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martes, 25 de octubre de 2011

Radiactividad



Pasos como gotas mojan la ciudad,
el camino a casa,
salpican de lluvia ácida
el silencio de mármol en el que se han convertido los sueños.

Fuera:
la calle sucia,
el aire libre para las mentes presas,
una mascarada de espacios abiertos y puertas cerradas,
sin mística ni aleteos;
un teatro abandonado,
las esperanzas del mundo encerradas en tubos de neón azul,
corifeos de ángeles prostituídos y damas blancas
entonando salmodias antiguas por las calles.
Naturalezas muertas,
brillantes estantiguas de cabaret tras los cristales,
hermosos sacrilegios en cada esquina,
carmín y escarcha,
nada.

Playas de granito atestadas de demonios
en medio del salvaje asfalto
figuras cornudas, retorcidas y rojas
que gritan,
emiten luminarias mortuorias,
fuegos fatuos,
santas llamas,
que se aparean bajo tilos multicolores
que hacen desfilar a los vencidos.

Todos somos sombras, después de todo,
líquidas formas fosforescentes
que dejan un rastro tras de sí,
y esperan
que algo vivo lo encuentre y lo siga.
para ser devoradas,
y al menos,
experimentar la solidez por un momento,
mientras reciben la dolorosa caricia de los dientes.

Á.

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