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domingo, 30 de octubre de 2011

Saber perder.



Una de las frases que repito continuamente a otros escritores dice así: "la vocación se forja en el no, tienes que haber sobrevivido varias veces a que alguien haya juzgado tu obra como mala para saber que esto -se entiende, la literatura- es lo tuyo". Lo que no saben la mayoría de esos compañeros es que cada vez que repito esa frase me la estoy diciendo a mí mismo, supongo que las dudas, la desesperación, son inherentes a este salto al vacío que supone el oficio de escritor, en definitiva, trabajas cada día mirando hacia un abismo muy oscuro, nunca sabes hasta donde va a llegar lo que haces y lo más probable es que tras horas y horas de esfuerzo, el destino final del escrito sea un cajón silencioso.

Una aseveración bastante recurrente es aquella que dice que, el fin de toda literatura, es la literatura misma, desde un punto de vista poético -valga el término-, es cierto, pero seríamos unos hipócritas -al menos yo lo sería- si aceptara esto como una verdad sin matices. Un escritor quiere ser leído, tenemos algo que contar a los demás, algo que necesitamos contar, y si no lo conseguimos, nos sentimos unos perdedores, unos fracasados, la madre literatura no se aparece después de haber terminado un texto para dar las gracias y aplaudir, quizás este último hecho también es importante, aunque suene frívolo, uno se siente extraño al terminar un día de trabajo extenuante en silencio y en soledad, desgraciadamente no hay un público esperando para inflar el ego -con vítores- que ha ido desinflándose, secándose, perdiéndose durante la labor.

Hoy es Domingo, uno de los primeros del Otoño, a estas alturas de noche llevo unas ocho horas escribiendo, aproximadamente, alguna menos si contamos descansos y un par de conversaciones telefónicas, el día se acaba y en lineas generales estoy satisfecho con lo realizado, no sólo he cumplido las expectativas que tenía para el fin de semana, he dejado un par de cimientos bien fijados para continuar. Tengo sueño, más que sueño, sopor, tantas horas sin despegarse del asiento, sin salir a la calle, sin desconectar le dejan a uno suspendido en un estado de abulia física e hipersensiblidad emocional bastante raro. En los días siguientes continuaré, pero será por la noche, después de haber estado las ocho horas de rigor ganándome el pan, trabajando en lo que los demás consideran trabajar de verdad, una actividad que no deja de ser para mí un vacío temporal que me aparta de mi objetivo vital real y que además me roba energía. Quienes publicamos en editoriales independientes y pequeñas sabemos que cada libro puede ser el último que ve la luz, firmamos los contratos -cuando los firmamos- in extremis, regalando meses -si no años- de trabajo puramente por vocación. Somos perfectamente conscientes de que nuestros libros serán rechazados sistemáticamente por los libreros, si es que los comerciales llegan a incluirlos en sus catálogos, la crítica los obviará, de hecho nunca llegará a saber que existimos, los lectores apenas tendrán la oportunidad de conocernos, más allá del férreo círculo que forman, familia, amigos y compañeros de estrato literario, no existirá nada más allá del horizonte para nosotros.

Esta noche me pregunto -otra vez- qué diablos estoy haciendo con mi vida, si sumo todas las horas que he dedicado a la literatura hasta ahora, creo que llegaría a perder el conocimiento por la impresión, y si mido el rédito que me han dado (entendamos rédito como compensaciones más allá de una vocación satisfecha o una paz emocional -tan lejana- conseguida a fuerza de realizar la catarsis del negro sobre blanco cada día) lloraría antes de volver a desmayarme.
La vocación literaria no se forja en la negación, es mentira, se forja en el fracaso, no solamente en el fracaso pasado y presente, sobre todo en el futuro, en saber que seguirás arrojando tu tiempo al vacío durante el resto de la vida sin que eso te conduzca a ninguna parte, jodidamente desalentador ¿verdad?.
Es cierto eso que decía Nietzsche de que "si pasas mucho tiempo mirando a un abismo, el abismo acaba por mirar dentro de ti".

