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lunes, 18 de junio de 2012

Rutinas


Como cada mañana hoy también nos hemos cruzado en el metro, él, escuálido, viejo, sucio, cansado, triste. Yo, cada día más delgado, cada día más viejo, cada día más triste. Como si él fuera un proyección futura de mí mismo, o yo una de su pasado.
Entra al vagón y la gente se aparta, le dejan solo, rodeado por un metro de vacío, algo doblemente hiriente a esas horas en las que no hay un solo hueco libre en toda la red de metro de Madrid. Para conseguirlo, hay que querer apartarse.
Sé que me busca con la mirada, o quizás yo le busco a él, quiero pensar que algún tipo de alegría deforme se le agita por dentro si me localiza.
Da los buenos días, pide perdón por ello, anuncia un poema a cambio de la voluntad, nadie le mira a la cara, nadie le presta atención, pantallas por todas partes y los humanos cada vez más ciegos, y más sordos.
Invoca a Rosalía de Castro, y con voz trémula, casi muerta, entona "Negra sombra", y el tiempo y la acción se detienen, al menos para mí, oscurece, y su cadencia de norna me toca los huesos, y casi puedo ver mi futura osamenta desnuda cuando el poema llega a su fin...

Se me acerca, le doy una moneda, siempre le doy una moneda. Hoy, por primera vez, me ha hablado:
"Muchas gracias, que tengas un buen día, al menos mejor que el mío"
No sé qué diablos decir, porque todo, los padecimientos que escucho cada día a mi alrededor, me parecen un insulto grosero ante la dignidad hambrienta del viejo mendigo que tengo delante.
"Gracias a usted. Que tenga mucha suerte" acierto a decir tartamudeando.
Muchas personas que viven en la calle, que piden para sobrevivir, coinciden en que lo peor de la situación que padecen es cierto tipo de invisibilidad, dejan de verles, dejan de mirarles a los ojos, dejan de tocarles, y si es cierto que la función hace el órgano, ellos, a fuerza de ser ignorados, se vuelven transparentes, incorpóreos, jirones de nada.
Cuando estaba girándose para ser tragado por la puerta de salida del vagón he estirado mi brazo hasta su hombro y he apretado con fuerza. Un gesto inútil, un gesto absurdo y torpe, la única forma de decirle: "te veo amigo, estás ahí, estoy aquí, sigue adelante"

Que tengan ustedes una buena noche y un mejor día.

Á

1 comentario:

  1. Fue un gesto precioso. La gente que rodeaba a esos dos seres, no sabía nada.

    Felicidades una vez más, es un texto sumamente emotivo e hipnótico.

    Vuelvo al principio...

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