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jueves, 25 de diciembre de 2014

Felices Fiestas


Ilustración: Gavina, por Mar del Valle.

Les exhorto a cometer excesos, pecados capitales, gritar evohé,
 y practicar el paganismo.
Una sucesión de días de culto fanático solar
y exacerbado hedonismo rococó.

O si lo prefieren:

Felices fiestas.


jueves, 18 de diciembre de 2014

Diario de un escritor cobarde. Presentación.



Viernes 19 de Diciembre
a las 20:00 hrs en The Hovse (Madrid)
presentamos Diario de un escritor cobarde,
último libro de Julio César Álvarez,
editado por Lupercalia Ediciones.

Él pondrá talento, literatura y música (a los platos desde las 18.00)
yo añadiré verbo fluido, una excelente dicción y encanto personal.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Presentación Vinalia Trippers.


Presentación del número 13 de Vinalia Trippers "Duelo al Sol"
+
 Especial Poemash "Deseo de ser piel roja"

Esta vez, tripulantes y capitán viajamos en diligencia,
pegando tiros al aire sin motivo aparente y mal imitando gritos de guerra comanches,

El chiste empieza con Panero y Clint Eastwood encontrándose en un bar...

Imprescindible sombrero tejano o tocado con plumas,
las pinturas de guerra son opcionales pero se agradecerán.

Viernes 12 de Diciembre a las 21:00 en Calvario Bar.
C/ Calvario 16, <> Lavapiés
Madrid.


jueves, 27 de noviembre de 2014

Pulsiones XXIV



No confundáis opresión con indefensión,
tenemos hiel acumulada como para arrancaros la cabeza el día menos pensado.
Nos habéis hecho muy fuertes,
si se trata de sobrevivir os comeríamos vivos,
no conocemos otra cosa.

A.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Identidad nadie.




Somos intérpretes y público fanático del Living Theater,
nos pone cachondas la Baader Meinhof y bailar con las W.I.T.C.H.
Defendemos las barricadas construidas con parquímetros arrancados
en la puerta de Stonewall Inn,
hablamos sin parar como jodidos situacionistas,
nuestra mano es la pistola de Durruti en la sién del banquero,
aspiramos a heredar la condescendencia intelectual de Angela Davis,
la lengua de Emma Goldman
y el sadismo de Saint Just.
Siempre hemos estado ahí,
entre explosiones, discursos y orgías,
en medio de una belleza que no comprendéis. 
Sabemos esperar.
"Nos estamos acercando"

martes, 18 de noviembre de 2014

Desviaciones de la Naturaleza. Ediciones Tejón. Presentación.



Desviaciones de la naturaleza y caprichitos biológicos.


He tenido el mórbido honor de participar en el primer libro que publica Ediciones Tejón:

una colección de inquietantes láminas
de deformidades y jugueteos cromosómicos,
 editadas en el siglo XVIII
por el encantador matrimonio Regnault,
 que 40 personas del mundo cultural
 hemos traído al presente
escribiendo una pieza por lámina.

Coordenadas de la presentación y baile grotesco:

20 de noviembre a las 20:00
en el café El Molar
(C/ de la Ruda nº 19, Madrid)

Allí mismo habrá ejemplares a la venta.

En la web de la editorial
pueden ustedes hacerse con uno,
hay múltiples y variados modos de envío y pago.

La deformidad se abre camino orgullosa
directa a sus domicilios.

Hagan hueco en su corazón para un poco
de poesía levítica.

lunes, 27 de octubre de 2014

Apenas un manifiesto.


Ascetismo solipsista o militancia y activismo frontal, una de las dos hay que elegir.
Como trabajadorxs culturales tenemos la obligación de intervenir sobre la realidad a modo de acelerante e incendiarla, hasta ahora hemos fracasado de forma rotunda.
Busquemos trocar el aplauso por furia, la contemplación diletante por duda ácida, desechemos la seguridad del argumento y sustituyámosla por la cuchillada directa al corazón.

Demos ejemplo inmolándonos sobre un escenario, exponiéndonos en público, escribiendo para no desdecirnos, señalando.

Hagamos que arda.

viernes, 24 de octubre de 2014

Santoral I. Santa Águeda.


He visto la Catania subterránea como un gigantesco hormiguero cuyas galerías son vidrieras llenas de imágenes de amputación, martirio y canibalismo. He visto coros de vírgenes con espinas en las trenzas desfilando cada cinco de Febrero hasta las fauces de la madre Etna y arrojando sus pezones dentro, borrachas de péptidos opioides, cantarinas, modificando sus cuerpos sobre pedregales, alcanzando la virtud con técnicas de herrería básica.
Ruega por ellas, hermana mayor, Santa Águeda bendita, desciende chorreante de entre las nubes y ejecuta la danza de las brasas, todos los eriales deben arder, todas las mujeres deben bailar, la expiación glandular y la oración nefasta que adorna los bordados de las santas estolas inspirará templos futuros. El secreto de la fe reside en el dolor soportado y en la originalidad del castigo autoinflingido. Sonríen los rostros de ojos arrancados y agitan sus manos caóticas como recibiendo algún tipo de bautismo esquizofrénico. Sonríen los desdentados y sus infecciones son apariciones en cavernas blandas. Sonríen los leprosos y los endemoniados, las lapidadas y los que profanan altares.

Santa Águeda bendita (ora pro nobis) transforma el cielo sobre el volcán en un decorado de Hermann Warm y repite para nosotras el número de la mastectomía, alimenta nuestra enfermedad y acaricia nuestras llagas con las uñas. Y que caiga después el sulfuro sobre los campos e inunde las cloacas con sus vapores verdes. Y llegue todo ese dolor hasta el Mar Jónico y se extienda como un carcinoma óseo por todo puerto milenario. Y púdrase la civilización. Y reines para siempre en tu trono cenobita. Y quede eternamente sepultada la idea de la abundancia.

jueves, 23 de octubre de 2014

Trayecto en noche cerrada. Daniel Bernabé.


En alguno de estos 21 relatos, os garantizo que encontraréis una historia que se parece a la vuestra. "Trayecto en noche cerrada",
el último y esperado libro de Daniel Bernabé,
disipa un poco la soledad de quien mira al techo cada noche
ante la incertidumbre del día siguiente,
y pone una amarga sonrisa ladeada ante el espejo de la angustia
de quien está acostumbrado a perder.

Leer este libro es casi una obligación de clase.
Prólogo de Miqui Otero.
Portada Berta Bartok.



miércoles, 8 de octubre de 2014

Pulsiones XXIII


Fotografía de Aljosa Rebolj
Asier Extxeandía interpretando al Centauro en "Medea", de Tomaz Pandur.



"El teatro es siempre un arte autodestructivo y siempre está escrito sobre el agua"

"Ha de aceptarse la tremenda dificultad de hacer teatro, que es, o sería,

si se hiciera auténticamente, el medio de expresión más difícil de todos.
El teatro no admite piedad, no hay en ello lugar para el error o el desperdicio."

                                                                    Peter Brook.

sábado, 4 de octubre de 2014

Hoy, en Valencia


Si andan ustedes por Valencia, tienen una cita:

hoy sábado, a las 19:30 de la tarde, en Librería Bartleby (C/Cádiz 50, Ruzafa, Valencia)
Javier Vayá presenta "El peso de lo invisible" (ed. Alacena Roja)
un artefacto-poliedro literario que combina poesía, relato e ilustración.


Su trabajo respira Bianco, Cortázar, Onetti, Neuman,
se escucha a Bukowski dar voces en la habitación de al lado,
en el piso de arriba alguien está viendo una de Scorsese a todo volumen,
y al final de la noche una pareja baila lentamente sobre las cenizas de una fiesta.





miércoles, 24 de septiembre de 2014

Hoy, en Madrid.



