jueves, 26 de febrero de 2015

Hoy, en Madrid.



"Te encontraré, Bernhard, te encontraré.
Eso pensaba yo, eso me decía.
Necesito hacerlo. Necesito recordar de esa manera a un muerto, a alguien al que no conocí en vida pero de cuya obra y pensamiento me empapaba. Es necesario honrar a quienes admiramos y no olvidar a quienes quisimos. Y yo, a Thomas Bernhard, en cierta medida lo quería porque lo necesitaba, porque sus obras me guiaban en la espesura pesimista de esos meses agrios y pedregosos, meses de dolor y de martirio"


martes, 24 de febrero de 2015

Ratas



La niebla herziana que se traga vuestra realidad, la radiofrecuencia distorsionada, el vertedero holográfico que viene, la lengua alquitranada que asola los campos afirma mis decepciones.
Mi posición política evoluciona en la de la rata, márgenes, submundo, oscuridad, acción silenciosa y hostilidad. Sólo confío en otras ratas, en mis hermanas, en los elementos considerados nocivos o peligrosos para el sistema. Me alejo de todo lo que os importa, de vuestras siglas, de vuestras instituciones, de vuestros calendarios, de vuestros estándares, vomito sobre la calidad de vida y le grito con garganta negra a vuestra compasión enfermiza.
Nos hemos tocado con coronas de hueso, esperamos al gran desplome concentradas en no volver a cambiar una triste mirada con vosotros.
Rezamos al dios de la carroña y a la diosa de la vesania.
Aguantamos la respiración.
Aguardamos.

viernes, 6 de febrero de 2015

Margaret y yo.



En 1999  compré una magnífica botella de champange en El Corte Inglés de Goya, el destino que pensaba darle merecía semejante felonía pequeñoburguesa, allí me planté una tarde de noviembre, levita, chaleco, reloj de bolsillo, melena al viento, eyeliner, anillo con pedrusco de labradorita, zapatos rojos y sonrisa de marqués de Carabás pasado de absenta. Recuerdo moverme por los estantes con desparpajo, con ese gesto característico que simula el caminar levantando un bastón por medio del fuste, como eligiendo mancebo o meretriz en casa de confianza. Era todo afectación y exceso, tenía 21 años.

La muerte de Margaret Thatcher. Quería esa carísima botella para festejar el fin de la dama de hierro, cuando quiera que aconteciese, me encontraría con el templo listo para la liturgia.

Comencé a odiarla en la infancia por motivos estéticos –exclusivamente-, me enfermaba su aspecto de vecina clasista y picajosa, de profesora virgen aficionada al brandy y al cilicio. Durante la adolescencia, Alan Moore alimentó con razones mi desprecio por aquella momia repugnante, una vez aprendí los rudimentos del inglés y pude leer sobre ella desde cerca, la transformé en un arquetipo del mal, representaba todo lo que merece ser llamado despreciable. 

Pero esto no va sobre ella, va sobre mí. Aquella botella veía pasar los años paciente, de vez en cuando nos mirábamos y asentíamos, como diciendo “sigo aquí, todo controlado”.
Un par de mudanzas, muchas noches de descontrol –en las que superar la tentación de abrirla fue más difícil que negarse a morder la manzana de las escrituras– , viajes, enfermedades, algunas victorias, muchas derrotas, los astros giraban y ahí permanecía en silencio, esperando.
Margaret no se moría, jamás, bordeaba el abismo, pedía pista, casi podía escucharla crujir desde Madrid, pero no moría, su destino parecía ligado al de aquella botella cerrada, llegué a plantearme la posibilidad de que una parte de su ponzoñosa alma hubiera sido transferida al interior de mi botella de champange a modo de Horrocrux. Mi odio había obrado el milagro, esa maldita reina de picas caminaba hacia la inmortalidad a mi costa, la cabrona se reía de mí desde su cámara inexpugnable. Romper la botella o no romperla. Estaba acabando con mis nervios.

Mi vals con Margaret se alimentaba de altibajos, aprendí a esperar, no fue fácil, cuando Christopher Hitchens –que la odiaba con generosidad– murió, devorado por el cáncer a la edad de 62 años, temí lo peor, la posibilidad de adelantarme en el abismo a mi mortal enemiga se hizo plausible. Había que controlar esfínteres y temblores, seguir adelante con dignidad.

Llegó la primavera de 2013, y con ella uno de los periodos más turbulentos y desagradables de mi vida, -no enredaré esta confesión con detalles absurdos- digamos que la  posibilidad de una pérdida insoportable danzaba a mi alrededor como un niño cornudo, digamos que mi mundo se desmoronaba, el dolor era la dinámica rectora aquellos días.
8 de Abril, mi teléfono zumbaba descontrolado cada diez o quince minutos, no quería mirarlo, no quería saber nada de nadie, lo guardé en la mochila y no le hice caso. Lo mismo con las redes sociales, mi correo presentaba una actividad frenética, decenas de notificaciones a las que no presté atención, quería que me dejasen en paz, ya se sabe que en tiempos de angustia emocional, el mal acecha en las telecomunicaciones, tenía más miedo al teléfono que a la Inquisición, además era lunes, todo inmundicia.
Crucé el día como pude, arrastrando los pies por el barro, llegué a casa, me di una ducha y cené como lo haría una hiena suelta en el banquete de Trimalción, con voluntad marrana. Dos vasos de Cardhu sin hielo y con gimoteos, dos gramos de lormetacepam y a la cama, me sentía como una boa estúpida. Conforme la fiesta de los receptores de la serotonina daba comienzo y me hundía sin remedio en la negrura del sueño químico y alcohólico, decidí que era momento de realizar un último esfuerzo y mirar el teléfono, la afasia avanzaba y apenas era capaz de teclear mi propio nombre, cualquier cosa que leyese quedaría sin reacción por mi parte, me dormiría igualmente, nada podía hacerme daño en el bendito lugar en el que me encontraba.
Desbloquear, llamadas perdidas, mensajes, de todo. Abro un sms, Dani Bernabé, texto: “nen, ve abriendo esa botella, acaba de morir la Thatcher”
Mensaje tras mensaje, todas las personas a las que les importo, me anunciaban la buenanueva y me emplazaban a todo tipo de celebraciones, hablaban de mi botella, de la botella de Margaret, y yo sólo podía observar la pantalla con gesto memo y congestionado, a medio camino entre el estertor y la arcada.
Década y media de mi vida se iba por el sumidero agitando la manita, yo me perdía en la noche y me parecía oír los gritos de aquella botella de Möet Chandon llamándome rata fracasada desde la tristeza de la despensa. 
No hubo “The witch is dead”, no hubo un descorchar rampante, no hubo actualizaciones ocurrentes por mi parte, no hubo más que una maldición gruesa y mostrenca antes de sucumbir al vacío y la figura de Margaret Thatcher, primera ministra y Baronesa de Kesteven, llevándose el pulgar a la punta de la nariz y sacando la lengua, haciéndome una última burla antes de subirse a la barca y ocupar su lugar en el infierno para siempre.



