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martes, 30 de agosto de 2011

Levantando el sombrero VII


Nadie supo hacer brotar flores más bellas y seductoras que Charles Baudelaire, un pie en el averno, otro camino de las estrellas.
Atisbamos entre nubes de opio su impecable figura, vestido de negro, cabello largo, olor a absentha. Nos mira ardiente desde un pasado dulce y remoto, en el que las calles de París competían contra el jardín de las delicias ofreciendo jóvenes pecados, sonrisas ensoñadas, tactos cálidos, sabiduría de brujas bajo farolas románticas que iluminaban una vida mejor...
Tejió un lenguaje nuevo y antiguo con el que cambiaría para siempre el matrimonio entre el delirio y la razón, nos devolvió el Mithos -que nunca debimos perder-, tendiendo al Logos en un diván, vistiéndole de concubina, regalándole joyas y haciéndole el amor.

Apolo con cornamenta de Dionisos.

Dejó una estrella polar en cada verso, que depende como uno la interprete, conduce al abismo o al corazón.
Esta noche hace 144 años que se sumió en el silencio más elocuente de toda la historia.

Y yo, levanto mi sombrero agradecido por su legado.

Á.

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