Esta tarde, a las 18:30 en la Biblioteca Nacional,
la artista Mar del Valle  charla sobre la "Delicadeza de la Imagen"
una aproximación a sus influencias, sus técnicas y sus objetivos expresivos.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El lenguaje de los puños.



Ya disponible en la web de Origami la edición numerada de 78 ejemplares (firmados)
de los volúmenes II,III y IV (en uno solo)
de la antología crítica de la obra del maestro David González.

Más de 100 textos críticos (2001-2012) y 129 poemas.
552 páginas de culto editadas por José Ángel Barrueco.

Me inventaría una identidad falsa para hacerme con dos ejemplares.
         

        BETÚN

         ven, acércate,
         no tengas miedo:

         solo quiero presentarte
         el betún
         en las manos
         del muchacho
         que limpia
         que lustra
         tus zapatos
         tus botines
o       tus botas:

         el muchacho:

         el betún negro:

         sus manos:

         ¿se las vas a estrechar
o       no?

domingo, 24 de agosto de 2014

Neuromaquia.



"Rehacerse, recomponerse, unir los fragmentos desiguales de una mente abismada, errática y deforme, con una única certeza recurrente: su propia muerte. Reconstruir una estructura cuya identidad absoluta es un polígono de triple rostro: desmoronamiento, fragilidad y ruina. Administrarse neurotoxinas contra la fantasmagoría del miedo-tinta. Serotonina, noradrenalina y dopamina adoptando órdenes celestiales bajo la bóveda craneal con el propósito de construir atrapasueños neuroquímicos, Bakus infinitesimales cabalgando impulsos eléctricos desbocados. 
Prevalecer e intentar seguir escribiendo después de hacerlo. 
Morir, en realidad, de todos modos. 
E intentar seguir escribiendo."



miércoles, 13 de agosto de 2014

Las encías sangrantes de Artaud.


Aspirar a las encías sangrantes de Antonin Artaud, a esa sonrisa hueca que nos enfrenta la calavera que espera su turno, al desahucio moral, al verso libre, a la deformidad escogida.
San Francisco se masturba bajo la túnica mientras te bendice y llora después de correrse sin apartar su piadosa mirada de tus ojos -nido de gusanos-. Brindemos con cal viva, brindemos con puta cal viva y torturemos nuestras gargantas, lo dice el peyote, lo dicen los gusanos que arropan al tarot, lo grita Juana de Arco ante una cruz de madera y carcoma mientras la lengua roja del Señor hace su metódico trabajo a ritmo de Dreyer.

Querrás apartar la vista del escenario y no podrás.

                                                                                                        Vamos a obligarte
Tienes que mirar, tienes que mirar, porque eres podredumbre.
La revelación llegará en un susurro y un golpe de metrónomo.
No has de tener miedo, conviértete en ese hechizado eterno.


¿De qué te ríes imbécil?

domingo, 27 de julio de 2014

Casi una biografía (I)


Me crié leyendo cómics, muchos. 
Mi tartamudez infantil y un parche en el ojo derecho -sumados a una torpeza escandalosa- me convertían en una suerte de criatura pasiva y reflexiva de un metro de altura. Tenía mi gracia no creáis, reservaba mis mejores actuaciones (playbacks de Rafaella Carrá, Juan Pardo o Pegamoides) para la intimidad familiar, pronto descubrí que mi sentido del espectáculo, mi "all that jazz" intrínseco tenía -digamos- una discreta aceptación entre los convecinos de mi edad. Siempre pensé que mis limitaciones físicas de entonces me aportaban un rasgo expresionista alemán muy especial, pero la propuesta, insisto, no encontró suelo fértil en aquella atmósfera hiperrealista.
Por tanto, combinaba mi innegable y patoso exhibicionismo cabaretero, con ingentes horas de lectura monacal de las cuales los cómics ocupaban la mayoría. Me gustaba el silencio, siempre tuve una asombrosa capacidad de concentración -que aún conservo-, mi mente viajaba con facilidad, aceptaba las propuestas literarias y me embarcaba enseguida en cuantas historias -por rocambolescas que fueran- me proponían escritores e ilustradores. Mi vida era más vida cuando leía.
En San Blas la oferta no era precisamente variada, una pequeña y polvorienta tienda de tebeos escondida -en mis recuerdos con cierto aire a la librería de Karl Konrad Koreander- era todo. Creo que yo era el único cliente, tres décadas después he llegado a la conclusión de que, o el amable dueño era camello, o traficaba con armas, o escondía una escandalosa suma de dinero negro bajo el colchón, de lo contrario no me explico su supervivencia. Nunca vi a nadie allí dentro que no fuese de mi familia.
Para colmo regalaba mucho material. Yo compraba un tebeo de Spiderman y otro de Red Sonja (personaje por el que todavía siento lo más parecido que experimentaré en mi vida a la devoción mariana) por quince pesetas, y me llevaba, mi cara preciosa mediante: dos de los cuatro fantásticos, tres de Conan, uno de Hulk, dos de la patrulla X y el inevitable Aquaman (el bochornoso superhéroe acuático jamás llegaba a casa, enseguida era condenado al sueño de la papelera). 
Conforme crecíamos -colección y yo- desarrollé cierta sabiduría sobre el tema, apreciaba los detalles, cuidaba con esmero los ejemplares, los ordenaba con diligencia, apuntaba los que faltaban, vaya, empezaba a convertirme en un coleccionista serio. Observando mi entorno, pronto entendí que atesorar bronces micénicos escapaba a mis posibilidades, así que los tebeos eran una buena solución para un pequeño y esforzado Dandi de barrio... [...]

Continuará.

martes, 22 de julio de 2014

La Ilíada. Stathis Livathinos. Festival de Mérida.


Para quienes percibimos y entendemos el arte como una suma de liturgias, acudir al Festival de Teatro de Mérida es un ítem por el que hay que pasar obligatoriamente tantas veces en la vida como nos lo podamos permitir -hasta que el Ministerio decida que es suficiente y apuñale al teatro con más IVA bien afilado-. Diré que no siempre el cartel me parece atractivo, diré que echo en falta una perspectiva más "teatral" y menos televisiva del festival, pero esto no deja de ser un juicio algo apresurado y -si quieren- esnob. Lo asumo.

Internarse en el teatro romano por esos corredores abovedados, al anochecer, convierte el hecho teatral en una vivencia performativa en la que el espectador participa desde que llega al recinto -se viaja en el tiempo-, las piedras obligan -de algún modo- a adoptar el lenguaje corporal preciso y colocan la mente en el estado perfecto para absorber todo lo que suceda en las horas que quedan por delante.

El sábado 19 asistimos a la representación de La Ilíada, adaptación del poema homérico realizada por el director heleno Stathis Livathinos y la dramaturga Elsa Adrianou para la compañía Polyplanity. Cuatro horas de verdadero fuego griego.

Impresiona la fidelidad de la obra teatral respecto al original, una dramaturgia compleja dirigida por el profesor Maronitis, un esfuerzo literario notable, respeta la sucesión de acontecimientos -sin adelantar, retrasar, o cortar trama para mejorar la fluidez-, los veinticuatro cantos están presentes sin perder un ápice de monumentalidad, manteniendo la épica intacta, no hay mutilaciones, sobre todo, mantiene -acaso destaca- la cadencia tradicional del verso clásico de un modo portentoso. Esto último cuenta con el efecto autentificador de la lengua, la representación tiene lugar en griego -con subtítulos en castellano-, es vibrante, grande, poderosa.

