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viernes, 31 de enero de 2014

Rumor de tormenta V

Una vez que las líneas maestras del poemario habían sido trazadas, los nudos resultos, las emociones logradas y plasmadas tal y como ellas querían, la verdad había quedado contada.
Se iniciaba el proceso definitivo de limpieza, pulido y arabescos.
Ahí, en ese punto, necesito afinidad, que la música hable mi propio idioma, que pueda reconocer en ella un reflejo.
Alimento, subsistencia, atmósfera, hábitat.
Esa palabra me gusta.
Hábitat.
El microclima necesario para que la poesía termine de germinar en las condiciones óptimas, para que broten flores venenosas.

Y aquí entra "The Eternall Fall", inspiración, reconocimiento...
Escucharlo era estar a salvo.
Escucharlo era encontrar los puntos bellos que tanto me cuesta detectar cuando me miro fijamente.

Era bailar con la tristeza. Mis versos merecían ese esfuerzo.

Canción: "The Scar"
The Eternal Fall (Sol)
Álbum: "To Darkness", 2006
Sello: The Eternal Fall.



"I love you and you hate me [...]

[...] hear my call

my desperation call"


sábado, 25 de enero de 2014

Rumor de tormenta IV

Los poemas que no terminaban de tramarse, los hilos sueltos, la sensación de no poder alcanzar el punto exacto.
Cuando la brújula giraba sin control, la voz de Brian Molko llevaba un poco más lejos mis emociones.
Esto sonaba cuando la escritura era pantano o pendiente pronunciada.
Y me hacía correr...

Canción: "Running up that hill"
Original: Kate Bush.
Versión: Placebo.
Álbum: "Sleeping with ghosts", edición especial. 2003
Sello: Astralwerks



"You
Its you and me,
Its you and me wont be unhappy..."

jueves, 23 de enero de 2014

Rumor de tormenta III

Escribir este libro no ha sido precisamente transitar por el Elíseo.
Death in June (P. Douglas) y nuestro ya presentado M.C, David Tibet (Current 93)
caminaron conmigo por las sendas más calladas y más densas del poemario.
"La próxima tormenta", es una maldita tormenta, si buscan el paraíso, no puedo ayudarles.

¿Van entendiendo el mapa?


Canción: "This is not Paradise" (feat. David Tibet)
Death in June (P. Douglas)
Álbum: Paradise Rising (1992)
Sello: New Europeans Recordings.




"I swear by the blank of the moon
(under the archen stars I stand alone) [...]

[...] A fable full of lightless dark
You are now to me the lost Queen"

martes, 21 de enero de 2014

Rumor de tormenta II



Poesía, verdadera poesía,
es encontrar un reflejo semejante en medio del caos.

Mis versos se asomaron al espejo adecuado
y éste les devolvió una imagen de sí mismos
que les hizo sentirse realmente hermosos.

ha transitado por la orografía del poemario
ha recorrido sus arterias
y ha creado el símbolo que lo nombra.

Lo verán en portada.

"La próxima tormenta"
ahora sí, existe.

Gracias. En deuda. Siempre.

Ya llega...

sábado, 18 de enero de 2014

Rumor de tormenta I

Mi escritura es deudora del fuego.
Existe un proceso de combustión inevitable durante la creación.
Y sin combustible no hay llama.
Hablemos sobre ello brevemente.
Si pudieran asomarse a mi estudio mientras escribo se encontrarían una figura gris -la mía- rodeada de libros abiertos, papeles desparramados por el suelo creando imbricados caminos ciegos (al final de los cuales no está el Mago de Oz, se lo garantizo), imágenes del todo inquietantes y bellas como catástrofes naturales expuestas en la pantalla del ordenador, recortes, recuerdos, fetiches, una realidad que roza lo totémico habitada por mí, a medias caníbal, a medias devota.

