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jueves, 20 de marzo de 2014

Prólogo. La próxima tormenta.


El tormento y el éxtasis.

En tiempos en los que proliferan los prólogos y, a la vez, son cada día más denostados en ciertos círculos,  Álex Portero, un autor poco conocido (y, sin embargo, admirable), necesita una pequeña introducción para quienes no sepan de quién estamos hablando.

Un poeta, un escritor o un filósofo son hijos de sus lecturas, y sus obras, miradas con lupa, acaban siendo un reflejo de sus gustos y de sus preferencias, ya se vinculen sus textos con la ficción o con lo autobiográfico. Por eso me parece fundamental atender a las citas y los guiños que Álex dispersa en sus libros. En La próxima tormenta se mezclan referencias y versos de poetas románticos (Byron, Goethe, Keats, Shelley…) con citas de varios escritores contemporáneos (Despentes, Rich, Kundera, Oiarzabal…); son los faros que alumbran su trabajo, los terrenos resbaladizos por los que se va moviendo en su bibliografía.

Álex Portero ha escrito otros dos poemarios espléndidos: Fantasmas e Irredento; y una novela no menos notable y cifrada en prosa poética: Música Silenciosa. En ellos el lector puede rastrear las señas de identidad de su escritura: la pasión por el dandismo como estilo inigualable de un caballero, el interés por la narrativa gótica, la obsesión por lo decadente, lo histórico y lo mitológico, la música como compañero de baile y sostén cotidiano para sobrellevar la desgracia, el amor y la muerte encarnando dos caras de una moneda que el poeta sujeta siempre en su mano, sabiendo que (salga lo que salga) perderá la apuesta…

El universo de Álex, obsesionado con los mitos y con los literatos románticos que murieron jóvenes, no se limita sólo a mirar hacia el pasado, y ahí radica parte de la importancia de sus poemas: también se sirve de lo antiguo y de lo remoto como metáforas del ahora, del momento que estamos viviendo. Sólo conociendo las claves de la Historia, parece decirnos, seremos capaces de traducir el presente.
Y siempre nos lo cuenta con una cadencia o un ritmo musical en los versos que resulta envidiable.

Los poemas, generalmente de extensión media o larga, son al fin y al cabo canciones donde un alma proscrita se desnuda y declama con una pasión digna de un personaje atormentado de William Shakespeare.

Durante la lectura de este libro uno se encuentra con numerosas sentencias para anotar; cito algunas: […] hagamos el amor salvajemente sobre la hierba, contaminemos los ríos con nuestra piel muerta o Mi pecho, siglo a siglo, se ha convertido en una cripta o Te amo con la furia del que odia a muerte o Mi nombre solamente conocerá la sed, no habrá agua en mi epitafio, no habrá poesía que agarre mi mano cuando me haya ido, me convertiré en rumor, desapareceré tras el ruido de fondo, hasta no haber sido. Todas ellas revelan que estamos, sin duda, no sólo ante un poeta de ley, sino ante un observador capaz de afrontar lecturas de muy diversa naturaleza y de digerirlas con sabiduría y elegancia.

La próxima tormenta se divide en dos partes, en las que el autor nos introduce en las gestas derivadas del placer y en los abismos propios de la mente; en el sufrimiento de quien nada contra el oleaje. 
Para definirlo no se me ocurre nada mejor que aludir al título de esa película en la que Charlton Heston interpretaba a Miguel Ángel: El tormento y el éxtasis.

José Ángel Barrueco

Noviembre, 2013

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