miércoles, 24 de septiembre de 2014

Hoy, en Madrid.



Esta tarde, a las 18:30 en la Biblioteca Nacional,
la artista Mar del Valle  charla sobre la "Delicadeza de la Imagen"
una aproximación a sus influencias, sus técnicas y sus objetivos expresivos.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El lenguaje de los puños.



Ya disponible en la web de Origami la edición numerada de 78 ejemplares (firmados)
de los volúmenes II,III y IV (en uno solo)
de la antología crítica de la obra del maestro David González.

Más de 100 textos críticos (2001-2012) y 129 poemas.
552 páginas de culto editadas por José Ángel Barrueco.

Me inventaría una identidad falsa para hacerme con dos ejemplares.
         

        BETÚN

         ven, acércate,
         no tengas miedo:

         solo quiero presentarte
         el betún
         en las manos
         del muchacho
         que limpia
         que lustra
         tus zapatos
         tus botines
o       tus botas:

         el muchacho:

         el betún negro:

         sus manos:

         ¿se las vas a estrechar
o       no?

domingo, 24 de agosto de 2014

Neuromaquia.



"Rehacerse, recomponerse, unir los fragmentos desiguales de una mente abismada, errática y deforme, con una única certeza recurrente: su propia muerte. Reconstruir una estructura cuya identidad absoluta es un polígono de triple rostro: desmoronamiento, fragilidad y ruina. Administrarse neurotoxinas contra la fantasmagoría del miedo-tinta. Serotonina, noradrenalina y dopamina adoptando órdenes celestiales bajo la bóveda craneal con el propósito de construir atrapasueños neuroquímicos, Bakus infinitesimales cabalgando impulsos eléctricos desbocados. 
Prevalecer e intentar seguir escribiendo después de hacerlo. 
Morir, en realidad, de todos modos. 
E intentar seguir escribiendo."



miércoles, 13 de agosto de 2014

Las encías sangrantes de Artaud.


Aspirar a las encías sangrantes de Antonin Artaud, a esa sonrisa hueca que nos enfrenta la calavera que espera su turno, al desahucio moral, al verso libre, a la deformidad escogida.
San Francisco se masturba bajo la túnica mientras te bendice y llora después de correrse sin apartar su piadosa mirada de tus ojos -nido de gusanos-. Brindemos con cal viva, brindemos con puta cal viva y torturemos nuestras gargantas, lo dice el peyote, lo dicen los gusanos que arropan al tarot, lo grita Juana de Arco ante una cruz de madera y carcoma mientras la lengua roja del Señor hace su metódico trabajo a ritmo de Dreyer.

Querrás apartar la vista del escenario y no podrás.

                                                                                                        Vamos a obligarte
Tienes que mirar, tienes que mirar, porque eres podredumbre.
La revelación llegará en un susurro y un golpe de metrónomo.
No has de tener miedo, conviértete en ese hechizado eterno.


¿De qué te ríes imbécil?

domingo, 27 de julio de 2014

Casi una biografía (I)