martes, 27 de enero de 2015

La lira de Brecht.


Adaptar a Brecht siempre supone un pequeño o gran acto sacrílego,
regresemos, volvamos la vista atrás y operemos sobre el sacrilegio como dinámica rectora,
hagámoslo fetiche, exvoto y misterio de nuestra celebración,

Una dramaturgia que recupere su origen órfico,
un ritual -resultante de la misma- que trate de llevar el misterio al salón de estar.
Intérpretes con máscaras de Deimos y Fobos 
con rasgos venenosos, algo de carmín, y mucho cuero.

Venid,
venid,
soy vosotros,
soy vosotras.

viernes, 23 de enero de 2015

IIª Maratón de Prólogos de libros inexistentes.



Sábado 24 de Enero, a las 19:00, 
en Enclave de Libros
(C/ Relatores 16 <> Tirso de Molina, Madrid)

Participamos en el IIº maratón de Prólogos de libros inexistentes,
cónclave orquestado por La Felguera Editores.

Layla Martínez, David BizarroSofia Rhei, Javier Lucini, Salva Rubio y yo
derrocharemos pedantería mostrenca y eruditismo inútil.
La excusa es transitar territorios ignotos de la mano de maestros del vacío como Borges o Lem,
las consecuencias son impredecibles, no somos buena gente.

Calzones bien almidonados, bigotes engomados, y a correr.

viernes, 16 de enero de 2015

La próxima tormenta. Escritores sucios. 2014.

Hay detalles que llegan en el momento perfecto, quienes funcionamos a trancas y barrancas -entes defectuosos con batería limitada y un teatral fatalismo eslavo- buscamos continuamente el agarradero, el clavo ardiendo que nos permita seguir adelante con la pose jorobada intacta, el andar cojitranco y el dramatismo alto.

En el blog "Escritores sucios", el compañero José Cordonié (que acaba de publicar libro con Lupercalia Ediciones ) tiene a bien incluir mi poemario "La próxima tormenta" Editorial Origami, como una de sus 7 mejores lecturas de 2014.
Como no tengo costumbre, ante tal situación sólo acierto a decir: gracias, me hace mucha ilusión.

Cito las palabras de José Cordonié sobre la tormenta:

"Me ha sorprendido muy gratamente esta valiente apuesta poética, que entremezcla la poesía Romántica más pura (remarcada aún más en las deliciosas citas de los Grandes poetas Románticos con los que encabeza alguno de sus poemas) con las imágenes y metáforas más actuales, dejando entrever la universalidad del pensamiento y del sentimiento en el impacto emocional resultante de cada uno de sus versos. Tras leerlo, te quedas con ganas de más."



Enlace a la entrada original, aquí.

martes, 13 de enero de 2015

Teselas XIX. Vinalia Trippers, Deseo de ser Piel Roja.


Lamento blanco

                                             A Javier “Lobo” Lucini

Deseo de ser mujer Chiricaua regresando al oeste
y recoger mezquites bajo el sol-mi-padre
y escuchar al coyote anunciar el fin del mundo
y dormir despacio y libre el sueño del desierto.

No tendré un Wounded Knee 
donde enterrar mi corazón bajo la nieve
ni lloraré lágrimas de obsidiana
cuando todos los bisontes que nunca he visto
hayan desaparecido para siempre

Pertenezco a la raza inmunda
que nombra a los nacidos demasiado pronto
que devora todo lo que ama 
hasta deformarse las costillas
y vierte sangre-negra-viva-hirviente
para lacrar los mapas

A la raza que no sabe acariciar al viento
A la raza ciega que no abarca las praderas
A la raza que jamás ha cabalgado ciervos blancos

Sólo quiero sumergirme en un río de caballos
con una corona de plumas y mi cuerpo roto
cantar en lengua Crow y destrozarme el pecho
llamando al espíritu salvaje que perdí
durante la primera madrugada de mi vida

Transitaré sobre los cuatro puntos cardinales
con turquesas en las sienes
bordeando el abismo de la estrella
con pies convulsos que llaman a la lluvia

Renegaré del fuego encerrado en los cristales
dejaré atrás las estancias desolladas de mi vida
olvidaré mi nombre incendiaré mi tiempo
moriré
y viviré para siempre entre chacales.



*Poema incluido en el especial Poemash "Deseo de ser piel roja"
Vinalia Trippers "Duelo al sol"