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martes, 24 de abril de 2012

La verdadera noche de los libros.


Miro fijamente la pantalla, tengo el cuaderno abierto, la pluma sobre la mesa, el teclado bien colocado. Acabo de ducharme, he cenado bien, pero ligero, para que la digestión no me embote los sentidos. Hoy he dado forma a un par de buenas ideas, he tomado buenas notas, las lecturas de estos meses van ayudando a fraguar el material con que voy construyendo el libro.
Solamente tengo un problema, un problema que comparto con mis hermanos y hermanas, los mejores de ellos, los verdaderamente talentosos, los honrados, los valientes. Somos diferentes versiones de la misma nube negra.
En las últimas cuarenta y ocho horas, he trabajado 24 a pleno rendimiento, he tenido que ganarme el pan.
Ahora, son las doce de la noche, tendría tiempo para escribir -trabajar en serio-, como hago cada día de mi vida, normalmente a estas horas, y en este estado. Tengo ideas, tengo ganas, un proyecto bien planificado que se me ajusta como anillo al dedo. Lo veo claro.
Pero hoy, por primera vez en mucho tiempo, no puedo, necesito descansar, tratar de dormir, confiar en que mañana sea otro día y que mi voluntad, como siempre, acabe por imponerse.
Buenas noches y suerte.
Vosotros y vosotras sabéis quienes sois. En esta guardia nocturna, desgraciadamente, no contéis conmigo.
Que las musas os guarden, compañeros.

Á.

1 comentario:

  1. De todo se aprende.

    Cuando yo podía permitirme el lujo de ir al gimnasio a menudo, mi profesora decía algo muy cierto: no sólo es necesario trabajar el músculo, también es necesario que descanse adecuadamente para que pueda asentar el trabajo hecho ese dia y, así, trabajar mejor.

    Y aquí acaba la moraleja de la srta Rottenmeier.

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