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domingo, 3 de julio de 2011

El argumento de la obra.



El argumento de la obra
Correspondencia de Jaime Gil de Biedma.
Ed. Lumen. (2010)
9788426418661

Pequeño y sin recursos en lo literario, firme y convencido en lo vital, inmediatamente cierro este libro me paralizo en medio de esta dualidad.
El mundo es considerablemente peor según pasa el tiempo, o los hombres somos peores, quién sabe.
Esta es la segunda reflexión.

No importa si Jaime Gil de Biedma escribe a sus íntimos, si se dirige a simples conocidos, a estudiosos de su obra, a maestros o a fríos familiares; nadie encontrará en estas cartas la más mínima concesión a la vulgaridad, a la frivolidad, al descuido. Todo parece responder a un plan perfecto en el que el poeta crece continuamente, se forja y vive al son de su pluma y adapta la vida al poema, ahora sé que significa en toda su plenitud eso de la poesía de la experiencia.
El poeta, renglón tras renglón, persigue, primero con inocencia, después con trabajo, dedicación y amor sin límities, y quizás al final, con cierta decepción, la elaboración del poema perfecto. Desde el exceso, desde la ambigüedad, desde el virtuosismo, desde la contención, desde el humor, desde todos los puntos de vista Gil de Biedma compromete su todo a la lírica, escribe cartas con un invencible sentido estético en las que, milagrosamente, siempre se muestra desnudo, real, auténtico, jamás sacrifica la verdad, el pudor revolotea por cada renglón sin llegar a tomar las riendas, cada gesto, confesión, comentario mordaz, crítica, o alabanza se reviste de sutilidad y elegancia, de curiosidad en los inicios y sabiduría al final. Hasta para mostrarse cansado, e insisto, decepcionado, cuida de no desarbolarse, no cabe la crispación en ninguna de sus epístolas, se limita a descender pausadamente hasta la oscuridad. Regala siempre una pequeña o gran joya literaria (depende del grado de cercanía con el receptor de la carta) a cada individuo al que escribe, ofrece su respeto incondicional a todos y cada uno de ellos con lo mejor que tiene, las palabras, con la suavidad del dandi que fue y la calidez que emanan las buenas personas, no deja a nadie por atender, por colmar, por agradecer hasta el mínimo gesto.
Especialmente conmovedoras las primeras cartas a su gran amigo Carlos Barral, en las que observamos a un joven idealista empeñado en alcanzar la belleza a través del exceso, de la sublimación lírica, también se expone impresionado por gigantes a los que admira hasta la idolatría como Vicente Aleixandre o Jorge Guillén, a los que trata siempre con la alegre sumisión del discípulo enamorado. O las maravillosas cartas de madurez dirigidas a jóvenes poetas, en las que, con una suerte de complicadad socrática, abre su corazón a quienes necesitan tocarlo para perfeccionar su poesía, Luis Gracía Montero, Luis Antonio de Villena...



Recorrer la vida de Jaime Gil de Biedma de su mano firme y cálida, aquellos años en los que todo permanecía inmóvil en españa mientras que el mundo galopaba desbocado quedan retratados maravillosamente por el poeta y suponen, carta a carta, una lección vital inigualable para los que nos adentramos titubeantes en el mundo de la literatura.

Pequeño y sin recursos en lo literario (con un camino interminale por delante), firme y convencido en lo vital me ha dejado esta conversación con él. Después de beber directamente del alma de Jaime Gil de Biedma le escucho susurrar: "no te doblegues, no dejes que el asfalto te engulla y con él la vulgaridad, la fealdad, lo vacuo. Mira atrás, mantente firme, no pierdas la gracilidad, la actitud, cuida cada palabra que digas o escribas, cada gesto que hagas, y por favor, querido mío, no te mientas jamás".

Así será maestro.

1 comentario:

  1. Maravilloso tu estilo escribienod la reseña, que es fantástica, y terriblemente inspiradoras las palabras finales de Gil de Biedma.

    Tu humildad y tu vocación por las letras se perciben sinceras y reales; son como el aire fresco y se agradecen mucho entre tanto ego.

    Gracias por la recomendación y por la pasión literaria.

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