La extensión de la obra, los larguísimos parlamentos -especialmente los que describen minuciosamente las batallas, los heridos, los nombres de los heridos, las heridas provocadas y el linaje de los mismos- podrían sumir al público en un estado de pegajoso aburrimiento -sensación de la butaca que arde de la que el director era plenamente consciente. Parece que finalizando los ensayos llegó a decirles a sus actores: "no se asusten si al terminar la función no queda nadie en el patio de butacas, han hecho ustedes un gran trabajo"-. Continuamente se acerca la propuesta de Livathinos a territorios escénicos que pueden llevar al desastre,  pero los esquiva con seguridad -el montaje original duraba cinco horas, sobre un libreto de 6.000 versos-, lo plúmbeo se transforma en litúrgico y acrecienta la sensación de gran teatro. La coreografía es impecable y constituye el punto de ruptura con la densidad del texto, mucho movimiento, muy preciso, muy imaginativo, coordinado de un modo impecable, en algunos casos arriesgado -por momentos roza la acrobacia-, el verso cae como piedra, el escenario se mueve como agua.

Actores y actrices hacen un trabajo complicadísimo, muy físico, un prodigio de concentración. Quince intérpretes que doblan personajes con precisión, que saben lo que están haciendo y no pierden jamás de vista el lugar al que quieren llegar con sus interpretaciones. Aunque el elenco está muy equilibrado, es justo destacar la labor de Maria Savvidou la imponente actriz que interpreta a Tethis, que también hace las veces de narradora -un guiño al coro griego-, voz perfecta, presencia insuperable, control de la acción, magnetismo, seducción y grandeza, una auténtica exhibición.

La escenografía y el vestuario: contemporáneos, fuertes y evocadores, estética postapocalíptica, casi steampunk, orgánica, decadente, marcial y ambigua. En esencia la Ilíada cuenta el asedio de la ciudad de Troya y cómo una década de guerra actúa sobre el alma de los que en ella participan. Los enfrentamientos son más danza que combate, hay cierto componente satírico en ellos. Homero nos habló del sinsentido de la guerra, de la ausencia de vencedores, de la pérdida, Livathinos se ayuda de un planteamiento árido e industrial para subrayar la sensación de ruina, de tragedia y de decadencia, en este punto es inevitable la analogía con la destrozada Grecia actual, la función de los dioses como poderes no elegidos que usan a modo de títeres -o de víctimas sacrificiales- a la humanidad para satisfacer sus intereses y solucionar sus luchas intestinas sin exponerse. Los muros son sustituidos por barricadas de neumáticos -hábil solución escénica que conecta con nuestro inconsciente colectivo y nos lleva a cualquier escenario violento de la actualidad, unidad y fragmentación, las ruedas no son un elemento pasivo en escena, divinidades, mujeres, y hombres interactúan con ellas continuamente, todo en escena tiene un papel, está vivo, se mueve.
La iluminación sencilla y efectiva, impecable y muy inteligente, matiza y agranda los ambientes con lo mínimo. La música -compuesta e interpretada en directo por Lambros Pigounis- sensacional, los más emocionantes momentos de la obra están acompañados de percusión, teclados, y voces femeninas que vibran con ese rasgo expresivo helénico oriental tan emocionante, tan lastimero.

Los elementos estaban ahí y por la magnitud de los mismos la empresa era complicada. Livathinos asume un riesgo enorme en esta producción y sale victorioso. Ruinas, belleza, imaginación, dinamismo, desolación y erudición. La épica y la tragedia de La Ilíada viven más de veinticinco siglos después. Todo en el montaje está pensado para mayor gloria del texto, todo ensalza la epopeya de Aqueos y Troyanos, destila trascendencia y eternidad por los cuatro costados. En momentos difíciles como los que vivimos necesitamos las grandes historias, Homero es inmortal porque hace dos mil quinientos años que habla de nosotros y tiene en Stathis Livathinos y la compañía Polyplanity una caja de resonancia descomunal.

Bravo por ellos y por el Festival de Mérida.


Un momento: el monólogo de Andrómaca tras conocer la muerte de Héctor.


Pronto, la obra estará en Madrid, en el Valle Inclán, vayan a verla.

domingo, 13 de julio de 2014

Levantando el sombrero XLVI



Monique Wittig.
Haut-Rhin 13 de Julio de 1935 - Tucson, Arizona 3 de Enero de 2003.


"Toda obra literaria importante es, en el momento de su producción, como el caballo de Troya.
Toda obra con una nueva forma funciona como una máquina de guerra,
pues su intención y su objetivo son destruir las viejas formas y las reglas convencionales.
Una obra así se produce siempre en territorio hostil.
Y cuanto más aparece este caballo como inconformista, inasimilable,
más tiempo necesita para llegar a ser aceptado"




viernes, 4 de julio de 2014

El amor en los sanatorios. José Ángel Barrueco. Un poema.

Fotografía: Carolina Villafruela.



caminando por Donosti
una mañana desapacible


me pregunto
cómo será morir
de un tiro en la nuca
en una calle vacía
y mojada por la lluvia
de una ciudad del país vasco

me pregunto
cómo será morir
de un tiro en la nuca
en una calle vacía

me pregunto
cómo será morir.




"El amor en los sanatorios"
9788494268700

martes, 1 de julio de 2014

Memoria


Soy los dientes apretados del esclavo que morirá en la cruz, la azada manchada de sangre tras la última Jacquerie, el silencio orgulloso de la bruja mientras arde, la última lágrima de la última mujer violada por los cruzados en Ashkelon, la maldición en nauahtl que grita el condenado contra los hombres-máquina del otro lado del mar. Soy el campesino hambriento que morirá bajo los caballos de Enrique II, la niña con los pies deformados en Osaka que no se resigna, soy el beso del leproso, la caricia de la sífilis, la antorcha que ilumina la fachada de Versalles, los vítores que las desdentadas lanzan en la Plaza de la Concordia viendo rodar la cabeza del rey. Soy un hombre ardiente del General Ludd, soy la última Bambara libre, vi caer a mis hermanos y hermanas en Wounded Knee y quise transformarme en maldición, moriré enterrado en barro y heces en el Somme, soy aquella que os vio atrancar puertas y ventanas en Triangle Shirtwaist antes de ahogarse, soy el desdén de Jean Moulin mientras le arrancaban las uñas, y resisto. Soy las ruinas de la escuela de Datong, el retrato podrido de Qiu Jin, soy todas las mujeres rapadas por el fascismo, soy la memoria que duerme bajo las cunetas españolas, soy las cenizas que se derraman sobre el atardecer en Treblinka, soy la madre irlandesa que vio a su hijo morir de hambre en prisión, soy el puto Bobby Sands, soy el puto Ernesto Guevara, soy el espíritu de "El Hombrito", soy Ángela Davis y bailo mejor que vosotros, soy el pecho reventado de Malcom X, soy el chapero apaleado en Stonewall Inn, soy la equizofrenia de Valerie Solanas y la humillación del burka. Soy el minero asturiano que escupe sangre cuando tose por las noches, soy Irina, la mujer vendida y torturada que se la chupa al concejal cuando celebra el último pelotazo, soy el orgasmo perdido de las mujeres mutiladas en el desierto. Caigo junto a todos los suicidas que miran al abismo antes de ser desahuciados, soy la niña Palestina que arroja piedras al tanque, soy el parado de 59 años que sueña con un cáncer de pulmón, moriré desangrado en un muro de cuchillas, me ahogaré en las costas de Lampedusa, seguiré gritando a través de las eras, seguiré exponiendo mi carne, seguiré aguantando, no me rendiré nunca, renaceré, os escupiré en la cara, cambiaré de color, cambiaré de forma, brotaré como un humor negro, como la peste bubónica, como las RATAS, por cada una de nosotras que veáis habrá 200 que no veáis, acabaremos con vosotros, tarde o temprano, os veremos caer, os veremos arder, os lo quitaremos todo y lo repartiremos, os borraremos de la faz de la tierra.

