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miércoles, 26 de octubre de 2016

Novedades


Decía hace unos días Francisco Jota-Pérez, que el metal extremo era probablemente el estilo musical actual con más posibilidades de parecerse a ese concepto más o menos difuso que llamamos vanguardia artística y/o cultural. Estemos de acuerdo o no, es cierto que en rango de temáticas, exploración de sonidos y porosidades que van más allá de la música, el metal extremo probablemente no tiene comparación posible con cualquier otro tipo de expresión músical.
Para quienes transitan esta senda desde hace tiempo, el nombre de Salva Rubio será más que familiar gracias a su estupendo libro "Metal Extremo", una compilación minuciosa de los orígenes de este movimiento y las bandas que lo practican, editada en 2011 por la editorial Milenio, que ya es un clásico en la materia.
Este otoño estará disponible la segunda parte de esta obra, "Metal Extremo 2", una actualización que abarca lo ocurrido en el siglo XXI en la escena extrema, especialmente en los últimos diez años, ahora que la mayoría de los clásicos ya han dejado paso a los herederos. A cualquier persona aficionada a la música le interesará y le sorprenderá la variedad del estilo (a falta de una palabra mejor), a quienes ya saben de que va la vaina, les espera un festín.
Ahí tenéis la portada.

sábado, 22 de octubre de 2016

Negan


Da lo mismo si os gusta la serie u os parece un bodrio insufrible. En el último capítulo de la sexta temporada de The Walking Dead, aparte de producirse uno de los cliffhangers más bestias de la historia de la televisión, que ha dejado al fandom zombi casi un año con las uñas clavadas en los brazos del sillón, entra en escena un personaje clave en la trama, quienes conozcan el cómic estarán de acuerdo conmigo en que el nombre de Negan es sinónimo de cosas que escuecen.
Este personaje, interpretado por Jeffrey Dean Morgan, tiene una de las presentaciones más apabullantes de la historia de la ficción televisiva, a través de un monólogo de diez minutos que empieza y termina siendo una exhibición actoral de ovación y siete glorias.
Y ahí es donde iba, si un actor o una actriz sabe lo que se hace, no necesita calzarse enaguas isabelinas para hacer un trabajo memorable. Este es el ejemplo perfecto, un producto mainstream más o menos acertado que abre una ventana a la interpretación majestuosa, diez minutos -no necesita ni uno más- en los que Morgan nos presenta a un Negan imponente, violento, grosero, socarrón, amenazante y con mucho encanto. La excusa definitiva para ver la séptima temporada, necesito comprobar hasta dónde lo lleva este actor estratosférico.
Por eso no cierro los ojos jamás, por eso nunca me tapo los oídos, la emoción puede sorprenderte en cualquier parte, y casi nunca donde te la esperas.

miércoles, 12 de octubre de 2016

La habitación de las ahogadas II


Los libros que me han acompañado durante la escritura de La habitación de las ahogadas, faltan algunos títulos aún inéditos (por poco tiempo) de Marco Antonio Raya Ruiz, Francisco Jota-Pérez y María Sotomayor. También algunos poemas sueltos de Hilda Doolitle, Anne Sexton, Emily Dickinson y Patricia Heras.

Como los vapores que aspiraba la Pitia en Delfos.
Ontológicamente, lo mismo.

martes, 4 de octubre de 2016

La habitación de las ahogadas I


Igual en vuestro mundo literario sólo hay navajazos y maledicencias, en el mío, ni siquiera submundo, más bien inframundo, he encontrado a personas determinantes en mi vida, almas que hacen trama y refuerzan el tejido que me mantiene en pie. Una de ellas, Layla Martinez, además de ser, probablemente, la personalidad literaria más apabullante de este país, es mi amiga, y me ha hecho el favor de escribir el prólogo de mi próximo libro: La habitación de las ahogadas.
Pocas veces siento eso que llaman satisfacción, menos aún orgullo, tiendo a ser insoportablemente quejica, a autolesionarme la psique a latigazos y a desmerecer continuamente mi propia labor, no esta vez.
Si ella, que es descomunal, ha escrito algo tan poderoso para acompañar y nutrir el poemario, puede que no esté del todo mal, puede que sea la primera vez que, en medio de las ruinas que suelo contar, haya pelea, esperanza, zarpazo resiliente y restitución.
En cualquier caso, sirva esta cosa un poco intensa para agradecer ese texto suyo, que me ha hecho muy feliz, y que os va llevar de viaje, allá lejos, tiempo atrás, en página y media.

martes, 23 de febrero de 2016

Lengua Madre.


