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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Teselas XI



" [...] Aceptad que un día moriréis, y vuestros hijos, y los hijos de vuestros hijos... Entonces vivid con perspectiva, con ilusión, devorando glotonamente cada día que pasa, disfrutando del hecho de la temporalidad, eso que hace de la existencia algo único y maravilloso...
Que no regresará y que no hay ensayos.
Hacedlo y el mundo estallará en canciones fabulosas...
Canciones de alegría y color,
De sufrimiento y tinieblas,
De lágrimas y carcajadas...

Música al fin y al cabo...

Dadme la oportunidad de hacerme corpóreo cuando queráis escuchar vuestros propios logros, ese es mi regalo, mi función, mi encomienda...
Mi única oportunidad de ser, de respirar, de experimentar la vida que en ocasiones malgastáis porque no sois conscientes de que la perderéis.
[...]
Esto también es parte de la canción, cuanto más se acerca el final más inconsistente y simple se hace la melodía...

Todo es música y cuentos...

No hay que tomárselo demasiado en serio.

Esta noche regresaréis a vuestros hogares, en silencio quizás (odio el silencio), con las estrofas que habéis oído dando vueltas en vuestras cabezas... Esa ausencia de palabras se prolongará hasta que alguien toque a otro alguien...
Puede que hagáis el amor si tenéis suerte, o puede que soñéis que hacéis el amor...

En cuanto miréis a los ojos de vuestros amantes, reales o ensoñaciones, empezaréis a olvidar lo que ahora posee vuestros corazones, la tristeza que ha marcado el ritmo de esto que os canto...
Con cada caricia que deis o recibáis yo moriré un poco... Y cuando lleguéis al clímax de vuestro amor ya me habré convertido en parte del horizonte.
[...]

¿Entendéis lo que os dicta la música?

Vivid, maldita sea, vivid... Dad motivos al universo para que os odie o para que os ame, no desperdiciéis ni uno solo de los latidos del corazón en asuntos que estaban aquí antes de que llegarais y que seguirán aquí cuando os hayáis ido.

Vosotros.
Nada más.

Apenas quedan un par de notas por salir de mi... Es hora de volver a casa, la música se apaga lentamente como una lámpara de gas en la noche... Ya no puedo mantenerme en pié... Nada hay que deba ser escuchado a estas alturas...

Siento mis manos y mis pies deshacerse como los de una escultura de arena, cada golpe de viento nocturno se lleva una parte de mí... Vuelvo al aire invisible, a la cara oculta de la luna, al hogar sin paredes ni ventanas, al rumor del mar, al cielo eterno."

Á.

EL Bardo II
Música Silenciosa
Ed Endymion
Colección narratina, nº 69
9788477314684





            

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