Me crié leyendo cómics, muchos. 
Mi tartamudez infantil y un parche en el ojo derecho -sumados a una torpeza escandalosa- me convertían en una suerte de criatura pasiva y reflexiva de un metro de altura. Tenía mi gracia no creáis, reservaba mis mejores actuaciones (playbacks de Rafaella Carrá, Juan Pardo o Pegamoides) para la intimidad familiar, pronto descubrí que mi sentido del espectáculo, mi "all that jazz" intrínseco tenía -digamos- una discreta aceptación entre los convecinos de mi edad. Siempre pensé que mis limitaciones físicas de entonces me aportaban un rasgo expresionista alemán muy especial, pero la propuesta, insisto, no encontró suelo fértil en aquella atmósfera hiperrealista.
Por tanto, combinaba mi innegable y patoso exhibicionismo cabaretero, con ingentes horas de lectura monacal de las cuales los cómics ocupaban la mayoría. Me gustaba el silencio, siempre tuve una asombrosa capacidad de concentración -que aún conservo-, mi mente viajaba con facilidad, aceptaba las propuestas literarias y me embarcaba enseguida en cuantas historias -por rocambolescas que fueran- me proponían escritores e ilustradores. Mi vida era más vida cuando leía.
En San Blas la oferta no era precisamente variada, una pequeña y polvorienta tienda de tebeos escondida -en mis recuerdos con cierto aire a la librería de Karl Konrad Koreander- era todo. Creo que yo era el único cliente, tres décadas después he llegado a la conclusión de que, o el amable dueño era camello, o traficaba con armas, o escondía una escandalosa suma de dinero negro bajo el colchón, de lo contrario no me explico su supervivencia. Nunca vi a nadie allí dentro que no fuese de mi familia.
Para colmo regalaba mucho material. Yo compraba un tebeo de Spiderman y otro de Red Sonja (personaje por el que todavía siento lo más parecido que experimentaré en mi vida a la devoción mariana) por quince pesetas, y me llevaba, mi cara preciosa mediante: dos de los cuatro fantásticos, tres de Conan, uno de Hulk, dos de la patrulla X y el inevitable Aquaman (el bochornoso superhéroe acuático jamás llegaba a casa, enseguida era condenado al sueño de la papelera). 
Conforme crecíamos -colección y yo- desarrollé cierta sabiduría sobre el tema, apreciaba los detalles, cuidaba con esmero los ejemplares, los ordenaba con diligencia, apuntaba los que faltaban, vaya, empezaba a convertirme en un coleccionista serio. Observando mi entorno, pronto entendí que atesorar bronces micénicos escapaba a mis posibilidades, así que los tebeos eran una buena solución para un pequeño y esforzado Dandi de barrio... [...]

Continuará.

martes, 22 de julio de 2014

La Ilíada. Stathis Livathinos. Festival de Mérida.


Para quienes percibimos y entendemos el arte como una suma de liturgias, acudir al Festival de Teatro de Mérida es un ítem por el que hay que pasar obligatoriamente tantas veces en la vida como nos lo podamos permitir -hasta que el Ministerio decida que es suficiente y apuñale al teatro con más IVA bien afilado-. Diré que no siempre el cartel me parece atractivo, diré que echo en falta una perspectiva más "teatral" y menos televisiva del festival, pero esto no deja de ser un juicio algo apresurado y -si quieren- esnob. Lo asumo.

Internarse en el teatro romano por esos corredores abovedados, al anochecer, convierte el hecho teatral en una vivencia performativa en la que el espectador participa desde que llega al recinto -se viaja en el tiempo-, las piedras obligan -de algún modo- a adoptar el lenguaje corporal preciso y colocan la mente en el estado perfecto para absorber todo lo que suceda en las horas que quedan por delante.

El sábado 19 asistimos a la representación de La Ilíada, adaptación del poema homérico realizada por el director heleno Stathis Livathinos y la dramaturga Elsa Adrianou para la compañía Polyplanity. Cuatro horas de verdadero fuego griego.

Impresiona la fidelidad de la obra teatral respecto al original, una dramaturgia compleja dirigida por el profesor Maronitis, un esfuerzo literario notable, respeta la sucesión de acontecimientos -sin adelantar, retrasar, o cortar trama para mejorar la fluidez-, los veinticuatro cantos están presentes sin perder un ápice de monumentalidad, manteniendo la épica intacta, no hay mutilaciones, sobre todo, mantiene -acaso destaca- la cadencia tradicional del verso clásico de un modo portentoso. Esto último cuenta con el efecto autentificador de la lengua, la representación tiene lugar en griego -con subtítulos en castellano-, es vibrante, grande, poderosa.

La extensión de la obra, los larguísimos parlamentos -especialmente los que describen minuciosamente las batallas, los heridos, los nombres de los heridos, las heridas provocadas y el linaje de los mismos- podrían sumir al público en un estado de pegajoso aburrimiento -sensación de la butaca que arde de la que el director era plenamente consciente. Parece que finalizando los ensayos llegó a decirles a sus actores: "no se asusten si al terminar la función no queda nadie en el patio de butacas, han hecho ustedes un gran trabajo"-. Continuamente se acerca la propuesta de Livathinos a territorios escénicos que pueden llevar al desastre,  pero los esquiva con seguridad -el montaje original duraba cinco horas, sobre un libreto de 6.000 versos-, lo plúmbeo se transforma en litúrgico y acrecienta la sensación de gran teatro. La coreografía es impecable y constituye el punto de ruptura con la densidad del texto, mucho movimiento, muy preciso, muy imaginativo, coordinado de un modo impecable, en algunos casos arriesgado -por momentos roza la acrobacia-, el verso cae como piedra, el escenario se mueve como agua.