Abandonada la idea de la voz gótica, veo partir mi propia vida a lomos del último bisonte. Crece una polifonía en algún punto de mi cerebro como un tumor de origen angélico que acaricia y mata. Sólo sirvo para devorar juncos y allanar el camino a deidades que nada quieren decirme, soy algo bestial que canta con voz clara, semiótica desechada, semilla suspendida en hielo perpetuo, un hada con la cabeza abierta.
Las niñas ya no pintan runas sobre mi piel con deditos mojados en la sangre de sus padres y lo echo de menos, han abandonado el bosque ante el avance de las telarañas y los desdentados.
Danzar alrededor del fuego sin compañía –y sin fuego- es una celebración de la estupidez propia de mentes atormentadas y cuerpos torpes, aquí me encuentro, soplando un cuerno contra el catabático, tiritando y soñando con la inanición y el sarmiento, rezando al espíritu de la ceniza para que se lleve la peste y las mantecas que me visten, girando alrededor de un agujero húmedo que no guarda memoria de las brasas.
He olvidado las plegarias y las ha cubierto el musgo, puede que me siente a escuchar crecer mis uñas hasta que alcancen largura suficiente para poder rascar la superficie verde de las piedras y buscar relieves que me devuelvan la lengua de mi madre. Para entonces quizás quede algún espacio donde quepa la esperanza, donde pueda guardarse un pétalo fresco que cuente mi vida en sus nervaduras, ojalá no hayan desaparecido los augures si este día llega, ojalá queden vivas brujas de las flores o druidas que no hayan enloquecido. Ojalá exista alguien que pueda recordarme.

viernes, 12 de febrero de 2016

El cuerpo y el asco.


Foto: "Niña entre rejas", Christer Strömholm

Estoy terminando de escribir un libro, justo en ese proceso en el que soy incapaz de discernir lo que falta o sobra, pero cerca de hallarlo. Un poco más y será entregado a quien ya quiere leerlo para que haga con él lo que estime oportuno, publicarlo o desecharlo, decisiones que quedan fuera de mi jurisdicción y que me tranquilizan, ambas.
Hoy he soñado que el libro se llamaba “El cuerpo y el asco”, mi subconsciente choca los cinco con el espejo y se escucha una tos de viejo austriaco con gafitas y libreta al fondo.
El cuerpo y el asco. Los poemas del mismo estaban llenos de referencias a todo tipo de protuberancias, abultamientos y relieves, formaciones que me eran asquerosamente ajenas (y asquerosamente familiares), vello espeso y mal repartido, zonas blandas, mucosidades, fluidos y texturas horrorosas, no faltaba una experiencia visual o táctil que no pudiera ser catalogada de angustiosa. Una balada aberrante de la disforia.
Era como ponerle alma a un teratocarcinoma, como estar dentro de una formación descontrolada e improcedente de tejidos diversos, carente orden pero exageradamente reactiva al dolor. Algo que no debería estar ahí, algo que no tiene lugar en el orden de las cosas. Y me he preguntado quién demonios acuñó una frase tan abominable como “el orden de las cosas”, que supone la expulsión, el señalamiento, la aversión o la condena a muerte, de lo no ordenado. Ontológicamente me parece una mierda, epistemológicamente resuena a griego paseante, melindroso y bocazas.
Algunos sueños son viejos amigos que te visitan a destiempo, entran en el salón de tu casa, ponen los pies sobre tu mesa, se comen tu comida y escupen en tu suelo. Algunos sueños los llevas escondidos en el rostro, en el pecho, en la pelvis, en la espalda y en la frente. El miedo, el cuerpo y el asco, la percepción o percepciones de los mismos, son agentes hábiles en su trabajo de demolición, manejan una infinidad de herramientas con el único propósito de socavar a su huésped hasta la consunción total. Conocen y dominan el arte de la ocultación, son pacientes, retorcidos, multiformes, entes capaces de introducirse por grietas cuánticas, y arrojar piedras que crean ondas de dolor que atraviesan planos, reacciones que pueden originarse en el mar de la tranquilidad de la creación o el sueño y acaban haciendo vibrar fibras de asociación en el hemisferio izquierdo del cerebro, transformando un horror cuyo hábitat natural es la fantasía, en un pensamiento lógico, en putas matemáticas.
Sirva la escritura como exorcismo, sirva exponer el cuerpo, el asco, y el miedo como se mostraría un coro de malformaciones en un circo de principios de siglo XX, ahora quiero que niños desdentados y famélicos les tiren piedras, ahora quiero, defitivamente, que una turba violenta de ojos vidriosos se caliente ante la idea del linchamiento y opere sobre ellos con saña, hasta que disfrutemos de un buen espectáculo de justicia mostrenca y despedazado, hasta que no quede nada.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Hoy. Crews&Blues. Dirty Works.


Esta tarde, a las 20:00, en Librería Nakama (C/ Pelayo 22),
Dirty Works Editorial plantan la carreta y me invitan a vocear la mercancía.
Presentamos "El amante de las cicatrices", libro de nuestro bastardo padre, Harry Crews,
habrá Bourbon, habrá música gracias al gran Iñigo Coppel,
habrá complicados rituales rastafaris, habrá humor mostrenco y,
por supuesto, habrá exhibición de impecables modales sureños.
"Crews y Blues"