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sábado, 5 de mayo de 2012

Carta a un poeta


Sé que no te gusta mi poesía
hay silencios tan elocuentes
o más
que las palabras.

Sé que me tienes estima,
que me aprecias,
que podemos considerarnos amigos,
que te caigo bien.

Pero no te gusta lo que escribo.
No te llega al corazón.
Decidiste dejar de leerlo, hace tiempo
ves una distancia enorme entre mis versos y los tuyos.

En realidad -casi una súplica-
estamos más cerca de lo que crees.
Tú, hablas de bares,
yo de estrellas,
distintas formas de cantar a la noche,
nada más.
Distintas formas de obtener la bendición de las endorfinas,
de ver más allá, de usar el corazón,
de dar un paso más bordeando el filo,
distintas formas de ser lo mismo.

Tus estrellas del rock y tus poetas
se parecen mucho a los míos,
solamente que mis ídolos,
casi todos,
nacieron doscientos años antes que los tuyos.
Me apuesto el honor y no lo pierdo
a que nos susurran cosas parecidas al oído
ante el escritorio.
Cuando quieras te cuento qué me dicen,
si nos olvidamos de los matices
no será tan distinto de lo que tus espíritus inspiradores
te transmiten cuando estáis a solas.

Te extraña mi código
las palabras que uso
los conceptos sobre los que trabajo,
las imágenes que recreo
la forma en que expreso mi dolor, mi alegría, mi excitación, mis sueños.

No lo hagas,
detente querido y observa,
hablamos y nos late el mismo idioma,
tú miras hacia adelante cuando escribes,
y aún más cuando lees,
yo tengo el corazón tendido al sol del pasado
me apenan los trastos que se abandonan en los desvanes.
Y hay palabras, retazos de idioma,
fórmulas linguísticas, maneras,
que, convendrás conmigo,
 han sido amontonadas injustamente por la postmodernidad
-maldita sea-
en un cuarto oscuro y silencioso.
Que en su día fueron nuevas,
que requirieron valor, sacrificio, entrega.

Tú eres más de logos
yo soy más de mythos
(reinterpretados por la tecnología, expuestos bajo otras luces),
ambos músicos del lenguaje,
ambos miembros de las más libre de las razas,
bardos en definitiva,
orgullosos servidores de una tradición más antigua que nosotros y que nos sobrevivirá
(y hasta llegará a olvidarnos, te lo garantizo)

Entiendo tu postura,
eres dueño de tu libertad y de tu tiempo,
pero te hago saber que dejaré la puerta entreabierta
por si alguna vez te apetece volver y echar un vistazo
quizás puedas aprender algo,
o emocionarte,
seguramente no.
De ser así, lo tienes fácil.
Olvidarlo, y seguir haciendo lo que puedas.
Siempre serás bienvenido.
Suerte hermano, en cualquier caso.


Á.


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