PALABRA.

viernes, 27 de junio de 2014

Hoy en Madrid. Presentación.


A las 19:00 hrs, en la librería Antonio Machado de CBA.
Layla Martínez y yo acompañamos a
Francisco Jota-Pérez en la presentación de su última novela:
Aceldama, publicada por Ed. Origami.

"Aceldama concebido como un libro no para contar una historia,
sino para generar efectos en los que lo leen.
Aceldama como un dispositivo de autohipnosis.
Aceldama como una sustancia psicoactiva.
Aceldama como un artefacto dirigido a la programación neurolingüística de los lectores.
 Aceldama como una trampa."

Texto de Layla Martínez extraído de aquí




miércoles, 25 de junio de 2014

Levantando el sombrero XLV


La tarde que compartí junto a Ana María Matute llovió como llueve en los cuentos,
con todo el aparato de truenos y relámpagos,
con todo el despliegue de viento huracanado, hojarasca y barro.

Fue amable y dulce, de expresión sencilla, ademán infantil y risa de árbol viejo. 
Le gustaron mis tatuajes
-incluso me preguntó, mientras le acariciaba el hocico,
si el dragón rojo que llevo en el hombro izquierdo tenía nombre-.
Me contó muchas cosas personales (testimonio vital que guardo como un tesoro),
yo le conté -entre otras particularidades, por aquello del quid pro quo-
que siempre que dejo crecer mi vello facial significa que estoy triste y que quiero esconderme,
cosa que entendió con naturalidad pero que le hizo gracia.
Compartimos tartamudez en la infancia y una creencia irrenunciable en la belleza de la edad media.
Me confirmó su encuentro con el diablo mientras leía en el bosque y la envidié por ello.
Me emocionó sobremanera el cariñoso trato que le dio a mi hermana María
-que lloraba a cántaros, emocionada ante su presencia-.
Cuando supo que me dedicaba a la literatura me exigió encono en el trabajo,
constancia en la escritura, esfuerzo diario, y lectura compulsiva,
"ese es el único secreto", me aseguró vehemente.

Me abrazó muy fuerte desde su aparente fragilidad y me firmó un par de libros para despedirse.

La he leído toda mi vida.
He aprendido de su mesura expresiva, de su lírica transparente,
de su paciencia narrativa y de su delicado uso del idioma.
Una escritora gigante, que se atrevió a escupir al rostro del fascismo a lomos de un corcel alado
-un fascismo que casi acaba con ella-.
Una mujer insuperable. Fuerte. Valiente.
Ha supuesto, para mí, a lo largo de los años, el anclaje necesario a las nubes,
la dosis imprescindible de magia para no perder la cabeza, para no ahogarme en el asfalto.

Y por muy manido que esté, sí, maldita sea, se nos ha ido el hada madrina.

Yo, criatura del norte, te prometo Ana María, te doy mi palabra:
jamás dejaré de buscar el Sur.
Gracias.

"El ser humano no ha evolucionado tanto.
Ha evolucionado la tecnología, pero el hombre sigue llorando como en la Edad Media,
sigue odiando, sufriendo y muriendo de amor como Aranmanoth.
Han cambiado las formas externas del amor.
Los chicos de ahora no aman de la misma manera que Romeo y Julieta,
pero el sentimiento de quien ama de veras es el mismo"

lunes, 23 de junio de 2014

Estrofas tristes para danzar.



Así que has elegido orbitar en torno a mí y abrirme la piel a latigazos
para revelar los pocos secretos que me quedan.
Seas un millón de veces despojada de tu nombre
y pueda verlo yo desde el acantilado de mi vida.


Quiero ser diente de león y flotar en primavera ya sin peso,
entregar mi carne a la idea de lo liviano
morir un poco, a voluntad,
enterrar los verbos más hermosos bajo un sauce,
ser gitana, ser anciana, ser Cassandra,
vagabundear, gritar por calles que sean laberintos,
libar como un insecto primigenio las flores de la demencia,
mezclar su polen con mi saliva color esmeralda
y elaborar tinta venenosa en mi garganta.


Desde el acantilado de mi vida.
Permanezco.
Cuidando de niños cornudos y rojos
cuidando de que sus descontrolados bailes solares
no les hagan precipitarse al abismo.
Mi nacimiento lo marca un astrolabio indescifrable
y mi muerte te corresponde por derecho señalarla.

Sabes cómo hacerlo, sabes dónde encontrarme,
es cuestión de repetir el proceso que comenzó a orillas de la laguna Estigia,
antes de que fueran creados los colores,
cuando todo universo era fuego y sarna.


Así llegamos a este punto sin retorno,
volando sin rumbo,
como albatros que han perdido el sur,
que caerán muertos de agotamiento sobre la superficie del Océano.
Me dispongo a cumplir con la liturgia de la espuma,
tragarme el semen de Urano.
Huir al fin.
Huir.
Y hacer honor al amor,
del único modo que sé,

perdiéndolo.

Estrofas tristes para danzar.
Incluido en "La próxima tormenta",
Editorial Origami.

martes, 17 de junio de 2014

Presentación. El amor en los sanatorios. Barrueco.



Miércoles 18 de Junio a las 20:30 
en La Inquilina 
(C/ Ave María 30, <> Lavapiés)

Presentación de "El amor en los sanatorios", Editorial Canalla.
el último poemario de José Ángel Barrueco 
Gsus Bonilla, Ana Pérez Cañamares, Daniel G. Sanguino,
Esteban Gutierrez Gómez "Baco" y yo, 
leeremos algunos de los ásperos, directos, y hermosos poemas
que componen este magnífico libro.

Ausencias y amores incondicionales.
Caer y levantarse
Memoria para bien y para mal.

Una colección de poemas escritos con el corazón encima del escritorio.

Os dejo con uno:


leonard cohen es tu nombre

ignorábamos que
ya estabas enferma
aquella noche gloriosa
en la que Leonard Cohen
arrancó con dance me to
the end of love

en el palacio de deportes
de Madrid

uno de nosotros
debía subir a las gradas
y tú elegiste la soledad
ese papel propio de quienes
protegen a sus cachorros

y te sentaste allá arriba
sola e intuyendo lo que
nosotros aún no sabíamos:
que algo
te devoraba
las entrañas

y cada verso
de aquel galán
con sombrero
te hacía llorar

mientras él
(el hombre de tu vida)
cantaba the partisan y
ain't no cure for love
tú llorabas, mártir
de suplicios
y de silencios

y ahora siempre hay lágrimas
cuando escucho sus canciones

y hay lágrimas cuando
te recuerdo allí sentada
sola y sin revelar que

ya entonces
te acosaba
la carcoma.


miércoles, 4 de junio de 2014

Reseña. La huella Digital. Javier Vayá.


Fotografía: Stefano Atzori.