Se trata de la liturgia del banquete salvaje, del exceso, de la hiperestimulación. No me encontrarán en la pose del escribiente reflexivo -a pesar de que mi única virtud comprobable es la voluntad y la capacidad de trabajo-, necesito trasladar la hybris al escritorio, a la habitación, teatralizar el acto hasta perder el control, hacer brotar bosque y flores venenosas del suelo.
Ser bacante.
Una vez concluida la celebración, una vez agotada la llama, cuando solamente quedan cenizas, queda la paciencia de la araña, el artesano arquetípico, el arcano número 23, el que no tiene magia pero vive eternamente y doblega al tiempo.

La dinámica rectora de esta bacanal es la música.
Sin música no hay hoguera.
Es el elemento imprescindible del ungüento,
la estrella polar que me guía,
mi Virgilio,
mis cuatro jinetes del apocalípsis,
las siete musas,
la flauta del fauno tras la que procesionar y danzar hasta la extenuación.

Quiero compartirla con ustedes.
En muy poco tiempo estará en la calle mi próximo libro: "La próxima tormenta", editado por Origami.
Como siempre, cumpliré mi parte del pacto:
voy a darles TODO lo que tengo y no voy a engañarles.
Escuchen las canciones que me han acompañado,
y si les expulsan de estas ruinas,
olvídense del libro.
Dolerá, pero será verdad.

Hay mucha poesía ahí fuera que les conmoverá.

Gracias.

Primer rumor de tormenta:
"The Frolic",
Current 93.
Les aviso: David Tibet ha sido -casi- un maestro de ceremonias en este temporal, familiarícense con él, suban de su mano al necesario tiovivo de la desesperación:



"Should a storm come
Should a storm come break a halo all around us"

jueves, 9 de enero de 2014

Querida Woollie:


Querida Woollie:

Todo lo que quieran contarte acerca del Sol de la Toscana lo tienes en Petrarca, y tú y yo sabemos de la insoportable tenerezza y el recalcitrante manierismo con que el Arno nutrió a su más celebre hijo, solamente la eternidad y la pobre Laura deberían cargar con el tóxico y plúmbeo verso floral del bardo de Arezzo, nunca nosotros, pobres y sufridos lectores.
La Toscana de Petrarca no existe.
Llueve, truena, las tormentas descargan su furia contra esta tierra como si quisieran hacerla desaparecer, hay –me atrevería a decir- cierto rasgo de envidia en la violencia con que se emplean estas nubes.
Desde que nos despedimos a las puertas del Otoño, allá en Diodati, busco el Este, y espero encontrarlo antes de que lo haga el Sol. Persigo sombras de poetas, rastros de mitología, muslos calientes y todo el vino que puedan ofrecerme. No he de quejarme de la acogida que me ha brindado la viciosa Italia, todo en ella es excesivo, te gustaría si la conocieras mejor, no podrías mantener sujeto ese mechón de pelo que se te escapa y te cruza la frente cuando sube la temperatura.
Entre estas montañas, bajo estos árboles y al amor de estas luces no hay lugar para la contención.

Recordarte me rompe el corazón.

Me pregunto hasta donde me llevará esta carrera desquiciada, ¿lo sabes tú? tras el verano voy tomando conciencia de que busco la condenación tanto como nuestro querido Ariel busca la gloria. El tiempo juzgará y se nos echará encima, seguro, cuando estés alzada en el trono de la inmortalidad despiértame un momento del sueño sin sueños, bésame, y dime que tenía razón cuando decía que el amor era Medusa. Tras mirar a sus ojos, lejos de transformarme en estatua de piedra he transmutado en arena. Frágil y expuesto continúo mi camino, perdiendo consistencia cada vez que el viento decide rozarme la piel con un poco de ímpetu.
Siempre he creído que el exceso de nostalgia y el canto prolongado a la tristeza y al desamor son propios de mentes iletradas y corazones infantiles, parte de una representación, una ficción, una mentira. Hace dos noches, un muchacho persa, un hermosísimo ejemplar de mulo me susurró que en su tierra se dice que quien ama con ironía, lo pierde todo. Y tenía razón.
Por eso nos despedimos tú y yo.
Por eso escribo esta carta.
La armonía de las esferas ha querido que te encuentre y que te pierda (sin haberte tenido). Lejos de agazaparme tras un elegante y dramático ennui he decidido cabalgar cada tormenta que me encuentre en el camino, glorificar tu nombre aterrorizando a Apolo cada minuto de cada día de mi corta vida. Seré poeta. Seré diablo. Seré libre. Seré odiado. Seré malvado. Seré un héroe. Seré un traidor. Seré, siempre, insoportablemente tuyo.

