritores, mostrarse siempre dispuesto a colaborar en cuantos proyectos le proponen, jamás, repito, jamás, abandonar a los suyos, recibir críticas y halagos con una leve sonrisa y con los ojos más limpios que he visto en mi vida.
Yo no soy una excepción. Ni mucho menos. José Ángel ha sido decisivo en mi trayectoria literaria. Desde el principio. Para empezar ha leído mis libros (cosa que no pueden decir todos mis amigos) y siempre me ha hecho llegar sus impresiones con sinceridad. Eso, viniendo de un tipo al que respetas tanto, os aseguro que ya es un regalo. Me ha presentado a otros escritores, me ha avalado ante antólogos y editores, me ha dado consejos para mejorar mis trabajos y, siempre, ha estado a mi lado como amigo, como él hace las cosas, en silencio y sin molestar, sabes que está ahí y que tenderá su mano cuando sea necesario.
"La próxima tormenta" no se habría publicado sin su ayuda.
Él dirá que no, pero sabe que es así.
Los detalles quedan en el desván, pero sería injusto por mi parte no reconocerlo.
De hecho es un orgullo. Prefiero que sea así. Prefiero que me ayuden. Prefiero el clan.

Si tengo ganas de que el libro esté disponible, una de las razones más importantes reside en el prólogo que Barrueco ha tenido la amabilidad de escribir para abrir la tormenta. De verdad, tienen que leerlo.
Me ha sorprendido una vez más.
Sabía que JAB era un observador prodigioso, pero desconocía que tenía rayos X en los ojos.
Ha descrito los latidos de mi corazón. Como si nada. Como todo lo que hace.

Tengo mucha suerte.
Mi agradecimiento eterno.