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martes, 28 de mayo de 2013

Querido Percy V:


Querido Percy:

En vano sigo llenando papeles, encerrándolos en botellas y arrojándolos al mar.
He perdido definitivamente cualquier esperanza, lo último que pude ver fue su manto rojo doblar la esquina y desaparecer ante mis ojos, casi llegué a rozarlo.
Creo que no nos merecemos alcanzar la felicidad mi Ariel, somos títeres lisiados de la literatura, estamos obligados al submundo, a la evisceración pública, a narrar nuestro descendimiento. Cuando se te tragaron las aguas no lloré por tu muerte, lo hice porque no me llevaste contigo a la quietud abisal, estoy convencido de que desde las llanuras submarinas que habitas, puede verse el firmamento mejor que desde la cima de cualquier montaña de esta tierra.
Escribo estas líneas bajo una luna desmesurada y cruel que ilumina toda la Acrópolis, sentado, despatarrado entre las columnas del Partenón, la diosa no ha querido escucharme pese a que mi griego es perfecto, maldita sea, así que he profanado la piedra con mi cuchillo, la eternidad sabrá que Lord Byron estuvo aquí, se desnudó y se masturbó en el templo de la virginidad mirando el pétreo culo a las cariátides del Erecteion, ebrio de vino agrio, sucio y despojado de toda virtud.

La soledad frente al cáliz, los paseos cojitrancos, las noches en vela, el dolor, empiezan a fraguar de una forma monstruosa en mi pecho, me da miedo hermano mío, estoy perdiendo la capacidad de la conmiseración, me miro al espejo y veo el horizonte, las herramientas del poeta se han desperdigado por el desierto, regresar a buscarlas significaría morir de sed, o de frío.
Creo que estoy alcanzando la consistencia de la piedra,
que el musgo me cubra pronto
y roca anciana sea.

Suerte que la gitana lo dijo, suerte que la gitana lo dijo frente a la iglesia.
"Cuídate de los treinta y siete mylord"
Va quedando menos.

Quizás esta noche te encuentre en el silencio,
mientras, encaramado a las rocas de la desolación, me despido.

Tuyo.

Byron.

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