Pasarán los años, nos encontrará la vida, más viejos, más sabios y algo más muertos, y creo que nunca encontraremos la respuesta.
Por qué hemos renunciado.
Somos poetas, nos debemos al latido, no se nos ofrenda vino para que pensemos, tomamos decisiones cómicamente desgarradoras, estamos hechos para ver como se aleja la tierra mientras partimos rumbo al horizonte en barcos que acabarán en llamas.


¿Sabes? También empiezo a entender que nunca regresaré a Inglaterra, en realidad no estoy hecho para regresar a ninguna parte, me aterra esta soledad tanto como me excita, te confieso que haberme arrancado el corazón al despedirnos aligera mi camino definitivamente, sólo quedan en mí pasiones –bajas casi todas- y pensamientos tan trascendentales como exentos de trama, sueños deformes que han escapado e interrumpen el devenir natural de las cosas. Puro caos cíclico. Es contradictorio e irremediablemente hermoso –sospecho que dentro de unos años esto tendrá un nombre- encontrar la condenación agitando las alas de la libertad, amar sin medida y alejarse para no acrecentar la pira, si me correspondieses nada ni nadie sobreviviría a esa llama, toda ardería a nuestro alrededor, todo lo que amamos o nos importa, ¿sí, Woolie?

¿Estás ahí? ¿Puedes oírme?

No me acostumbro al silencio que me has dejado. No me acostumbro. Cabalgo con toda la furia que soy capaz de reunir, me carcajeo sin motivo, lloro contra el viento y canto a todos los dioses y a todas las diosas olvidados. Y nada atraviesa esa lápida de quietud.

Mi camino, silenciosa amada, me llevará hasta la descarada Venecia, estoy deseando llegar y seguir el rastro de las piedras preciosas más rojas, creo que la combinación de voluptuosidad y solemnidad de los canales avivará mi pluma y calentará mi sangre. Así lo espero, estoy deseando ponerle tu rostro a toda la fruta que se me ofrezca. Eso, no puede quitármelo nadie.

Disculpa la premura de estas líneas, estoy esperando un transporte que me lleve hasta Ravena y me encuentro rasgando el papel en medio de un temporal casi inglés bajo el tejadillo de una panadería que apenas cubriría a una golondrina.

Entrega mi abrazo más cálido a Percy y recibe todo mi amor.

Vadeando la corriente del deseo, me despido,
tuyo.

Byron.

Post scriptum: Creo que es mejor que P. siga ignorando nuestro común desprecio por Petrarca, pese a ser una nulidad con la espada, es un ácrata, y las potencias celestiales saben lo impredecible de esa condición, no quiero imaginarme su reacción al contemplarnos pisoteando su jardín lírico, es poeta, por tanto no es de fiar, seguramente esté loco y sea peligroso.
Pero tiene una piel hermosa, por todos los dioses.


10 de Marzo de 1817, en algún lugar cerca de Pisa.

miércoles, 8 de enero de 2014

Levantando el sombrero XLII



Jaime Gil de Biedma
(13 de Noviembre de 1929 - 8 de Enero de 1990)



Tras veinticuatro años con los corazones mudos,
vamos empezando a entender el argumento de la obra.

lunes, 6 de enero de 2014

A los vecinos con los que nunca crecí.






