Páginas

martes, 17 de diciembre de 2013

Céline entre las ruinas.



[...] Aquel cabrón disparaba con bala cuando escribía, escupía a la cara de todo aquel que fuera mínimamente responsable de la miseria humana, se reía a carcajadas sobre cruces, salmos, leyes, autoridades. Nada parecía asustarle o poder contenerle, y en la derrota, en el encarcelamiento, sometido a la humillación más abyecta, era capaz de seguir inmóvil en su posición desafiante. A la mierda los judíos, sí, pero de la mano del resto de la humanidad, Céline entró en nuestras conciencias derribando la puerta a patadas, incendiándolo todo con su literatura, poniéndonos de muy mala leche. Nos pasábamos sus libros de unos a otros, los comentábamos enervados, apasionados, recitábamos en voz baja los fragmentos más brutales, ¡al fin un escritor había descendido al fango y nos miraba a los ojos para “hablarnos”! Todos teníamos un padre, o un tío, o una abuela que nos había contado atrocidades cometidas contra ellos durante la guerra y en los primeros años de la posguerra, historias que nos helaban la sangre y que a mí, me la siguen helando, ya sabes, cunetas, tapias, patios, sótanos, cárceles, iglesias, internados.
[...]

[...] La literatura de aquel “bastardo fascista”, en su bajeza, nos inspiraba de manera más eficaz, estimulaba nuestras ansias de libertad, espoleaba nuestra pasión con su crueldad, con su violencia repartida democráticamente, la injusticia y la conciencia de clase aparecían perfectamente delimitadas en cada texto de Céline, leyéndole confirmábamos nuestra posición en el mundo. Desde el lugar en el que tú te encuentras es imposible que llegues a entenderlo por completo. La propaganda, la ignorancia, el boca a oreja sensacionalista, la infamia que acompaña a la trampa capitalista se ha cebado con la figura de Céline, y os ha llegado al siglo XXI acompañada inevitablemente de falsas –al menos inexactas- etiquetas. Vosotros, los hijos de la democracia y el progreso, nunca podréis leer libremente sus libros, si os conmueven, cuando lo digáis en público, tendréis que acompañar vuestras palabras con un anexo aclaratorio, una disculpa en la que os desmarcáis de la “figura humana” del escritor, ¿entiendes lo que te estoy diciendo? sin daros cuenta estaréis en una posición parecida a la nuestra cuarenta años atrás, tendréis que disculparos por lo que pensáis. Lo que no sois capaces de entender es que Céline es uno de los primeros escritores que se muestra, hasta las últimas consecuencias, tal y como es sobre el papel, no hay diferencia entre el Céline escritor y el Céline persona. Su compromiso literario era total, absoluto, real. Todos somos contradictorios, mentirosos en mayor o menor medida, crueles llegado el momento, apasionados, delicados y violentos al segundo siguiente, complejos; ser humano significa equivocarse la mayoría de las veces, sufrir y hacer sufrir. Lo que nos perdonamos a nosotros mismos, lo que entendemos como piezas del carácter individual, en figuras como la de Céline se transforman –por culpa de esta sociedad bien pensante, ávida de enemigos absolutos- en actos de maldad imperdonables. Eso sí es fascismo.

[...] sigo leyendo a Céline, al menos cada década, y aun no he sido capaz de encontrar palabras que me expulsen de sus libros, el barro que traga Bardamu en su viaje parece tener el mismo sabor que el que yo he tragado en el mío, nuestro odio nace del mismo lugar, los culpables que él señala sin miedo son idénticos a los que yo mismo acuso, aún a día de hoy, de robarnos la dignidad. Créeme, a la hora de compartir trinchera, dolor y miseria, preferiré veinte Louis-Ferdinand Céline a un solo gran hombre de las letras de los que calculan cada palabra que escriben para estar siempre bien posicionados y prevalecer. Léelo de nuevo, el error de Céline, su miseria, se eleva ante mis ojos por encima de los triunfos y los buenos pensamientos de los demás, que cada vez me parecen más fríos, inertes, plastificados y exentos de alma. En él encuentro una verdad contra la que podría pelear de igual a igual sin el temor de recibir una puñalada por la espalda, y eso, en estos tiempos melifluos e hipócritas de la posmodernidad empieza a ser una rareza.


Extractos del cuento "No te ofendas", incluído en:
El Descrédito: viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline.
Antología coordinada por Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez.
Editorial Lupercalia, 2013
9788494163913

No hay comentarios:

Publicar un comentario