Hace un par de semanas, leí en El Cultural una entrevista a Alberto Olmos, el tipo me cae bien, respeto su voz, últimamente está cayendo en la simpleza de ser el Risto Mejide de la literatura, pero reconozco que las barbaridades que suelta bajo la piel de Juan Mal Herido me hacen gracia y están muy bien escritas y mejor argumentadas, bajo la pose brutal, provocadora y grosera hay un tipo que sabe leer muy bien. Decía Olmos en esa entrevista que uno no puede considerarse escritor si es leído por quinientas personas o menos. Supongo que, precisamente porque le tengo muy bien considerado, me sentí herido en algún punto por esas palabras. ¿Cuantos lectores se necesitan para transformarse en escritor oficial? Efectivamente, esa afirmación de Olmos fue una solemne torpeza y un insulto, inevitablemente las heridas causadas por el fuego amigo joden más.
Cuando te sientas a escribir a las diez de la noche, después de una jornada de trabajo demoledora (me acuerdo del libro de Patxi Irurzun, Dios no reza nunca, de la editorial Alberdania, en la que el escritor Navarro dice esto mismo), esas palabras de Olmos son una auténtica patada en la boca del estómago, sobre todo viniendo de alguien que tiene detrás nada más y nada menos que al grupo Random House Mondadori, es muy fácil lanzar bravatas desde una atalaya sustentada en contratos cojonudos y acceso inmediato a miles de lectores, tan fácil como miserable, dice muy poco de una persona su capacidad para olvidar de donde viene. En lo que me resta de vida sé que tendré que seguir alimentándome gracias a un trabajo que, digámoslo directamente, está muy lejos de satisfacerme (ahora me acuerdo de mi padre y de mi madre, de toda una generación de valientes que se han roto el espinazo cada día de su vida en trabajos de mierda por su familia, olvidándose de sí mismos), seguiré teniendo que ver minutos contados a mi pareja y a mis amigos, perdiéndome fiestas, viajes y largas conversaciones, porque tras el ganapán diario tendré y querré -los dioses saben por qué- encerrarme en mi atestado estudio a realizar la liturgia del trabajo real, aquello que me hace SER, ESCRIBIR. Doy por hecho que no tendré nunca más de quinientos lectores (como G.A. Becquer, Rimbaud o Pessoa tampoco los tuvieron en vida, por mencionar a un par de fracasados), pero soy capaz de partirme la cara contra cualquiera que ponga en duda que soy ESCRITOR, quizás malo, quizás mediocre, pero escritor desde que me levanto hasta que me acuesto, escritor desde que tengo memoria, escritor porque algo inexplicable me lo dice cada día, y como además estoy completamente loco, suelo hacer caso de las voces misteriosas.

A todos aquellos que perseguís intangibles por alguna razón, ánimo, "todos habitamos la misma ciénaga, pero solamente algunos, miramos a las estrellas"*

Á.

* Oscar Wilde.

jueves, 27 de octubre de 2011

Narciso II



Narciso contempla su nada
en la superficie del agua negra que cubre el asfalto,
peina bajo la lluvia los cabellos que perdió hace tiempo
y se desnuda en medio del tráfico
en un agónico último acto de seducción.
Ya no le importa que las bacantes le hayan olvidado,
ni recuerda el tacto firme de los guerreros sedientos de sexo.

Narciso esquizofrénico es serpiente
que se arrastra patética por las aceras
regalando piel muerta a los desconocidos
con los que cree cruzarse.

Danza para sí y no recuerda los pasos,
envejece subido en un extraño carrousell
que no le permite encontrar el espejo adecuado,
su imagen es incapaz de fijarse,
gira y gira,
no puede verse
ni comprobar,
maldito sea,
que toda la vida ha estado
enamorado de un monstruo.

Á.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Teselas V

Pseudo-aullido

                  A Allen Ginsberg, por tanto. Y A Lord Byron y sus tinieblas por ser mi ejemplo.

Volaba a lomos de un hada sobre la noche de Madrid
y vi a las peores mentes de mi generación
desde las alturas,
en plena comunión ignorante,
rastreando esquinas
en las que mearse los unos a los otros
para establecer jerarquías
y construir monogamias heterosexuales.

Descendimos a ras de suelo
y nos fue imposible seguir el rastro
del rock and roll entre las calles,
todo lo que alguna vez consideré hermoso
se había evaporado entre vaharadas de humo negro,
esculturas moldeadas con excremento humano
sustituían cualquier rastro de belleza humana.

Los mendigos olían a carne quemada
y las ancianas retozaban en los cubos de basura
tratando de encontrar la juventud en el fondo,
sumergiéndose una vez –y sólo una-
en un mar de despojos
que se las tragaba crudas.

Caminé,
caminé sin rumbo,
buscando una revelación
detrás de unos ojos de neón verde,
ofrecí mi cuerpo a las brujas
-que habían poseído el cuerpo de las prostitutas-
para que profetizaran un futuro en los lunares de mi espalda
y me regalasen estigmas con forma de corazón.

Contemplé santos con mis propios ojos,
babeando mientras elevaban sus plegarias a dios
y le pedían el tormento de la carne a gritos
en idiomas blasfemos.

Punkies sin cabeza entonaban un Ohm
tratando de abrir las puertas del paraíso
oculto en las alcantarillas.

El diablo bailaba al ritmo de jazz
y hacía juegos de manos para engañar a las almas
inocentes que se detenían a su alrededor
y le arrojaban monedas.

Yo lo vi todo,
alumbrado por la luz que proyectaban
las cabezas ardientes de los ángeles.