Reseña original publicada en "La huella digital",
pinchando aquí

Me gusta imaginar a Álex Portero como un dandy de finales del siglo XIX, un poeta romántico compañero de fatigas de Lord Byron o Baudelaire o Rimbaud y Verlaine que tras una noche de ebriedad por culpa de la absenta profiriera tal blasfemia o herejía que fuese condenado por los dioses a vivir eternamente. Un ser inmortal atrapado en este mundo nuestro de inmediatez, desmemoria y deshonor. Un bardo maldito dispuesto a cantarnos las cuarenta a la cara y de la manera más hermosa y descarnada posible, con su sublime manejo de la poesía. Disculpen el arrebato de fabulación romántica, debe de ser un dulce daño colateral tras la gratificante lectura de La próxima tormenta, el nuevo poemario de Portero publicado por la editorial Origami. En realidad lo contado anteriormente resulta casi más creíble, al menos concuerda más que la realidad ya que lo fabuloso es que Álex Portero siendo un poeta de nuestros días atesore tal grado de técnica, belleza, emoción y sabiduría en su escritura, algo que como digo estaba reservado hasta ahora a los más grandes.


No debo de ser el único que piensa así ya que el autor se sabe rodear de lo mejor para esta deliciosa edición de Origami; Mar del Valle realiza la impresionante y hermosa ilustración de la portada, toda una declaración de intenciones, mientras que el libro se abre con un prólogo brillante de José Ángel Barrueco y se cierra con un emocionante epílogo de David González, tres gigantes en lo suyo que arropan de la mejor manera posible el valioso contenido que encierra La próxima tormenta. Contenido que se me antoja, junto al ya comentado último libro de Isla Correyero, uno de los más felices acontecimientos de la poesía en nuestro idioma. La de Portero se aleja de la corriente moderna y de mucho éxito hoy en día de poetas canallas, de bar y humo de tabaco capitaneada por Carlos Salem, Scandar Algeet o Elvira Sastre, entre otros. Nada tengo que objetar contra esta poesía, todo lo contrario, me parece magnífica, pero se agradecen otros registros. Más si esos registros como en el caso que nos ocupa nos devuelven el eco de las voces de aquellos que cualquiera que haya escrito o leído poesía sabe reconocer como faros.

De hecho Portero no esconde sus referencias vitales y literarias como suelen hacer muchos escritores con falso pudor, todo lo contrario: La próxima tormenta se revela como canto de homenaje apócrifo de un poeta de nuestros días a sus antepasados de letras. El libro se divide en dos partes: “Eros o neo-mitología” y “Psique o De profundis”. En la primera el autor señala y denuncia con la brillantez de su verso a un mundo gastado, devorado por la ferocidad humana del que ya solo es posible salvar el amor una vez extinguidas la belleza, la imaginación, la magia o la naturaleza. Pero con una advertencia de venganza latente por parte de esta última. En este sentido el primer poema del libro titulado “El Verbo” resulta prodigioso avance de lo que viene a continuación por su capacidad de emoción incontestable, del amor como otra (o la única) forma de resistencia. De ese modo van desplegándose poemas como “Inmortales”, “Estrofas tristes para danzar”, “Apocalipsis” o “Sagradas escrituras” (por no mencionarlos todos) cargados de una insólita fuerza visual, de imágenes que se te tatúan en el alma esculpidas por la lírica exquisita de los versos del autor. La mitología o el simbolismo tan utilizados por los mejores poetas románticos regresan en la deslumbrante voz de Portero demostrando la inmortalidad de su mensaje. Dioses probablemente heridos, sí, pero todavía capaces de difundir sus enseñanzas.


La segunda parte del poemario se centra más en el propio yo del poeta, enfrentando tal condición con el mundo. Una apología de la diferencia y crónica del sufrimiento del artista ante el peso insoportable de lo real o vulgar y también bitácora sobre la creación literaria. Nuevamente el primer y maravilloso poema, “Yo no soy John Keats”, nos pone en situación. La emoción va en un apoteósico crescendo según avanzamos en la lectura y nos sumergimos en el incendio de verbo, ritmo y cadencia de los versos de Portero en los que uno no sabe si asombrarse de la excelente técnica o arrobarse sencillamente en la evocadora atmósfera. “Canción de la reina malvada”, “Insomnio”, “Bestia”, “En blanco” o ese descomunal “Final alternativo” vuelven a ser unas pocas menciones de lo que en realidad es un todo que estremece por su excelencia. La próxima tormenta es el libro de poemas que este siglo necesitaba, romántico, decadente, elegante, perfectamente imperfecto, exquisito en el trato, contundente en la lucha. Un libro para llevar siempre en el bolsillo interior del abrigo (negro, por supuesto) para poder releer en cualquier momento, recitar algún pasaje a la luz de las farolas o para que nos salve de los balazos de lo cotidiano.


Javier Vayá.

PS: la fotografía que he elegido para ilustrar esta preciosa reseña de Javier Vayá me la envió Stefano Atzori, desde Florencia, que decidió leer "La próxima tormenta" a la sombra de Perseo, un detalle generoso y exquisito por su parte. Gracias.

martes, 20 de mayo de 2014

La Fuerza de los Fuertes. Presentación.


Jueves 22 de Mayo, a las 19:00,
C/Marqués de Casa Riera nº2
<> Banco de España.
Madrid.

Presentación de "La Fuerza de los Fuertes"
Jack London ilustrado, subvertido y explorado
por la hechicería estética de Mar del Valle.

Una edición de Traspiés.

Presentan, Daniel Sanguino (poeta y librero) y Mar del Valle.


sábado, 17 de mayo de 2014

Portada de "El amor en los sanatorios". José Ángel Barrueco.



"El amor en los sanatorios"
nuevo y -para mí- muy esperado poemario de José Ángel Barrueco 
ya está fuera de imprenta y a punto de llegar a las librerías.

Hablen con su librera/o de confianza, 
y díganle que se ponga en contacto con Canalla Ediciones.

Incluye prólogo de Gsus Bonilla.
Portada de José M. Alejandro (Choche).




jueves, 8 de mayo de 2014

Espejos XVII



"La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada"

                                             George Duby

miércoles, 7 de mayo de 2014

Presentación.La 4ª. Mario Crespo.Lupercalia Ed.



Esta tarde, a las 19:00 hrs
en Librería Antonio Machado
del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

José Ángel Barrueco y yo acompañamos a
Mario Crespo
en la presentación de su novela
"La 4ª" de Lupercalia Ediciones.

Cristo, Bastian y Los Miami entran en un bar...

lunes, 28 de abril de 2014

La fuerza de los fuertes-Mar del Valle-Portada.


Portada definitiva de
La Fuerza de los Fuertes
de Jack London,
libro salvajemente ilustrado por Mar del Valle
y editado por Traspiés.




jueves, 24 de abril de 2014

Elegir bando.


