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domingo, 26 de febrero de 2012

Requiem feérico.


La mirada prestada al horizonte y el viento esculpiendo su pelo,
quieta, inerte, replegada sobre sí misma,
queriendo protegerse de miedos intangibles,
pactando una tregua con el musgo,
aprendiendo de la piedra la habilidad de la huida,
el no-ser.

Brilla su cornamenta a la luz de una luna imperceptible y delgada.
Esta noche es la primera
en la que ya no puede cumplir consigo misma,
ni con el bosque,
ni con la tierra,
no escucha la música del cárabo,
la maleza le susurra una inquietante negativa,
los lobos duermen juntos en su cueva,
despreocupados,
las ninfas han sido invitadas a un baile
en el centro de una hoguera que arde lejos,
muy lejos.

Solamente árboles, hierba y el río lento.
Y ella sola, hundiendo las pezuñas, afirmándolas al suelo,
cubierta de silencio y viejas nanas muertas,
a punto de alcanzar la paz del estaticismo,
rozando ya la oscuridad con sus cuernecitos,
desapareciendo al fin
desapareciendo.

Á.

3 comentarios:

  1. Impresionante y precioso, Álex, poeta. Quisiera poder susurrar cálido a su oído mientras lo leo, quitarle el frío.
    Mi enhorabuena.
    <3

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  2. Los lobos nunca duermen despreocupados.
    Un abrazo.

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  3. Devastador. Hermoso y terrible.

    Pobre criatura entre mundos, parte de nada, parte del frío.
    Y ese añorar de comprensiones y de espejos,
    cuando ella misma no llega a verse, no sabe.

    Hermana solitaria, bella y cansada.
    Pobre criatura.

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