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martes, 10 de abril de 2012

La sabiduría de las brujas XXIII



"Siempre he procurado mostrar en mi trabajo mi respeto hacia aquellos por los que me siento atraído, en cierto modo quitarme el sombrero ante ellos, tomando prestada alguna bella imagen o algunas palabras especiales, pero una cosa es cuando, para recordar a un colega caído, se hace un signo, y otra cuando uno no se puede deshacer de la sensación de que alguien le está haciendo guiños desde el otro lado."


"[...]
A eso se une que Walser, en esa novela póstuma, por decirlo así escrita ya desde el más allá, se le ocurren ideas sobre su especial condición anímica y sobre la esencia del trastorno mental como, por mucho que busco, no encuentro en ninguna parte en la literatura. Con sang froid, rinde cuentas del supuesto origen de su mal en una educación consistente casi sólo en pequeñas negligencias, y también de cómo, hombre de cincuenta años, seguía sintiendo en sí al niño y al muchacho, sobre la niña que le hubiera gustado ser, sobre la satisfacción que le producía llevar delantal, sobre sus tendencias fetichistas de amante de las cucharillas, sobre su manía persecutoria, la sensación de estar cercado y rodeado, sobre el encontrar interesante ser observado, como el Joseph K. de El proceso, y sobre el peligro de entontecerse a causa de, como escribe realmente, la atrofia sexual. Con precisión sismográfica registra la más mínima conmoción al margen de su conciencia, anota reprobaciones y encrespamientos en sus pensamientos y emociones de los que la psiquiatría apenas se permite soñar, incluso hoy." 



"[...]el peligro de la enajenación mental le permitía a veces una agudeza de observación y expresión imposible cuando se está plenamente sano."


"no leáis siempre y de manera exclusiva esos libros sanos; acercaos un poquito a la llamada literatura enfermiza, de la que tal vez podáis sacar un consuelo vital. La gente sana debería arriesgarse siempre de una u otra manera. ¿Para qué demonios, si no, conservar el sano juicio?¿Para morir un día saludablemente? Vaya un futuro desolador... Hoy en día sé con más certeza que nunca que en los círculos ilustrados hay mucho filisteísmo, me refiero a una cobardía moral y estética. EL recelo, sin embargo, es algo malsano. Un día en que se bañaba, el bandido estuvo a punto de morir del modo más hermoso: ahogado [...] Un año después, el aprendiz de la lechera se ahogó en el mismo río. Así pues, el bandido sabe por propia experiencia qué es lo que siente cuando las ondinas le tiran a uno de las piernas."*


W.G. Sebald
* texto del propio Walser, incluído en el libro de Sebald.
El paseante solitario "en recuerdo de Robert Walser"
Siruela (Biblioteca de Ensayo)
9788498411072

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