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martes, 15 de noviembre de 2011

Teselas VIII




HIPOTERMIA A LÁPIZ.
         
Escucho girar la enorme rueda del destino
          -siempre que me siento en éste banco junto a la tapia del cementerio-
Y dejo salir mis propias voces, que zumban furiosas al aire libre.
La locura no es pasajera en este plano
                    La violencia es un acto de amor, un onanismo,
                              Descansa en una cesta de mimbre en mi regazo
Que    también     va     llena       de       tombeaus      valses      y       pavanas.
          
          Mi infancia ha perdido su sentido
                                                mientras esperaba el crepúsculo
Anochezco yo mismo con el día
                              sin posibilidad de amanecer  y conservar el mismo nombre.

A fuerza de cambiármelo, lo he perdido.
                    Soy un Fantoche sin apellidos que ensuciar.

                                        Queda la literatura como único jardín inocente
Y preveo que pronto será decapitado por los mismos que dicen defenderlo.

          ¿Sabré reconocer a la muerte cuando llegue?
No me quiero volver a perder por el camino,
la vida adopta formas muy extrañas y me quedo embobado mirándolas, cuando me doy cuenta, siempre, ha pasado una estación entera.
                              ¡Estoy cansado de perderme el invierno!
Al otro lado del muro, un ángel de tungsteno me devuelve la mirada,
leo insinuaciones sexuales en sus gestos,
caminos de perdición,
nada hay más satisfactorio que abrazar un objeto inanimado.
 No puede hacerte daño.
                                                                               No quiere hacerte daño.

Coléricos de envidia,
los demonios tallados en las tumbas vomitan agua y claman viento.
Desde el banco, junto a la tapia del cementerio,
la curvatura del planeta parece una sonrisa invertida,
solamente he de darme la vuelta y nos reiremos juntos,
Si no entiendo el motivo, será como siempre, reiré hueco.
                   
La química y el frío
saben escribir poesía mejor de lo que yo sabré hacerlo nunca.

Así que dejaré que la corriente siga su curso y no me interpondré.
Preveo que El PERRO escupirá su desgracia esta noche,
Cuando llegue el silencio,
Cuando cese el viento,

Cuando la lluvia se esconda entre los muertos.

Á.

Irredento
Álex POrtero Ortigosa
Editorial Endymion, 
2011 Madrid.
9788477315186


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