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domingo, 11 de noviembre de 2012

La sabiduría de las brujas XXXII



De: John M. Coetzee.
a: Paul Auster.

6 de Diciembre de 2008.

Querido Paul:

A finales de 2008 ha pasado algo en el reino de las altas finanzas, como resultado de lo cual se nos dice que la mayoría de nosotros somos más pobres (es decir, pobres en términos de dinero) que hace unos meses. Todavía no se ha explicado del todo lo sucedido, y tal vez ni siquiera se sepa cpn exactitud: está siendo objeto de discusión acalorada entre los expertos. Pero nadie pone en duda que algo ha pasado.

La cuestión es: ¿qué es lo que ha pasado? ¿Acaso ha sido algo real, o bien ha sido una de esas cosas imaginarias que tienen consecuencias reales, como aquella aparición de la Virgen que convirtió a Lourdes en un centro turístico floreciente?
Déjame hacerte una lista de acontecimientos reales que resultarían en que -como país y como sociedad, no sólo como individuos aislados aquí y allá- pudiéramos despertarnos un día siendo repentinamente más pobres.

Una plaga de langostas podría devorar nuestras cosechas.
Podría haber una sequía que durara años y años.
Un terremoto podría destruir carreteras y puentes, fábricas y casas...
Nuestro país podría ser invadido por un ejército extranjero, que saqueara nuestras ciudades, capturara nuestros tesoros escondidos, se llevara nuestros suministros de comida y nos convirtiera en esclavos.
Podríamos vernos arrastrados a una guerra interminable en el extranjero, a la que tuviéramos que mandar a cientos de miles de jóvenes fuertes y sanos mientras invertíamos los recursos que nos quedaran en comprar armamento.
Una armada extranjera podría adueñarse de los mares, evitando que nuestras colonias nos mandaran cargamentos de comida y remesas de metales preciosos.
Por la gracia de Dios, en 2008 no sufrimos ninguna de esas calamidades. Nuestras ciudades siguen intactas, nuestras granjas siguen siendo productivas y nuestras tiendas siguen llenas de vituallas.
Entonces, ¿qué pasó que nos hizo más pobres?
La respuesta que nos han dado es que ciertos números han cambiado. Ciertos números que solían ser elevados de repente han descendido, y por esa razón somos más pobres.

Pero los números 0, 1, 2... 9 no son más que signos, igual que lo son las letras a, b, c... z. De manera que no ha podido ser el simple descenso de los números en sí mismo lo que nos ha hecho más pobres... El causante debe ser algo que es significado por el descenso de los números.
Pero, ¿qué ha sido exactamente? ¿Qué cosa expresada por los números más bajos nos ha hecho más pobres? La respuesta es: otra serie de números. Los números culpables representaban a otros números, y a su vez esos otros números representaban a otros números y así sucesivamente.
¿Dónde termina esa regresión de series de significantes?
¿Dónde está la cosa en sí que significa, la plaga de langostas o la invasión extranjera? Yo no la veo por ninguna parte. El mundo está igual que antes. Sólo han cambiado los números.

Si realmente no ha pasado nada, si los números no representan realidad alguna sino que únicamente representan a otros números, entonces ¿por qué, me pregunto, tenemos que aceptar el veredicto de que ahora somos más pobres y tenemos que comportarnos como si fuéramos más pobres? ¿Por qué no, pregunto yo, nos limitamos a tirar a la basura esa serie concreta de números, esos números que nos hacen infelices y que al fin y al cabo no representan realidad alguna, y nos inventamos unos números distintos por nosotros mismos, tal vez unos números que muestren que somos más ricos que antes, aunque lo mejor sería inventarnos unos números que nos muestren exactamente tal como somos, con nuestras despensas bien aprovisionadas y nuestros techos herméticos y nuestras tierras inferiores llenas de fábricas y granjas bien productivas?

La respuesta que recibo a esta propuesta (a esta "ingenua propuesta") es una negación lastimera con la cabeza.  Los números que nos hacen frente, los números que hemos heredado, se me dice, sí que describen las cosas como son; la lógica interna de la progresión de esos números, de loa altos a los bajos, desde principios de 2008 hasta finales de año*, describe un empobrecimiento que ha sucedido en realidad.

De manera que tenemos un pulso abierto. La gente como yo que no cree que haya sucedido nada y exige pruebas ostensibles de que sí. Por otro lado, los expertos, cuyo argumento es: "lo que a ti te pasa es que no entiendes cómo funciona el sistema".

En el libro 7 de La República, Platón nos pide que nos imaginemos una sociedad en la que la gente se pasa las horas del día sentadas en filas dentro de una cueva a oscuras, mirando fijamente unas pantallas en las que se están proyectando varias cosas. Ninguna de esas personas ha estado nunca fuera de la cueva y ninguna conoce nada más que las proyecciones de sus pantallas. Todas aceptan sin cuestionamientos que lo que ven en las pantallas es lo único que hay que ver.
Un día, sucede que una de esas personas se pone de pie y sale de la cueva con pasos vacilantes. Como no está acostumbrada, la luz la deslumbra, pero sí que acierta a divisar vislumbres de árboles, flores y una multiplicidad de otras formas que no se parecen en nada a las proyecciones a las que está acostumbrada.
Protegiéndose los ojos de la luz, vuelve con su gente. "Resuelta que este sitio donde vivimos es una cueva -les dice-, y fuera de la cueva hay cosas, y son bastante distintas a las que hay dentro. Ahí fuera están pasando cosas de verdad."
Sus compañeros se burlan de él. "Pobre tonto -dicen-, ¿es que eres incapaz de reconocer un sueño? La realidad es esto." (Y señalan las pantallas)
Todo está ya en Platón (427-348 a.C.), hasta los mismos detalles de las espaldas encorvadas, las oantallas parpadeantes y la miopía.
Cordialmente,

                                                                                                                                John.

PD: Me doy cuenta de que al proponer que inventemos una serie y "buena" serie de números que reemplacen a los números viejos y "malos", y que instalemos estos números nuevos en todos los ordenadores del mundo, no estoy proponiendo nada menos que tirar a la basura el sistema económico viejo y malo y reemplazarlo por un nuevo y bueno; en otras palabras, la inauguración de una justicia económica universal.
Se trata de un proyecto que nuestros líderes actuales no tienen la capacidad ni la voluntad ni por supuesto el deseo de emprender.


* Lehmann Brothers cayó en Septiembre de 2008, actuando como primera ficha del dominó que representa el desmoronamiento de la economía mundial.


Aquí y ahora. Cartas 2008-2011.
Paul Auster y John M. Coetzee.
Coedición Mondadori&Anagrama.
9788439726326

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