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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Teselas II

Cantar de gesta


De mi cuero cabelludo brotan amapolas rojas cada noche
en cuyos pétalos están escritos los poemas que cuentan mi vida.
Son difíciles de leer porque están descolocados,
y porque los cantares de gesta que acaban mal
no interesan a los lectores.

Las hazañas que he protagonizado
siempre tuvieron lugar mientras todos dormían,
y mis triunfos llegaron gracias a la ausencia de rivales dignos.

A veces,
sólo a veces y siempre de noche,
encuentro el valor para arrancarme la coraza de piel falsa,
y me enfrento a mil pruebas heroicas,
una por cada estrella,
dos por cada neón que parpadea.

Nadie me reconoce sin piel
por eso no hay bardos que canten mi historia,
la escribo yo mismo antes de que claree,
en papel quemado,
con tinta de morfina transparente,
y cuando tengo la canción compuesta
me la trago entera sin masticar.

Debéis saber que una vez
doblegué a un titán de cuero con mis propios brazos
y le hice pedir clemencia a golpe de látigo,
no se la concedí.

También, hace tiempo, seduje a una corte de serafines,
les emborraché de sudor,
les obligué a cantar canciones procaces
y a quemar sus liras,
Le arranqué las alas a uno de ellos y me las quedé de recuerdo,
rellené mi almohada con sus plumas
para asegurarme sueños en los que vuelo.

Hace tiempo...

Cada mañana contemplo las heridas
que me dejan las flores que mueren sobre mi frente cada noche,
contemplo como mi rostro se vuelve grotesco y macilento.

Nunca pensé que las amapolas fuesen unos seres tan vengativos,
ni que los ángeles echaran mal de ojo a sus amantes.

Á.



Fantasmas
Editorial Endymion
Colección: Poesía, nº 307
Madrid 2010
9788477314967

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