Siguiendo el rastro invisible del ácido lisérgico
llegué hasta la puerta de salida de la noche,
allí, custodiándola, se encontraba un guardián,
hermoso, sucio, barbudo,
fumaba un cigarrillo liado con la piel de su amante muerto,
detrás de sus gafas de pasta negra había tristeza,
locura y compasión,
comprendí que era el fantasma de un poeta.
Cerré los ojos por primera vez aquella noche,
y besé sus labios grises de muerto.
Amanecí. Envejecido y con la muñecas marcadas
por aquella visión del futuro
que condenó el pasado de toda una generación de pecadores.

Á.

Fantasmas
Editorial Endymion
Colección: Poesía, nº 307
Madrid 2010
9788477314967

martes, 25 de octubre de 2011

Radiactividad



Pasos como gotas mojan la ciudad,
el camino a casa,
salpican de lluvia ácida
el silencio de mármol en el que se han convertido los sueños.

Fuera:
la calle sucia,
el aire libre para las mentes presas,
una mascarada de espacios abiertos y puertas cerradas,
sin mística ni aleteos;
un teatro abandonado,
las esperanzas del mundo encerradas en tubos de neón azul,
corifeos de ángeles prostituídos y damas blancas
entonando salmodias antiguas por las calles.
Naturalezas muertas,
brillantes estantiguas de cabaret tras los cristales,
hermosos sacrilegios en cada esquina,
carmín y escarcha,
nada.

Playas de granito atestadas de demonios
en medio del salvaje asfalto
figuras cornudas, retorcidas y rojas
que gritan,
emiten luminarias mortuorias,
fuegos fatuos,
santas llamas,
que se aparean bajo tilos multicolores
que hacen desfilar a los vencidos.

Todos somos sombras, después de todo,
líquidas formas fosforescentes
que dejan un rastro tras de sí,
y esperan
que algo vivo lo encuentre y lo siga.
para ser devoradas,
y al menos,
experimentar la solidez por un momento,
mientras reciben la dolorosa caricia de los dientes.

Á.

lunes, 24 de octubre de 2011

La sabiduría de los brujos V





"Pero los vagabundos eran como los espectros anunciadores de uno de tus posibles finales. No te identificabas con la gente feliz y, en tu desmesura, te proyectabas en gente que había fracasado en todo o no había tenido éxito en nada. Los vagabundos encarnaban el estado último de un declive hacia el que podía tender tu vida. No los considerabas víctimas, sino autores de sus propias vidas."


"Te instalarías en un presente perpetuo..."


"Cuando tenías insomnio, con los ojos cerrados, el tiempo desaparecía, pensamientos y escenas se desarrollaban en bucle en tu cerebro, con la regularidad de un reloj. Como un adulto que contempla un tiovivo, observabas el girar de tus ensoñaciones."


"Nadie salvo tú mismo podía darte más ganas de vivir que de morir. Imaginabas escenas en las que alguien se esforzaba por alegrarte, como una madre cuando coge la mano a un niño triste y le enseña cosas que parecen alegres. La repulsión que se apoderaba de ti en ese momento no provenía del rechazo que habrías experimentado frente a la persona compasiva, ni de la naturaleza de los objetos alegres que te habría enseñado, sino del hecho de que no se te podías imponer las ganas de vivir. No podías ser feliz por encargo, ya fuese de otra persona o de ti mismo."


Édouard Levé

"Suicidio". E. Levé.
Traducción de Julia Osuna.
Ed. 451; Madrid 2010
9788492891078

domingo, 23 de octubre de 2011

Teselas IV



Martirio


Sitala bésame en los labios,
cúbreme el falo de musgo y flores muertas,
encuentra tu lugar entre mis brazos
y duerme conmigo el acogedor sueño del polvo blanco

Así le canto a la diosa de la viruela antes de acostarme con ella,
la canción me la enseñó el fantasma de Allen Ginsberg 
la última vez que perdí el control ahogado en alcohol barato.

Aún no he recibido la bendición de las pústulas,
pero no pierdo la esperanza,
mi ofrenda de sexo es poderosa y ha de servir.
Sitala lo sabe.

Por cada orgasmo, una plegaria,
hasta que llegue el día –o la noche- 
en que pueda cubrir mi desnudez para siempre 
con un manto de costras benditas y antiguas.
Santificada sea esta suerte de prostitución pagana 
y tenido sea en cuenta por el karma éste martirio mío de la desnudez.

Espero a la intemperie tu llegada
repugnante princesa
no te demores, mi señora
que me da vergüenza. 