El primer concierto al que asistí en mi vida fue uno que dieron Los Chichos en las fiestas de mi barrio, San Blas. Mis vecinos, en aquellos tiempos, respondían a sobrenombres de lo más profesional: “El mosca”, “El Yoye”, “El Dumbo”, “El Patata”, “La Dulce”, “El Chino” o “El Panocho” son algunos de ellos, los que puedo recordar de un plumazo y sin esforzarme. Crecí en un lugar que huele a churros por la mañana, a vino y a tabaco por la tarde y a basura por la noche.  Cerca de casa, junto a la zona de los institutos públicos, se alzaba el mayor centro de venta de drogas que ha habido en Europa, “Los focos”, un asentamiento chabolista enorme como una ciudad de provincias, en cuyas tripas se movían diariamente toneladas del jaco más cortado y de peor calidad que nadie se haya metido por las venas. Los gitanos lo mantenían en estado fluido, en unos botes de cristal, hirviendo muy lentamente sobre unas repugnantes cocinas de gas, cuando los yonquis acudían a por sus dosis, desesperados, con apenas talego y medio conseguido atracando a los chavales y a las viejas, robando casettes de los coches o vendiendo las miserables joyas de sus madres, todo lo que se les permitía era llenar las chutas a la mitad, introduciéndolas directamente en los frascos calientes y tirando del émbolo bajo la supervisión de tres o cuatro calés y sus mariposas con mango de marfil. Aquellos desgraciados eran buenos chicos que jamás hicieron más daño a nadie del que se hicieron a ellos mismos. Nacimos juntos, jugamos juntos, fuimos al colegio juntos. A finales de los setenta y durante los ochenta la droga se colaba por las rendijas de nuestras vidas sin que nos diéramos cuenta, ¿por qué ellos y no yo? Puede que el cuidado y el amor de mis padres tuviera mucho que ver, pero me consta que los suyos no les querían menos. Eran los tiempos de aquella llamarada pija y frívola conocida como “La movida” en la que, precisamente las drogas duras, se convirtieron en parte del decorado hortera en que se transformó la noche VIP madrileña. No sé si las películas de quinquis que se rodaron entonces surgieron como una reacción a toda esa frivolidad disfrazada de movimiento cultural. José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia quisieron dar voz a quienes no la tenían, y todo lo que se les ocurrió fue convertir en estrellas a pobres diablos con demasiado sufrimiento a sus espaldas, forjados en la miseria. Aquellos directores no supieron cambiar la perspectiva, no venían de allí, no podían contarlo con veracidad, uno no puede -ni debe- narrar la guerra sin haberla pisado.
Revisitar las películas y las canciones de los Chichos, aparte de cierto subidón calorro inherente a mi condición Sanblasí, me provoca tristeza, cuando veo al “Torete”, al “Pijo”, al “Corneta”, al “Vaca”, a toda aquella tropa de perdedores en escena, imagino a quienes fueron a ver aquellas películas al cine partiéndose de risa con sus palos, su jerga, sus persecuciones, sus bailes horteras, sus peinados turroneros, y les comparo con aquellos nobles del XVIII que vestían de soldadito a un mono, le obligaban a dar volteretas, y cuando se casaban del pobre simio la tomaban con el enano o el jorobado de turno. Reírse del monstruo, despreciar al que no puede defenderse. Porque pese a toda su violencia, su desvergüenza, su desdén y su desprecio a las leyes, aquellos fieros chavales, aquellos delincuentes metidos a actores casuales no tenían con qué defenderse de la vida, nunca tuvieron la más mínima oportunidad y acabaron muertos prematuramente. En el fondo eran de los míos. Como “El Yoye”, como “El mosca”, como “El Dumbo”, como todos aquellos niños de mi infancia con los que, después de todo, no llegué a crecer.


Texto aparecido originariamente en el nº 12 de Vinalia Trippers, especial "Spanish Quinqui".