Foto: Toni Chinioise
               
En el mundo de donde venimos nosotros, ante una huelga, no hay duda posible, todos los trabajadores sabemos de qué lado hay que estar. Pesan cuestiones de solidaridad, sentimentales y hasta de orgullo, pero sobre todo la conciencia de saber en qué consiste exactamente una huelga.
               En el mundo de donde venimos sabemos que la huelga, la paralización de la producción, es la única arma efectiva de quien sólo posee como moneda de cambio su fuerza de trabajo. Las huelgas no son un capricho, un divertido pasatiempo, son la respuesta ante un ataque empresarial que tiene, en último término, la codicia como motor: aumentar la tasa de beneficios en perjuicio de las condiciones laborales. Sabemos que cuando los trabajadores recurren a ella es como última salida, ya que una huelga perdida, a menudo, significa un cheque en blanco para el acoso laboral o directamente el despido.
               Incluso sabemos que, aunque un conflicto laboral no te toque directamente, el resultado del mismo tarde o temprano acabará repercutiendo en tu vida. Por eso contemplamos con dolor las derrotas y celebramos las victorias como si fueran nuestras.
Por eso sabemos cuál es el significado preciso de la palabra compañero.
Desgraciadamente el mundo del que venimos -ese en el que el orgullo de la identidad obrera se lleva como una condecoración- está en retroceso; a cambio se nos ofrece un páramo posmoderno en el que el egoísmo, la frivolidad y lo ruín campan a sus anchas: serviles con el fuerte despiadados con el débil es la máxima a seguir.
               El escritor y periodista Soto Ivars parece que se siente cómodo en este estercolero moral donde las personas han pasado a ser meras unidades de producción, e incluso las palabras, herramientas del que escribe, se han convertido en mercancía a disposición de mercaderes que puedan pagar por ellas. No diríamos que el par de artículos publicados por este columnista en El Confidencial, arremetiendo contra la huelga en Fnac y el sindicato convocante CGT, nos sorprendieron. Se ha convertido en algo habitual que ante un conflicto social o laboral se alcen voces, en apariencia desinteresadas e incluso con un pretendido halo rebelde, dando pábulo a una visión reaccionaria del mismo.
               En el primero de ellos, Soto Ivars, intenta justificar su esquirolaje ante la campaña que pedía a los escritores no firmar en las mesas de Fnac en Sant Jordi. De argumentos pobres, la columna se refugia en ese cajón de sastre que es la crisis del sector editorial y la piratería, junto al respeto a quienes “han puesto el dinero” o sea, sus editores. Quizá, en un arranque de sinceridad no meditada, el autor, en el primer párrafo, lamenta perder esa gran oportunidad de sentarse junto a “Millás, Vila-Matas o Vicente del Bosque” (sic). Podríamos hablar largo y tendido sobre la crisis del sector editorial (los que firman estas líneas llevan ya unos cuantos años comiendo polvo en el Retiro y aguantando impertinencias de starlettes de la pluma) y su relación con la piratería -sin duda la hay- pero también de propuestas editoriales que, a pesar del bombo mediático y presunta popularidad virtual de sus autores- son incapaces de vender, ni siquiera, las estimaciones mínimas para alcanzar la rentabilidad de la tirada. Pero es que la cosa no iba de esto -es habitual el juego de manos cuando lo que se trata es ocultar algo- el asunto era tan sencillo como que se pedía un gesto, que muchos -incluso personajes televisivos tan deleznables como Buenafuente o Mejide- llevaron a cabo: no firmar en la mesa de la Fnac. Cosa que a Soto Ivars parecía desagradarle sobremanera.
               Espoleado por las críticas recibidas -Soto Ivars, deberías escuchar a Billy Bragg, no cruces jamás la línea de un piquete- el autor publica un segundo artículo en el mismo medio en el que acusa a CGT de mentir, en el que califica la huelga de fracaso y capricho y la sitúa en la típica visión policiaca de la coacción del malvado y vago sindicalista que llega desde fuera a crear conflicto en un encomiable proyecto empresarial. El artículo cae en un triste ridículo al admitir que los recortes, si bien se producen, no son sólo en Fnac, sino en todo el sector del comercio.
               Soto Ivars, sin duda, viene de un mundo diferente al nuestro -le importa su firma, su momento, más allá de problemas “secundarios” como las condiciones de trabajo de unos “dependientes”-; parece sufrir de cretinismo al no entender las contradicciones irresolubles entre sostener o aumentar (como es el caso en Fnac) la tasa de beneficio empresarial y el recorte en las condiciones de trabajo de los obreros. Pero Soto Ivars, pese a firmar cosas como Tenían veinte años y estaban locos es ya lo suficientemente maduro y cuerdo para entender del lado de quién hay que poner tu pluma si quieres llegar lejos en el proceloso mundo literario.
               Los autores de este artículo no tenemos ninguna vinculación con CGT. Más allá del contenido concreto de su campaña (exitosa por otro lado, felicidades) acusar al sindicato de mentir agarrándose a porcentajes y opiniones que el autor dice de trabajadores del supermercado de la cultura es como poco tendencioso. Esgrime haber visto una nómina de 1300 euros, entendemos que la falta de costumbre comunicándose con miembros de la clase trabajadora puede ser la causa de semejante patinazo. Probablemente el interlocutor de Soto Ivars, es un VQ, una suerte de supervisor de vendedores o jefe de área, cuyo sueldo es superior al de un vendedor. Sumando antigüedad y trabajando a jornada completa el sueldo medio de un dependiente de FNAC ronda los 900 euros. Los contratos recientes nunca son jornadas completas, según trabajadores consultados más de la mitad de la plantilla trabaja a tiempo parcial sin posibilidad real de aumentar la jornada para alcanzar un sueldo mínimo. Si por 40 horas semanales, sumando pluses, unos pocos trabajadores cobran 900 euros, hagan ustedes las cuentas, restando antigüedades y recortando horarios. Baste, para los lectores interesados, que alberguen alguna duda, consultar alguna de las ofertas de trabajo que Fnac lanza de vez en cuando, o hablar -como hemos hecho nosotros- con alguno de los empleados. Asegurar que la huelga fue secundada solamente por cinco trabajadores constituye una manipulación intolerable, una aseveración ridícula, solamente hay que ver las imágenes de las tiendas desiertas y los stands de firmas vacíos. ¿Dónde se esconde la trampa?, FNAC lleva dos años consecutivos aplicando el artículo 41 del nuevo ET, es decir, una reforma sustancial de las condiciones laborales (que por cierto, tras la reforma laboral del PP, no requiere que la empresa que lo aplica presente pérdidas), quien no lo acepta, tiene 20 días para abandonar su puesto de trabajo con indemnización de 20 días por año y paro. Un chantaje de manual. El día 23 era el último día que los trabajadores de FNAC tenían para marcharse. Por tanto, quienes apoyaban la huelga, decidieron que era el día perfecto para convertirse en ex-empleados.