Fantasmas
Editorial Endymion
Colección: Poesía, nº 307
Madrid 2010
9788477314967

viernes, 21 de octubre de 2011

Levantando el sombrero XI


El 21 de Octubre de 1969, Jack Kerouac alcanzó al fin el horizonte. En América, cuando atardece se escucha susurrar a un hermoso vagabundo, canta baladas indias a ritmo de jazz, y sigue caminado hasta las nacientes estrellas que iluminan las inmensas planicies norteamericanas.

Esta noche, levanto mi sombrero en su honor, y le agradezco emocionado que nos librara de las cadenas de la narración, que nos hiciera libres para escribir a latidos.

Á.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La sabiduría de los brujos IV





"Narciso no se enamora de su reflejo porque sea bello sino porque es suyo. Si fuera su belleza la que lo fascina se vería liberado en unos pocos años, al perderla"


"Después de todo -suspiró Narciso el jorobado- a mí me queda bien."


"Narciso ebrio (mirándose al espejo): no me contemplaría como tú lo haces si estuviera en tu lugar. Supongo que crees saber quién soy. ¡Pues déjame decirte, querido, que uno de estos días te llevarás una gran sorpresa."


W.H. Auden.

lunes, 17 de octubre de 2011

Levantando el sombrero X



Ningún estímulo sensorial nos hace viajar a través del tiempo con más eficacia que la música.
La voz de Tony Cruz, nos ha acompañado durante décadas, contribuyendo con su virtuosismo y su calidez, a conformar una parte fundamental de nuestro imaginario común.
Cierro los ojos y puedo regresar al niño que fui de la mano de la poderosa voz rockera y psicodélica del mejor Judas Iscariote que ha pisado un teatro, incontables horas escuchando una cinta de casette con la cara de un Jesucristo multicolor en la carátula.

Un cambio de vestuario y ...

Nunca la voz del Che Guevara tuvo más capacidad de seducción que aquel de los ochenta que recorrió los escenarios de medio mundo, firme y hermoso, heroico y cálido.

Desde que Woody y Buzz aparecieron en nuestras vidas, no hemos vuelto a mirar a nuestros antiguos juguetes de la misma forma, y aún, ya empezando a encanecer, buscamos un gesto de vida en ellos, con la esperanza de un niño la noche de reyes, deseando que se obre el milagro. "Hay un amigo en mí", cantaba Tony Cruz a toda una generación de niños -y no tan niños-, y con esa frase, nos devolvió algo de inocencia a todos.

"¿Has oído aullar al lobo a la luna azul?"... Seduciendo princesas indómitas y salvajes con su imponente voz, ¿Recordáis a John Smith en Pocahontas?

Uno, que tiende al lado oscuro, terminó de vestir el negro junto al inolvidable Jack Skellington, en mi opinión, Pesadilla antes de navidad es una de las más bellas partituras de la historia del cine, sin discusión, y el trabajo que Tony realizó poniéndole voz y alma al esqueleto más alegre que hemos conocido, está al alcance de muy pocos artistas del mundo entero... Gracias a él, volví a disfrutar de la navidad, encontrándole la perspectiva oscura y divertida.

Giras por medio mundo, discos, coros, doblajes, musicales, una trayectoria artística impecable, legendaria, maravillosa. Hoy, el gran Tony Cruz, uno de los grandes de la historia de la música de este país, se ha marchado, a partir de ahora empieza para él la inmortalidad que se ha ganado nota a nota.
Esta noche levanto mi sombrero por él, emocionado por haber tenido el inmenso privilegio de estrecharle la mano.
Descanse en paz, MAESTRO.
Mi corazón está con su familia, amigos y compañeros. Especialmente con mi hermano Erik Cruz, que sigue la senda de su padre con paso firme y ya traza la suya propia a fuerza de talento.

Á.

jueves, 6 de octubre de 2011

Tomas Tranströmer

El poeta sueco Tomas Traströmer es el nuevo, flamante y merecido Premio Nobel de Literatura 2011.
Hoy, fiesta en el Parnaso, al fin un poeta...

Enhorabuena maestro.


"Un poema 
no es otra cosa 
más que un sueño en la vigilia"

T.T.

martes, 4 de octubre de 2011

La sabiduría de los brujos III




ANDADURA

Yendo siempre adelante las sombras de mis pasos mueren 
como la trayectoria de un cometa de oscuridad,
Y el asfalto a mis espaldas me suprime, 
con todo lo que he sido y todo lo que he pensado. 
Como un prestidigitador,
destinado a escamotearme la vida. 
Hay una sucesión correcta de casas 
en este camino, que no obstante, 
ha de significar algo.
Hay un cielo sin color, sin olor, sin carne,
sobre mis pasos sin importancia.
Con los ojos cerrados ando en una caja negra.
Con los ojos abiertos ando en una caja blanca.
Y por más que me esfuerzo por entender algo,
pesados martillos me parten en la cabeza todos los pensamientos.


Max Blecher (1909 - 1938).