miércoles, 8 de octubre de 2014

Pulsiones XXIII


Fotografía de Aljosa Rebolj
Asier Extxeandía interpretando al Centauro en "Medea", de Tomaz Pandur.



"El teatro es siempre un arte autodestructivo y siempre está escrito sobre el agua"

"Ha de aceptarse la tremenda dificultad de hacer teatro, que es, o sería,

si se hiciera auténticamente, el medio de expresión más difícil de todos.
El teatro no admite piedad, no hay en ello lugar para el error o el desperdicio."

                                                                    Peter Brook.

sábado, 4 de octubre de 2014

Hoy, en Valencia


Si andan ustedes por Valencia, tienen una cita:

hoy sábado, a las 19:30 de la tarde, en Librería Bartleby (C/Cádiz 50, Ruzafa, Valencia)
Javier Vayá presenta "El peso de lo invisible" (ed. Alacena Roja)
un artefacto-poliedro literario que combina poesía, relato e ilustración.


Su trabajo respira Bianco, Cortázar, Onetti, Neuman,
se escucha a Bukowski dar voces en la habitación de al lado,
en el piso de arriba alguien está viendo una de Scorsese a todo volumen,
y al final de la noche una pareja baila lentamente sobre las cenizas de una fiesta.





miércoles, 24 de septiembre de 2014

Hoy, en Madrid.



Esta tarde, a las 18:30 en la Biblioteca Nacional,
la artista Mar del Valle  charla sobre la "Delicadeza de la Imagen"
una aproximación a sus influencias, sus técnicas y sus objetivos expresivos.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El lenguaje de los puños.



Ya disponible en la web de Origami la edición numerada de 78 ejemplares (firmados)
de los volúmenes II,III y IV (en uno solo)
de la antología crítica de la obra del maestro David González.

Más de 100 textos críticos (2001-2012) y 129 poemas.
552 páginas de culto editadas por José Ángel Barrueco.

Me inventaría una identidad falsa para hacerme con dos ejemplares.
         

        BETÚN

         ven, acércate,
         no tengas miedo:

         solo quiero presentarte
         el betún
         en las manos
         del muchacho
         que limpia
         que lustra
         tus zapatos
         tus botines
o       tus botas:

         el muchacho:

         el betún negro:

         sus manos:

         ¿se las vas a estrechar
o       no?

domingo, 24 de agosto de 2014

Neuromaquia.



"Rehacerse, recomponerse, unir los fragmentos desiguales de una mente abismada, errática y deforme, con una única certeza recurrente: su propia muerte. Reconstruir una estructura cuya identidad absoluta es un polígono de triple rostro: desmoronamiento, fragilidad y ruina. Administrarse neurotoxinas contra la fantasmagoría del miedo-tinta. Serotonina, noradrenalina y dopamina adoptando órdenes celestiales bajo la bóveda craneal con el propósito de construir atrapasueños neuroquímicos, Bakus infinitesimales cabalgando impulsos eléctricos desbocados. 
Prevalecer e intentar seguir escribiendo después de hacerlo. 
Morir, en realidad, de todos modos. 
E intentar seguir escribiendo."



miércoles, 13 de agosto de 2014

Las encías sangrantes de Artaud.


Aspirar a las encías sangrantes de Antonin Artaud, a esa sonrisa hueca que nos enfrenta la calavera que espera su turno, al desahucio moral, al verso libre, a la deformidad escogida.
San Francisco se masturba bajo la túnica mientras te bendice y llora después de correrse sin apartar su piadosa mirada de tus ojos -nido de gusanos-. Brindemos con cal viva, brindemos con puta cal viva y torturemos nuestras gargantas, lo dice el peyote, lo dicen los gusanos que arropan al tarot, lo grita Juana de Arco ante una cruz de madera y carcoma mientras la lengua roja del Señor hace su metódico trabajo a ritmo de Dreyer.

Querrás apartar la vista del escenario y no podrás.

                                                                                                        Vamos a obligarte
Tienes que mirar, tienes que mirar, porque eres podredumbre.
La revelación llegará en un susurro y un golpe de metrónomo.
No has de tener miedo, conviértete en ese hechizado eterno.


¿De qué te ríes imbécil?

domingo, 27 de julio de 2014

Casi una biografía (I)


Me crié leyendo cómics, muchos. 
Mi tartamudez infantil y un parche en el ojo derecho -sumados a una torpeza escandalosa- me convertían en una suerte de criatura pasiva y reflexiva de un metro de altura. Tenía mi gracia no creáis, reservaba mis mejores actuaciones (playbacks de Rafaella Carrá, Juan Pardo o Pegamoides) para la intimidad familiar, pronto descubrí que mi sentido del espectáculo, mi "all that jazz" intrínseco tenía -digamos- una discreta aceptación entre los convecinos de mi edad. Siempre pensé que mis limitaciones físicas de entonces me aportaban un rasgo expresionista alemán muy especial, pero la propuesta, insisto, no encontró suelo fértil en aquella atmósfera hiperrealista.
Por tanto, combinaba mi innegable y patoso exhibicionismo cabaretero, con ingentes horas de lectura monacal de las cuales los cómics ocupaban la mayoría. Me gustaba el silencio, siempre tuve una asombrosa capacidad de concentración -que aún conservo-, mi mente viajaba con facilidad, aceptaba las propuestas literarias y me embarcaba enseguida en cuantas historias -por rocambolescas que fueran- me proponían escritores e ilustradores. Mi vida era más vida cuando leía.
En San Blas la oferta no era precisamente variada, una pequeña y polvorienta tienda de tebeos escondida -en mis recuerdos con cierto aire a la librería de Karl Konrad Koreander- era todo. Creo que yo era el único cliente, tres décadas después he llegado a la conclusión de que, o el amable dueño era camello, o traficaba con armas, o escondía una escandalosa suma de dinero negro bajo el colchón, de lo contrario no me explico su supervivencia. Nunca vi a nadie allí dentro que no fuese de mi familia.
Para colmo regalaba mucho material. Yo compraba un tebeo de Spiderman y otro de Red Sonja (personaje por el que todavía siento lo más parecido que experimentaré en mi vida a la devoción mariana) por quince pesetas, y me llevaba, mi cara preciosa mediante: dos de los cuatro fantásticos, tres de Conan, uno de Hulk, dos de la patrulla X y el inevitable Aquaman (el bochornoso superhéroe acuático jamás llegaba a casa, enseguida era condenado al sueño de la papelera). 
Conforme crecíamos -colección y yo- desarrollé cierta sabiduría sobre el tema, apreciaba los detalles, cuidaba con esmero los ejemplares, los ordenaba con diligencia, apuntaba los que faltaban, vaya, empezaba a convertirme en un coleccionista serio. Observando mi entorno, pronto entendí que atesorar bronces micénicos escapaba a mis posibilidades, así que los tebeos eran una buena solución para un pequeño y esforzado Dandi de barrio... [...]

Continuará.