No se trata, exclusivamente, de un tema económico, se trata de vivir, maldita sea, invitamos a todo aquel que pone en duda la legitimidad de esta protesta a que trate de llevar una vida normal teniendo un trabajo cuyos horarios se planean y cambian semanalmente, con un reparto de horas sujeto a las necesidades de la empresa, Eso sin hablar de la insistencia de los mandos intermedios para utilizar a los trabajadores como captadores comerciales de socios o los sueldos, orgullo, sin duda, de las intenciones que la Troika tiene para España. Es el modelo del minijob, el esclavismo soterrado, el final de la hoja de ruta capitalista.
               Pero es que este tema va más allá de la huelga de Sant Jordi, Fnac o la crisis del sector editorial. Este par de artículos explican a la perfección en qué se está convirtiendo la joven literatura española.
               Soto Ivars es una anécdota -prescindible y sin gracia, por otra parte- pero refleja cómo cuando el moderneo canallita de las letras se pone la capa de librepensador siempre se escora hacia el mismo lado, el derecho, el único donde hay algo que pillar. Y lo insoportable, lo realmente asqueroso de la situación, es la pátina de inconformistas políticamente incorrectos que estos individuos -no hace tanto preocupados únicamente por mantener su status de fuckers noctámbulos- insisten en arrogarse.
               Soto Ivars (y cia.) os vamos a explicar un par de cosas, y lo vamos a hacer desde el barro, la calle, el almacén repleto de cajas de vuestros libros en permanente devolución. Escribir contra un sindicato, uno especialmente digno y combativo como es CGT, no es políticamente incorrecto, no es subversivo, ni rebelde, es lo que se espera que ocurra en una sociedad con una disonancia cognitiva tan grande, que siendo víctima de la mayor estafa del último siglo, anda pendiente por buscar la culpa de su situación en todos lados menos donde realmente está: la banca y las multinacionales.
               Soto Ivars, sinceramente, nos tenéis muy cansados, vosotros y vuestro mundo, donde la máxima preocupación es dejarse ver en tal presentación literaria, estrechar la mano adecuada, callar cuando toca y ladrar cuando se debe. Quizá, si salierais de vuestros estrechos horizontes de clase media superaríais esa mediocridad tan escapista que os impide ver lo realmente jodido que lo tienen millones de personas en este país.
               Si tuvierais algo de vida -y vergüenza- seguiríais dedicándoos a lo único que se os da medio bien: la diletancia de bar de tendencias.
               Es desesperante comprobar como, además, se dicen víctimas de la persecución de la sectaria izquierda cada vez que toman partido (partido por el poder, que es quien tiene las monedas y por tanto el futuro).
               Para gente que escribe -además de tener un trabajo asalariado con el que intenta ganarse la vida- y lo hace sin pseudónimos, a cara descubierta, tomando partido -por los suyos, los obreros, los de abajo- es habitual frenar cada dos líneas y meditar las consecuencias de lo que se está haciendo, pararse a pensar si esa crítica afectará de alguna forma a su trabajo, qué puertas se cerrará, qué timbres no podrá tocar nunca más. El que se declara de izquierda -de esa izquierda que no es respetable, ni presentable, ni razonable, de esa izquierda que no se contenta con gestionar las migajas- sabe que una vez que se lanza la piedra ya no habrá cabida en prestigiosos diarios, agradables ambientes o estanterías de Fnac.
Sí, sabe lo que le toca, elige y acepta.
               Acepta porque sabe de su condición de trabajador cultural, porque reconoce su posición, porque identifica a su igual: los escritores no son más que esa chica con chaleco que se desloma preparando todo para que la firma salga bien y, a la cual, la mayoría no tiene ni la decencia de dar los buenos días.
               Por eso molesta tanto comprobar como, poco a poco, el sistema capitalista va minando las pocas parcelas en las que quedaba cierta dignidad. Los que controlan esto, aún escondiéndolo en público, saben que cuestiones como que el ser social determina la conciencia son tan ciertas como cierta es su maniobra para promocionar al escritor de clase media presuntamente no ideologizado, es decir, el que por tanto más ideologizado está; el que tomará parte siempre atendiendo antes a sus intereses personales que a los de la colectividad; el escritor que replicará -aún sin ni siquiera darse cuenta- el pensamiento de la clase dominante; el que apuntalará, sin pensarlo, la hegemonía ideológica que provoca que todo siga como está, que todo parezca cambiar para que, realmente, nada cambie. Es fácil, de donde venimos, tenemos claro que, o se tiene el látigo o se tiene la razón, pero no se pueden tener las dos cosas a la vez.
               Algunos nos tendréis al lado, otros enfrente. Vosotros sabréis de qué lado estar.


Daniel Bernabé y Álex Portero.
Texto publicado conjuntamente en los blogs Jugando entre las ruinas y Días asaigonados.


martes, 22 de abril de 2014

En librerías: La 4ª. Mario Crespo. Editorial Lupercalia.



Más motivos para resistir:

La 4ª-novela de Mario Crespo
ya está disponible en librerías.
Conocer y apoyar literatura independiente es una obligación moral
y, sobre todo, el único modo de acercarse al arte literario honesto.
Otro acierto, otra muestra de valor de Ed. Lupercalia.


martes, 15 de abril de 2014

Próximamente: La fuerza de los fuertes. Mar del Valle.



Reducirlo todo a cenizas.
Creo, firmemente,
que es la única vía que nos queda
para sobrevivir.

Construir sobre ruinas.
Derruirlo todo,
cuestionarlo todo,
utilizar el arte como gran trasformador,
primero, el caos,
después, jardines colgantes.

Mar del Valle
ilustra
(reinterpreta, vence, revela, ultraja,
somete a un proceso de metamorfosis)

"La fuerza de los fuertes"
de Jack London.
Ediciones Traspiés

Hay que olvidar por completo
para recordar con precisión.

No sabemos nada.

Seguid el rastro de sangre...

miércoles, 9 de abril de 2014

La revuelta del pueblo cucaracha. Epílogo.


La revuelta del pueblo cucaracha.
Óscar Zeta Acosta
Acuarela libros.
978-84-7774-215-9


Búfalos, cucarachas, ácido, Arthur Cravan y Ambrose Bierce
por Álex Portero

"He's a poet, he's a picker, he's a prophet, he's a pusher
He's a pilgrim and a preacher and a problem when he's stoned
He's a walking contradiction, partly truth and partly fiction
Taking every wrong direction on his lonely way back home".
KRIS KRISTOFFERSON

