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martes, 21 de febrero de 2012

Levantando el sombrero XXII



La literatura de David Foster-Wallace es un camino que, a mi modo, me empeño en recorrer lo más precisamente que puedo, porque entiendo lo que quiso contarnos y el modo en que lo hizo, porque leyendo su obra he aprendido a ampliar mi visión de las cosas, a descifrar la apariencia amable de la vida para descubrir el estrato de podredumbre que se esconde bajo la impecabilidad, también a esforzarme por conocer en profundidad múltiples aspectos de la cultura -de lo elevado a lo pop-, y sobre todo, he aprendido de él a invertir tantas horas y tanto sufrimiento como sean necesarios para escribir con honestidad un buen libro.
Hay algo, inquietante y de algún modo pacificador, que me sucede según pasan los años y la sombra de Foster Wallace permanece inmóvil sobre mi escritorio,
esto es,
entiendo también y cada vez mejor su trayectoria vital,
empatizo con él
desde el principio
hasta el final.

Tal día como hoy, 21 de Febrero, en 1962, nació en Ithaca (New York), David Foster-Wallace.
Y sigue hablándonos con toda claridad.

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