Actores y actrices hacen un trabajo complicadísimo, muy físico, un prodigio de concentración. Quince intérpretes que doblan personajes con precisión, que saben lo que están haciendo y no pierden jamás de vista el lugar al que quieren llegar con sus interpretaciones. Aunque el elenco está muy equilibrado, es justo destacar la labor de Maria Savvidou la imponente actriz que interpreta a Tethis, que también hace las veces de narradora -un guiño al coro griego-, voz perfecta, presencia insuperable, control de la acción, magnetismo, seducción y grandeza, una auténtica exhibición.

La escenografía y el vestuario: contemporáneos, fuertes y evocadores, estética postapocalíptica, casi steampunk, orgánica, decadente, marcial y ambigua. En esencia la Ilíada cuenta el asedio de la ciudad de Troya y cómo una década de guerra actúa sobre el alma de los que en ella participan. Los enfrentamientos son más danza que combate, hay cierto componente satírico en ellos. Homero nos habló del sinsentido de la guerra, de la ausencia de vencedores, de la pérdida, Livathinos se ayuda de un planteamiento árido e industrial para subrayar la sensación de ruina, de tragedia y de decadencia, en este punto es inevitable la analogía con la destrozada Grecia actual, la función de los dioses como poderes no elegidos que usan a modo de títeres -o de víctimas sacrificiales- a la humanidad para satisfacer sus intereses y solucionar sus luchas intestinas sin exponerse. Los muros son sustituidos por barricadas de neumáticos -hábil solución escénica que conecta con nuestro inconsciente colectivo y nos lleva a cualquier escenario violento de la actualidad, unidad y fragmentación, las ruedas no son un elemento pasivo en escena, divinidades, mujeres, y hombres interactúan con ellas continuamente, todo en escena tiene un papel, está vivo, se mueve.
La iluminación sencilla y efectiva, impecable y muy inteligente, matiza y agranda los ambientes con lo mínimo. La música -compuesta e interpretada en directo por Lambros Pigounis- sensacional, los más emocionantes momentos de la obra están acompañados de percusión, teclados, y voces femeninas que vibran con ese rasgo expresivo helénico oriental tan emocionante, tan lastimero.

Los elementos estaban ahí y por la magnitud de los mismos la empresa era complicada. Livathinos asume un riesgo enorme en esta producción y sale victorioso. Ruinas, belleza, imaginación, dinamismo, desolación y erudición. La épica y la tragedia de La Ilíada viven más de veinticinco siglos después. Todo en el montaje está pensado para mayor gloria del texto, todo ensalza la epopeya de Aqueos y Troyanos, destila trascendencia y eternidad por los cuatro costados. En momentos difíciles como los que vivimos necesitamos las grandes historias, Homero es inmortal porque hace dos mil quinientos años que habla de nosotros y tiene en Stathis Livathinos y la compañía Polyplanity una caja de resonancia descomunal.

Bravo por ellos y por el Festival de Mérida.


Un momento: el monólogo de Andrómaca tras conocer la muerte de Héctor.


Pronto, la obra estará en Madrid, en el Valle Inclán, vayan a verla.

domingo, 13 de julio de 2014

Levantando el sombrero XLVI



Monique Wittig.
Haut-Rhin 13 de Julio de 1935 - Tucson, Arizona 3 de Enero de 2003.


"Toda obra literaria importante es, en el momento de su producción, como el caballo de Troya.
Toda obra con una nueva forma funciona como una máquina de guerra,
pues su intención y su objetivo son destruir las viejas formas y las reglas convencionales.
Una obra así se produce siempre en territorio hostil.
Y cuanto más aparece este caballo como inconformista, inasimilable,
más tiempo necesita para llegar a ser aceptado"