Bienvenidos a este epílogo, si han llegado hasta aquí doy por sentado que, lean lo que lean, no me harán el numerito de la marquesa ofendida, han puesto a prueba su estómago y han ganado, les felicito, así que, como dijo Fray Luis de León, adentrémonos un poco más en la espesura.
Dicen que por cada cucaracha que ven, hay doscientas que no ven, muy cerca de ustedes se desliza un ejército invisible de pequeñas, sucias, y monstruosas hijas de perra que corretean detrás de sus paredes, se cagan bajo sus alfombras, se comen las migas de pan abandonadas en el suelo tras la cena, y cruzan libres y rampantes sus torsos desnudos mientras duermen.
Ahora mismo están ahí. Cerca. Silenciosas. Escurridizas.
Invisibles.
De eso ha estado hablándoles el Búfalo Pardo las últimas doscientas páginas, de cómo la invisibilidad marca la historia de los desgraciados, de la lucha a muerte por la identidad. Hay algo mucho peor para los perdedores que estar en el punto de mira, no estar, no existir, no ser –siquiera- una amenaza.
Han conocido a nuestro hombre: tenemos a un sátiro chicano de más de cien kilos por cuyo sistema circulatorio corren desbocados dos caballos: mescalina y ácido, tendente a la conspiración, paranoico, errático y listo como un zorro, que desconoce el significado de la palabra equilibrio y que entiende por coherencia presentarse a sheriff del condado de Los Ángeles con la firme intención de abolir la policía –a la que define, muy acertadamente, como el brazo armado de los ricos-.
Una mole morena incapaz de detenerse, pura inercia y caos, imposible de predecir (sobre todo para sí mismo), con una extraña suerte que conduce su vida por territorios –como mínimo- bizarros. Si alguien en la sala es capaz de explicar como pueden orbitar alrededor del mismo centro de gravedad: Ángela Davis, Anthony Quinn, Charles Manson y… Liberace (sí), por favor, estamos deseando entenderlo. Como su epiloguista me declaro incapaz de desentrañar ese misterio.
Óscar Búfalo Zeta Pardo Acosta. Exactamente el montón de mierda –a ojos delicados- que no pasa desapercibido, el diente podrido en la boca del predicador, la ventosidad en la noche de bodas, algo que no puede obviarse por mucho que se intente.
¿Cómo semejante conjunto de excesos y contradicciones se convierte, de la noche a la mañana, en el ariete y “toca pelotas oficial” de la causa chicana?  
No creo que haya quien sea capaz de encontrar la explicación exacta, Acosta desafía la propia lógica contracultural.
La idea de comportamiento del revolucionario perfecto –llámenme diletante- no creo que incluya fiestas de tres días en las que arden toneladas de mota, corren ríos de alcohol de gradación quirúrgica y se alterna el sexo múltiple con la quema nocturna de centros comerciales, ¿verdad?
Tenemos un buen puñado de prejuicios que se interponen entre lo que hemos leído y la realidad.
¿Qué podemos aprender del Búfalo? ¿Qué hay detrás o debajo –siempre debajo- de esa concatenación espectacular de fuego, desmadre y destrucción?
Si están esperando al caballero blanco que les guíe hasta la verdadera justicia pueden ir muriéndose, están perdiendo el tiempo.
Clamamos por la subversión, gritamos de vez en cuando ante las autoridades, en el colmo de nuestra osadía inundamos las redes de soflamas antisistema y hasta desprendemos, llegado el momento, un discreto y medido aroma a violencia.
La realidad es que no vamos a empuñar un arma jamás, no vamos a exponernos, lo siento, como su epiloguista tengo que decirles la verdad, no va a pasar, somos meros espectadores, ¿saben por qué?, porque todos tenemos algo que perder, tangibles e intangibles que nos hacen –en mayor o menor medida- amar la vida y que nos debilitan a la hora de dar la cara.
El caballero blanco velaría armas en silencio antes de una batalla, cumpliría con la liturgia de la despedida.
La acción, la pelea, la revuelta, los actos heroicos, el auténtico sacrificio, solamente pueden ser afrontados desde la fealdad, la suciedad, el caos, la imperfección, el abandono, el egoísmo, la brutalidad, y sobre todo, la desesperación, el último ingrediente imprescindible del verdadero mártir pagano, lo que posibilita alcanzar el estado de euforia necesario, el carmín que marca la sonrisa vesánica capaz de helar la sangre del enemigo. Puedes enfrentarte a un guerrero, de un modo u otro respetará un código, ¿pero cómo afrontas el choque contra una bestia parda y drogadicta incapaz de seguir un protocolo básico de supervivencia?
Nuestro héroe pasaría la noche anterior a la guerra emborrachándose, fornicando como un conejo y consumiendo sustancias capaces de provocar la combustión espontánea de un cuerpo humano medio.
Chínguense, ese tipo del que se ríen en su barrio, el tarugo agresivo, ese, tiene muchas más posibilidades de ser un héroe que cualquiera de ustedes, cuanta mayor desesperación circunde su existencia, más cerca de la gloria. ¿Acaso no se burlan de él o de ella desde una distancia prudencial y a sus espaldas?
Óscar Zeta Acosta era un extranjero en su propia vida, pasó su juventud buscando una identidad que siempre le fue esquiva, realizó un viaje iniciático a México en respuesta a la llamada ancestral y allí encontró la burla, el desprecio y la sorna con la que los verdaderos aztecas reciben a los gringos, demasiado clarito para ser uno de ellos, demasiado forzada –casi inexistente- esa lengua española, demasiado esfuerzo para ajustarse al molde, definitivamente no era uno de ellos.
En Los Ángeles, peor, comparado con la raza caucásica dominante resulta atezado, bajo, grueso, escandaloso y alborotador. Absolutamente al margen.
No es sino observando a su alrededor (casi siempre la respuesta la tenemos delante y nos empeñamos en adoptar la mirada de las mil millas) como Acosta atrapa su reflejo en el espejo y se reconoce al fin. Descubre la verdadera distancia que separa East Los Ángeles de Sunset Boulevard. Un desierto de desprecio, miedo, escrúpulos y conmiseración. Despierta violentamente del sueño de la invisibilidad  y se reconoce como Chicano, hijo de Atzlán, habitante originario de una tierra cuyas fronteras fueron borradas de los mapas por los conquistadores. Al norte de México, al sur de Estados Unidos, un pueblo sometido a la peor de las opresiones, el olvido de sí mismo, el robo de su identidad.
A la pulsión y acción rebelde contra la opresión ejercida por personas sin formación y sin que nadie dirija sus andanadas Marx lo llamaba el instinto revolucionario, esto es, saber que algo está mal, que es injusto, aunque no se conozca su origen, ni se sepa cómo funciona y combatirlo. Acosta es un caso interesante de esta hibris contestataria, en él añadimos al instinto revolucionario un despertar ancestral, un desandar el camino del logos al mito.
Ahí tenemos al bueno de Óscar –tras un proceso larvario no exento de sufrimiento, soledad y complejos- transformado en Búfalo, aceptando una realidad totémica latiendo en su interior. Encontrando el quién.
Lo que empieza siendo el proyecto de un muchacho de origen marginal, que estudia leyes “para demostrar que un gordo y pobre chicano puede hacerlo”, con el único propósito de procurarse un sustento mientras escribe libros, acaba siendo –fruto de una versión verdaderamente grotesca del azar y de una considerable improvisación- el camino irrevocable de la visibilización y puesta en escena de toda una comunidad hasta entonces oculta bajo la alfombra del sistema. La Raza. El pueblo cucaracha, esas a las que todo el mundo pisa.
Lo cierto es que hasta entonces la causa chicana, pese a contar con activistas de probado valor -sólidos referentes de comportamiento como César Chávez o Dolores Huerta- no había fraguado. Ha de llegar un demente y alarmantemente alegre abogado, a medias mesías y a medias predicador, con una enorme vocación por ambas disciplinas, lo suficientemente kamikaze como para llevar a declarar como testigos a TODOS los jueces de la jurisdicción de Los Ángeles, uno a uno, durante seis meses, solamente por redondear su fama de grano en el culo del sistema. Un tipo dispuesto a pisar la cárcel durante su campaña como candidato a sheriff del condado, amigo de los tumultos y vicioso como un marinero de permiso, para que todo estalle –real y figuradamente- por los aires y la mirada desdeñosa del hombre blanco (sea incluido aquí también el Sr Gonzo) descienda al subsuelo y contemple esa otra realidad: que un puñado de perdedores sin nombre han encontrado la motivación para hacerse oír, que ya saben lo que les une y que no van a dejar pasar más tiempo para reclamar su lugar en el mundo.
Eso, o se hace desde la asunción de la derrota, desde el desapego, desde la psicosis y el fanatismo, o no se hace.
Tal y como sucede con los pasotes de droga, una vez alcanzado el cénit del viaje, el descenso es abrupto. Así fue la vida de Óscar Zeta Acosta, un fogonazo descomunal, tal y como llegó, se marchó, seguro que con las mismas dudas que le acompañaron mientras crecía, con los mismos miedos, con los mismos anhelos y las mismas insatisfacciones, pero dejando un montón de ruido y de furia detrás, una vibración que aún resuena, desde El Paso hasta Orange, el Búfalo Pardo nunca pretendió dar ejemplo, nunca pretendió liderar un carajo, de haberlo planeado, una entidad tan rabiosa y desenfrenada habría cosechado una derrota épica, no sé si podemos calificar la trayectoria de Acosta como una victoria, me temo que no, pero un par de patadas en el trasero se permitió el lujo de dar a quien se lo merecía.
La última vez que se supo de él sus pasos le habían llevado a México, allí desapareció, según sus propias palabras, dichas a su hijo Marco por teléfono: “a punto de subir a un barco lleno de nieve blanca”, nunca se encontró su cuerpo, no se pudo comprobar su muerte, probablemente lo mataron por pasarse de listo y arrojaron su cadáver al mar. México se lo tragó, como a los grandes, como a Arthur Cravan y Ambrose Bierce. Como su epiloguista me gusta imaginar que se encontró con ellos en alguna cantina, y que los tres –ya protegidos por la inmortalidad- marcharon juntos en busca de la mítica Atzlán, quiero creer que aún, en alguna parte, el Búfalo Pardo sigue provocando espectaculares llamaradas de caos con sus embestidas.

Prefiero vivir en un mundo con Óscar Zeta Acosta dentro, solamente por el miedo y el asco que provocaría en nuestros limpios y atildados enemigos comunes, merecería la pena.